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MISTERIOS DE LA HACIENDA GUAIMARO


Muy cerca del poblado de San Pedro de Palmarejo, en Trinidad, provincia de Santi Espíritus, se levanta una imponente hacienda que en el pasado perteneció a una de las familias criollas asentada en esa localidad, vinculada al negocio de la producción de azúcar.

Hablamos de José Mariano Borrell y Lemus, marqués de Guáimaro, quien además le acompañó un pasado bastante cruel y despiadado. Hijo de José Mariano Borrell y Padrón y Josefa María de Lemus y Jiménez, nació en 1813 en Trinidad y, a la muerte del padre, heredó el ingenio Guáimaro, que en 1830 estuvo valorado en medio millón de pesos oro. 

En el año 1827 - por citar un ejemplo - este ingenio obtuvo la producción de azúcar mas alta en el mundo con 82,000 arrobas. La casona, que data del 1840, fue diseñada por el célebre arquitecto italiano Daniel Dall Aglio, autor igual del teatro Sauto de Matanzas, en 1863, así como la Iglesia de San Pedro Apóstol, en Versalles, en 1870.

Como era habitual entre los que aportaban importantes contribuciones a la corona española, la reina Isabel II en este caso le concedió el título de "Marqués de Guáimaro", por Real decreto del cinco de junio de 1860, cuatro años antes de su fallecimiento el uno de septiembre de 1861, víctima de gangrena.

Su pasado estuvo plagado de una crueldad desmedida contra su dotación de más de 350 esclavos, mientras mantuvo relaciones con varias de sus 18 esclavas domésticas, con las cuales tuvo descendencia. Se cuenta que su esposa y sus dos hijos mayores intentaron un fallido asesinato por medio de un esclavo, al cual le pagaron trescientas onzas de oro.

Es más, se le achaca también su voto favorablemente por la muerte por fusilamiento del patriota cubano José Isidoro de Armenteros y sus compañeros Rafael Arcís y Fernando Hernández y Echerri, ocurrido el 18 de agosto de 1851. Hoy, y como gancho turístico suponemos, se ha creado una leyenda que narra que su atormentado espíritu vaga por la zona.

Maldita Hemeroteca