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| Monumento a Eloy Gonzalo, en la Plaza Cascorro en Madrid. // |
Cascorro es una pequeña localidad cubana a 60 km de Camagüey dedicada a la ganadería. Toma su nombre de un cacique aborigen cubano de la zona. Sin embargo, esta población fue asaltada por los mambises en tres ocasiones, en una de ellas perdió la vida un hermano del lugarteniente general Antonio Maceo, de nombre Miguel.
Sin embargo en Madrid, en el llamado "Rastro de Madrid" hay un parque que tiene una estatua de un soldado que su historia estuvo vinculada a la del pueblo Cubano. De hecho, este parque es conocido en Madrid como "Plaza Cascorro", ya que en el 1941 se erigió esta figura en memoria a lo sucedido en aquel pueblo de la geografía Cubana.
Eloy Gonzálo, nombre de este soldado, fue uno de los que resistió valientemente el cerco del entonces nombrado lugarteniente general del ejercito libertador, el general holguinero Calixto García Íñiguez, pero vamos por parte. Conocimos la historia contada por la prensa española, aun así no es muy conocida la heroicidad que fue capaz este soldado que le hizo merecedor de ese monumento.
De hecho, rara vez la prensa de la época dedicaba renglones a una figura en específico, pero en este caso Eloy Gonzálo fue de los pocos soldados que adquirió verdadera fama en los medios. Así lo narró la revista «Blanco y Negro» el 30 de enero de 1897:
Durante el ultimo y definitivo alzamiento de 1895, porque es que se habían producido tres ataques más con anterioridad los días dos y cinco de julio, ambos fallidos, incluso en uno de ellos Antonio Maceo perdió a su hermano Miguel.
"Es, sin duda, el soldado que más popularidad ha alcanzado en la presente guerra. Gonzalo, quizás sin pretenderlo, fue un compendio de heroicidad y bravura entre los defensores de aquel pueblo de Cascorro, localidad situada en a 60 kilómetros de la provincia de Camagüey, antigua Puerto Príncipe".
Cascorro fue escenario de tres combates durante las primeras guerras de independencia Cubanas. En el primero fue tomado por el coronel cubano Gregorio Benítez, el 9 de mayo de 1873. Luego se produjeron dos al año siguiente, protagonizados por los generales Antonio Maceo y Máximo Gómez y un tercero protagonizado por el general Henry Reeve, conocido como "El Inglesito", lo que nos da una idea de cuan importante era este enclave para las fuerzas rebeldes cubanas.
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| Otra imagen de la estatua. |
El ultimo de esos ataques fue orquestado por el general Calixto García y en el cual fueron sitiados 170 soldados del Regimiento No 63 de Infantería "María Cristina", que da pie a este relato.
El CERCO.
Las fuerzas de Calixto García habían mantenido el cerco al grupo de españoles, que se habían protegido desde el día 16 de abril en el fuerte principal del pueblo. Durante este acoso, Eloy se ofreció voluntariamente para romperlo, y lo hizo incendiando una casa próxima que había sido ocupada por los rebeldes cubanos y desde donde estaban siendo hostigados.
Antes, como sabía que la muerte le acechaba, mandó que le atasen una cuerda a la cintura para que en caso de caer, sus compañeros tiraran de ella e impidiesen que los cubanos profanaran su cadáver. Y aunque consiguió su cometido, lo que ningún periódico publicó, ni esos años ni los siguientes, fue el triste pasado que escondía este soldado convertido ahora en un héroe.
¿QUIEN ERA ELOY EN REALIDAD?
Había nacido en Madrid el 1 de diciembre de 1868, cuando fue abandonado a las 11 de la noche en la inclusa de las Hermanas de la Caridad de la calle Mesón de Paredes, en el barrio de Lavapiés. El frío de aquel invierno fue mortal, pero encontraron al recién nacido a tiempo. Entre la ropa llevaba una nota para las religiosas –hoy conservada en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid–, que decía:
«Este niño nació a las seis de la mañana. Está sin bautizar y rogamos que le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Luisa García, soltera, natural de Peñafiel. Abuelos maternos, Santiago y Vicenta».
Cuatro días después la situación era desesperada, debido a los continuos ataques de los insurrectos atrincherados en unas casas cercanas. Neila ideó entonces un plan desesperado para salvar la situación. En ese momento solicitó un voluntario para que penetrara tras las líneas enemigas, e incendiara el edificio en cuestión. Era un trabajo perfecto para un ex convicto que ansiara redimirse y Gonzalo alzó su mano y se brindó sin pensárselo dos veces.
De manera que el 5 de octubre, protegido por la oscuridad, se dispuso a ejecutar la operación con un fusil máuser, una lata de petróleo, unas cerillas y muy pocas esperanzas de salir airoso.
