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| Ilustración de un Fortín de Pinar del Río. |
La palabra "Blocao" era sinónimo de aquellos pequeños fuertes que vertebraban los sistemas defensivos españoles en varios punto, tanto de la isla de Cuba como en todas sus posesiones en ultramar. En un principio eran bastante rudimentarios aunque eficientes y fáciles de construir a base de piedras y sacos terreros, aun así ayudaron al Ejército español.
Sin embargo, tan cierto como que los ‘blocaos’ podían construirse con gran velocidad, en ocasiones también podrían convertirse en una trampa mortal. Con un precio que oscilaba entre las treinta mil y cuarenta mil pesetas (una cantidad considerable para la época) impedía a los soldados en su interior salir sin correr verdadero peligro.
El término blocao procedía del alemán "blockhaus", palabra que podríamos traducir como casa de madera y, de hecho, en los diccionarios militares de la época aparecía en su forma germánica hasta que años más tarde fue castellanizada y se usó tal como se conoció después "blocao".
Aunque el ejército español ya hizo uso de estas rudimentarias fortificaciones en Cuba y Filipinas, fue en la controvertida guerra de África donde ganaron bastante fama. Para mejorar las defensas del blocao, se podía incluso tender una alambrada en su perímetro que dificultase el que fuera tomado por asalto.
Origen y construcción
Así pues, cuando era preciso fortificar un determinado punto, una sección de ingenieros se desplazaba al lugar y, rápidamente, montaban el blocao, rellenaban los sacos y tendían la alambrada. Se fabricaban en madera, por lo común de palma, siguiendo el diseño realizado por Arturo Amigó.
Muchos de estos blocaos fortificaron los tramos entre Mariel y Majana donde radicaba el fuerte, o la trocha de Mariel hasta Artemisa, de cuarenta kilómetros de distancia y dotada de telégrafo, conocida también como Trocha Arolas por el apellido del general Juan Arolas Esplugues.
Fue ideada y ordenada por el jefe del ejercito, el general Valeriano Weyler y Nicolau, especialmente para aislar al general insurrecto Antonio Maceo en Pinar del Río. Tenía su puesto de mando en Artemisa, y se vio reforzada con otra línea defensiva que iba desde Alquizar, San Antonio de los Baños y Punta Brava, llegando hasta Hoyo Colorado, hoy Bauta, finalizando en la localidad de Desengaño.
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| La caseta superior era la utilizada para emitir señales. // |
Origen y construcción. Aunque el ejército español ya hizo uso de estas rudimentarias fortificaciones en Cuba y Filipinas, decíamos que fue en la controvertida guerra de África donde ganaron bastante fama.
Por lo general, eran de planta cuadrada y unas dimensiones entorno a los cinco por cinco metros, de dos plantas y con una garita para el centinela situada sobre el techo que estaba formado por una cubierta de cinc, sobre un tejado a cuatro aguas. Se fabricaban en La Habana en piezas separadas, que luego se ensamblaban en el lugar elegido para su ubicación. Bastaban unas pocas horas para tenerlo listo, e incluso desmontarlo y trasladarlo hacia otro sitio.
La trocha de Ciego de Ávila, que estaba provista de cinco matacanes (fortalezas) por cada frente, llevaba entre fortín y fortín un blocao hasta llegar al número de sesenta, y en ese mismo espacio fueron levantadas seis escuchas que en su total sumaron cuatrocientas posiciones capaces de hacer fuego hacia todas direcciones llegado el caso.
Por poner otro ejemplo, cuando Vara del Rey defendió Santiago de la invasión de los marines norteamericanos, la posición escogida fue el fortín «El Viso» , una construcción facturada durante la Guerra Grande (1868-1878) y ubicada sobre un montículo. Pero además, contaban con seis blocaos distribuidos en torno a El Caney: Norte, Río, Asia, Matadero, Izquierdo y Cementerio.
En la imagen de la izquierda, se ve uno de esos blocaos que aun se conservan en Cuba, remozado por supuesto.
Se encargó de la tala de la manigua a lo largo de la citada trocha, con un ancho de trescientos metros, un campamento permanente cada diez kilómetros, la instalación de proyectores para alumbrado de la línea, así como un tendido telefónico. Se dotó de dos hospitales, una línea férrea paralela a la trocha y, finalmente, otros edificios auxiliares.
Esta impresionante obra quedó terminaba el veintiuno de agosto de 1897. En dos ocasiones fue atacado por partidas de los insurrectos cubanos, logrando rechazarlos e incluso perseguirlos. Como recompensa por estas acciones de guerra y por las obras realizadas, se le concedió la segunda Cruz de María Cristina.
Además, con el fin de dificultar todavía más el avance, como se hizo en Santiago de Cuba contra los soldados norteamericanos, se cavaron líneas de trincheras y se desplegaron rollos de alambre de espino y se abrieron aspilleras (muros) en las casas y en la iglesia.
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| Blocao remozado. |
En la imagen super puesta el coronel José Gago y Palomo, ingeniero militar español adjunto a la comandancia de la Habana, y que estaba a cargo del perfeccionamiento de las trochas que dividían la isla, en este caso desde Júcaro a Morón.
Gago fue el hombre a quien Weyler le encomendó la misión de dar vida a esta trocha, debida cuenta de la experiencia que traía de la guerra de Filipinas donde construyó la trocha de Tukurán.
Además, con el fin de dificultar todavía más el avance, como se hizo en Santiago de Cuba contra los soldados norteamericanos, se cavaron líneas de trincheras y se desplegaron rollos de alambre de espino y se abrieron aspilleras (muros) en las casas y en la iglesia.
En resumen, estos blocaos contribuían a la línea defensiva, sumándose a los fortines mucho mas grandes y robustos en su construcción, como por ejemplo fue el de Yarayo, el de Cuabitas, Canosa, Santa Úrsula o el Gasómetro, entre otros, fabricados en la defensa de Santiago de Cuba.
Maldita Hemeroteca
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