A la gente pesarosa, que se suele agobiar por todo, se le suele decir “tranqui, más se perdió en Cuba”, haciéndole ver que sus problemas quizá no sean tan graves como cree. Algunos añaden incluso la coletilla de “y vinieron silbando” para destacar que incluso de los momentos más duros en los que parece que todo está en contra, se puede sacar una sonrisa.
En este caso nada más lejos de la realidad. El origen de esta frase esconde, como no podría ser de otro modo, uno de los episodios más oscuros de la historia de España y, quizá, el más triste de aquellos últimos años del Imperio Español de ultramar que vio extinguir sus últimas cenizas en las costas de Cuba.
---Un poco de historia...
Corría el año 1898, cuando España venía luchando contra los movimientos secesionistas de Cuba desde 30 años atrás y la realidad era que la metrópoli de La Habana estaba cada vez más cerca de ceder ante los intereses locales. Sin embargo, un nuevo enemigo apareció en su nueva expansión colonial, tras declararse independiente de Reino Unido el 3 de septiembre de 1783, nada más y nada menos que Estados Unidos.
Se produjo entonces una situación de choque entre ambas potencias. Con los años los estadounidenses terminaron por apoyar el proceso secesionista de Cuba. La prensa de EEUU comenzó una campaña de desprestigio hacia el Imperio español mediante los medios a través de los líderes de la media entonces, los empresarios William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer.
A pesar de que hoy el segundo da nombre a los premios de fotografía periodística más importantes del mundo, estos son los verdaderos padres de la conocida como ‘prensa amarilla’. Las tensiones comenzaron a escalar hasta que se acusó a los españoles de organizar un atentando contra el acorazado Maine el 18 de febrero de 1898, en el que fallecieron 245 estadounidenses.
Algunas fuentes han sugerido posteriormente que la explosión fue en realidad una maniobra de los americanos para desatar la guerra, que dio comienzo el 25 de abril de ese año que, como resultado de cuatro años de tensiones, dio al traste con el dominio español en el Caribe. En 1902 se firmó un tratado por el que el gobierno estadounidense tenía opción de intervenir en las cuestiones gubernamentales que se mantuvo vigente hasta 1934, la Enmienda Platt.
El resultado para España fue desastroso. Se contabilizaron un total de 6o mil bajas solo en territorio cubano, añadiendo otras tres mil en Filipinas, la destrucción total de la flota de ultramar bajo el mando del almirante Cervera y la pérdida además, de los territorios de Cuba, Filipinas, Guam y la isla de Puerto Rico.
--Según la información del Archivo Histórico Nacional Español, de febrero de 1896 a noviembre de 1898, entre los repatriados se contabilizó a 10.995 soldados inútiles y 33.808 enfermos. Se le llamó «La flota silenciosa», que siguió llegando hasta bien entrado 1899. (ABC)--
-----“Y volvieron silbando”.
Sin embargo, la realidad era que la Guerra de Cuba era profundamente despreciada por gran parte de la población española, especialmente por los más pobres. Si bien es cierto que las élites culturales y la burguesía defendían la lucha por los territorios caribeños, lo cierto es que las familias trabajadoras no podían entender porque tenían que mandar a morir a sus hijos en una guerra en la que solo se defendía el honor de una nación venida a menos.
Los soldados que llegaron sanos y salvos, algunos heridos, de vuelta a su país de origen no vinieron cabizbajos, sino alegres y silbando y cantando himnos. Felices por volver a casa enteros de una guerra que no era la suya y con la posibilidad de comenzar una vida nueva, aunque en un país profundamente deprimido.
Este acontecimiento que se pasó a llamar ‘el desastre del 98’ dio origen a una de las generaciones literarias más brillantes de la literatura española, junto al Siglo de Oro y la Generación del 27. La Generación del 1898 forjó brillantes autores, entre otros Unamuno, Azorín, Maeztu, Baroja, Valle Inclán, los hermanos Machado o Blasco Ibáñez. Un grupo de intelectuales que siempre sufrieron la pérdida de las colonias españolas como suyas propias.
¿Más bien un alivio?. Sin duda, fueron cuatro siglos de lucha, no solo contra los que se oponían en ultramar, también contra los evolucionistas que hacían furor en la época en España. Hoy, aunque no lo confiesen abiertamente, quizás se lamenten de no haber aceptado aquella primera oferta de doscientos treinta millones de dólares, llegando a los trescientos en una segunda, que le hicieron desde Washington. Se hubieran ahorrado todo aquel dolor que por cierto, no procedía de los hijos de esa casta liberal y conservadora que sí tenían las perras de sobra para evitárselo.
Maldita Hemeroteca
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