La liberación de Cascorro
La resistencia aún tuvo que durar unos días, hasta que el 6 de octubre una columna de socorro, al mando del general Adolfo Jimenez Castellanos, ahuyentaba a los rebeldes y recuperaba la guarnición de Cascorro. La noticia corrió como la pólvora y pronto llegaron los reconocimientos: una medalla pensionada, felicitaciones, donativos y actos públicos», cuenta el historiador Germán Segura García en su artículo «Eloy Gonzalo, héroe de Cascorro» (Revista Española de Defensa, 2018).
Sería justo señalar que en este asedio Camagüeyano también demostró gran valentía el soldado valenciano Carlos Climent Garcés, (1874-1954) de hecho fue condecorado también en 1897 con la Cruz de Plata al Mérito Militar con Distintivo Rojo, debido a su participación en la defensa de este fuerte. En su caso fue responsable de la vida de tres compañeros heridos, las cuales rescató y salvó de ser rematados.
El futuro soldado nunca conoció a sus padres, puesto que fue adoptado a los pocos días por la esposa de un guardia civil que acababa de perder a un hijo recién nacido, y que aún podía darle de mamar. Buscaba, además, los 60 reales bimensuales que le daban de ayuda para sufragar su educación y que a buen seguro le hacía falta. Con esta familia vivió su infancia entre los pueblos de San Bartolomé de Pinares (Ávila) y Robledo de Chavela (Madrid).
Sin embargo, la ayuda solo se entregaba hasta que el huérfano cumplía los 11 años, de manera que, al alcanzar esa edad, en 1879, no quisieron seguir manteniéndolo a su costa y lo entregaron a otra familia de Chapinería, otro pueblo de Madrid. Allí se instaló Gonzalo para ganarse la vida como jornalero, peón de albañil, carpintero y aprendiz de barbero, hasta que fue llamado a filas en 1889. En su ficha se le describe como un hombre de pelo castaño, ojos azules y 1,75 metros de estatura.
Fue destinado al Regimiento de Dragones Lusitania, 12º de Caballería, donde ascendió al rango de cabo dos años después por su buen comportamiento y su eficiencia en el servicio. En el Ejército encontró su sitio y su razón de ser. Se sentía orgulloso del servicio que prestaba a España tras ser abandonado por su madre y haber llevado una vida de penurias y poco afecto. Pero no se acabaron aquí las tragedias.
En 1892 pasó al Cuerpo de Carabineros del Reino y, en el verano de 1894, fue destinado a la Comandancia de Algeciras. Había encontrado por fin una «familia adoptiva» en la que desarrollarse. Tal fue así, que en pocos meses consiguió la seguridad suficientes como para pedirle permiso a sus superiores para casarse con una muchacha que había conocido en la localidad gaditana.
Fue entonces cuando su vida, en el momento más feliz, se vino abajo. En febrero de 1895, sorprendió a su prometida en la cama con un joven teniente. Esta nueva y doble traición –la de su novia y la de un oficial– fue demasiado para él. Gonzalo, además de que zarandeó al teniente, le amenazó de muerte con su pistola.
El oficial elevó una queja que acabó en un tribunal militar y Gonzalo fue arrestado y sometido a un Consejo de Guerra, resultando condenado a 12 años de prisión en Valladolid por un delito de insubordinación. Tenía 27 años y debería haber abandonado la cárcel a los 42. Sin embargo en agosto de 1895 el Congreso aprobó una ley de amnistía para todos aquellos presos dispuestos a luchar en la guerra de Cuba de 1895 .
«Algo parecido a lo que hizo Estados Unidos sesenta años más tarde, cuando envió a convictos a la selva de Vietnam», apunta John Lawrence Tone en «Guerra y genocidio en Cuba, 1895-1898» (Turner, 2006).
En noviembre, Gonzalo se acoge a esa nueva ley y pide que lo envíen a la isla para, tal y como expuso en su petición al ministro de Guerra, «limpiar su honra, derramando la sangre por la patria». La lenta maquinaria de la administración agilizó los trámites para aprobar su petición, ya que era necesario el máximo contingente posible para luchar contra los insurrectos cubanos.
Así, el 25 de noviembre de 1895 embarca en un vapor en La Coruña con destino a La Habana, donde se incorpora al regimiento María Cristina, para un año después ser destacado en la famosa guarnición de Cascorro antes mencionado, ubicada a 60 kilómetros al sureste de Camagüey. Como lo define Lawrence en su libro, aquel era el lugar perfecto para poder extirpar la culpa con su propia sangre:
Cascorro era indefendible, y el Ejército español nunca debería haber intentado conservarlo".
El capitán general Valeriano Weyler admitió en sus memorias que este enclave carecía de importancia militar, además de ser un objetivo muy fácil para los insurrectos cubanos. Con el tiempo, Weyler acabaría abandonando este, y otros puestos aislados e inútiles, pero no antes de que Máximo Gómez y Calixto García [jefes del Ejército independentista] iniciaran su tercer asedio el 22 de septiembre de 1896».
---Los cubanos dispararon entonces 219 obuses de artillería sobre los tres pequeños fuertes que defendían Cascorro .---
El panorama de la guarnición al comienzo del combate era desolador. Frente a los dos mil hombres del Ejército Libertador, los españoles solo tenían 170. Encima se encontraban diezmados y debilitados por la disentería, la malaria, el tifus, la fiebre amarilla y otras enfermedades. Carecían de víveres y municiones suficientes para resistir un combate largo. Tampoco disponían de artillería para responder a los tres cañones cubanos de 70 milímetros.
Conociendo su aplastante superioridad, García propuso las condiciones de la rendición, pero el comandante de la guarnición, el capitán Francisco Neila, no quiso ni hablar de ello. Los cubanos dispararon entonces 219 obuses de artillería sobre los tres pequeños fuertes que defendían Cascorro, matando e hiriendo a 21 soldados.
La potencia y precisión de los rifles españoles mantenía a raya a los insurrectos, pero no por ello la situación dejaba de ser insostenible, sobre todo después de que estos tomaran un edificio a escasos 50 metros del fuerte principal que ponía en grave riesgo la posición española. Los Cubanos se encontraban tan cerca, que incluso los anticuados rifles Remington y Winchester de los insurrectos podían matar de un solo disparo.
La angustia permaneció dibujada en la cara de los defensores, todos pendientes de una cuerda, hasta que empezaron a ver la luz del fuego que comenzaba a devorar el edificio. Lo había conseguido y estaba con vida. Aprovechando el incendio, los españoles realizaron una vigorosa salida contra los sitiadores, en la que también tomó parte el valiente soldado que, con su acción, había salvado el destacamento.
En España, la hazaña de Eloy produjo un gran impacto. En la Guerra de Cuba, todas las batallas que se habían librado hasta ese momento fueron de nula trascendencia. Los insurrectos se habían dedicado, sobre todo, a quemar propiedades, volar trenes y atacar puestos aislados, mientras los españoles intentaban apresarlos sin éxito. En medio de esta triste campaña, el heroísmo de Gonzalo enalteció el ánimo de los españoles.
Se había conseguido un éxito militar que parecía inalcanzable, dando muestras de un extraordinario valor, regresando sano y salvo de su misión. En su edición del día 24 de octubre la revista «Blanco y Negro» destacaba que Eloy siguió combatiendo activamente en la región de Matanzas, tratando de reducir a las últimas partidas rebeldes durante la primera mitad de 1897.
Hasta que el 6 de junio ingresaba en el Hospital Militar de esta ciudad. El 17 del mismo mes, fallecía como consecuencia de una infección intestinal provocada por la mala alimentación del Ejército, la cual le produjo una enterocolitis ulcerosa gangrenosa.
Durante doce días padeció graves episodios de diarrea, cólicos abdominales y fiebre, hasta que falleció. A diferencia de muchos de los cincuenta mil españoles muertos en Cuba, el cadáver de Gonzalo fue repatriado al terminar la lucha en 1898. En 1901, ya se publicaba en la prensa la imagen de su estatua en el Rastro prácticamente colocada.
Y DE CARLOS CLIMENT QUE?
A diferencia de Eloy, Carlos pudo continuar combatiendo con su regimiento hasta su repatriación, el 7 de enero de 1899 en el vapor "Fulda", que llegó a Cádiz el 20 de enero y pudo hacer el cuento como se suele decir.
En 1945 el gobierno español dictó una orden sobre beneficios a los soldados supervivientes de las heroicas defensas de Cascorro, el Caney y las Lomas de San Juan, en Santiago de Cuba y Baler en Filipinas, de manera que tanto a Carlos, como a Gonzalo les llegó post morten el titulo de teniente honorario del ejército con paga de seis mil pesetas.
El soldado Carlos Climent Garcés falleció el 11 de Noviembre de 1954 en Benimamet, Valencia, a los 71 años de edad, y a diferencia de Eloy que tiene su merecida plaza y su estatua de más de dos metros ordenada por el Rey Alfonso XIII, para él no hubo ni busto, ni tarja, ni siquiera una mísera baldosa de cerámica que le recuerde.
Como si no fuera suficiente, algunos de sus descendentes que han estado indagando sobre esta historia y su pasado se han encontrado con trabas de todo tipo, como falta de información, desaparición de archivos, documentación alterada y datos erróneos, y lo que es aún peor, que ni siquiera en el mismo pueblo de Algemesí, donde había nacido, se han preocupado por perpetuar su recuerdo.
Maldita Hemeroteca
Adaptado y condensado de un artículo de ABC.es fechado el 30 de abril del 2020 de Israel Viana.




