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CASCORRO. A PROPÓSITO DE UNA FECHA


Hoy se conmemora el 152 aniversario del ataque Mambí al poblado camagüeyano de Cascorro, uno de los tantos que acometieron los rebeldes cubanos, seis en concreto.

Y para el lector que no lo sepa, Cascorro es un pueblo dedicado a la ganadería y localizado a unos sesenta kilómetros de la provincia cubana de Camaguey, que en el siglo XIX fue escenario de varios combates entre soldados españoles y rebeldes cubanos. En concreto en tres ocasiones.

En el primero ocurrió cuando fue tomado por breve tiempo por el coronel cubano Gregorio Benítez, el 9 de mayo de 1873. Al año siguiente, el que hoy se conmemora, fue protagonizado por los generales Antonio Maceo y Máximo Gómez, cuando el día 16 se habían desembarazado de una columna española e inician desde las primeras horas de la mañana el ataque.

Resaltar que Cascorro era un poblado de gran importancia estratégica para los Españoles, debido a que se encuentra situado en el camino hacia las provincias orientales, actual Carretera Central, por lo cual disponía de un fuerte y siempre contó con dotaciones bien armadas como se aprecia en la foto de arriba.

En este enfrentamiento murieron siete mambises y 41 resultaron heridos, pero como siempre en el tiempo que estuvo ocupado aprovecharon a pertrecharse. Se marcharon a las 12, justo antes de que llegaran las fuerzas de apoyo españolas. 

Además hubo un un tercero -protagonizado por el general Henry Reeve, conocido como "El Inglesito",- lo que nos da una idea de cuan importante era tomar era este enclave para las fuerzas rebeldes cubanas que, su estadía en el dependió de la llegada de los refuerzos hispanos. Como sucedió siempre en esos treinta años de guerra.

En este tercer ataque, un hermano de Maceo perdió la vida, el teniente coronel Miguel, pero fue la ocasión en que ocurrió un suceso de tanta valentía que mereció una estatua en la capital Española. Ya hemos hablado en varias ocasiones sobre este combate y esta hazaña. El caso del soldado Eloy González.
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Para los que viven en Madrid, se encuentra en el llamado "Rastro", donde hay un parque que lleva incluso el nombre de Cascorro.
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Allí, en 1941, erigieron esa estatua dedicada al soldado Eloy, y desde entonces se conoce en Madrid como la "Plaza Cascorro", un tributo a la resistencia de aquella tropas asediadas y a la heroicidad de aquel soldado que rompió valientemente el cerco del entonces general del ejercito libertador, el Holguinero Calixto García Íñiguez.

AQUÍ LA HISTORIA POR SI LA QUIERE RECORDAR...

Conocimos la historia contada por la prensa española, aun así no es muy conocida la heroicidad que fue capaz este soldado que le hizo merecedor de ese monumento. Fíjese que rara vez la prensa de la época dedicaba renglones a una figura en específico, menos si se trataba de un soldado, pero en este caso Eloy adquirió verdadera fama en los medios. 

Así lo narró la revista «Blanco y Negro» el 30 de enero de 1897:

"Es, sin duda, el soldado que más popularidad ha alcanzado en la presente guerra. Gonzalo, quizás sin pretenderlo, fue un compendio de heroicidad y bravura entre los defensores de aquel pueblo de Cascorro, localidad situada en a 60 kilómetros de la provincia de Camagüey, antigua Puerto Príncipe".

Hay personas que tienen un destino heroico desde que nacen. Como fue su caso, porque fíjese que Eloy fue recogido el 1 de diciembre de 1868 por las monjitas de la inclusa de Madrid, tras haber sido abandonado en la puerta por sus padres.

El bebe llevaba adosada al canasto una nota que rezaba: «Este niño nació a las seis de la mañana. Está sin bautizar y rogamos que le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Luisa García, soltera, natural de Peñafiel».

Tras haber sido bautizado con los datos, fue asignado a Braulia, la esposa de un guardia civil que acababa de perder un hijo con lo cual Eloy vivió en una casa cuartel. A los doce o trece años, cuando la inclusa dejó de pagar los gastos del chiquillo, Braulia tuvo que pedirle que se independizase. Como tantos jovenzuelos de la época, el ejercito fue el destino final tras haber probado suerte en diversos oficios.

Al final, en 1889 se alistó como quinto en el Regimiento de Dragones de Lusitania, donde, sacrificado como era, llegó a cabo en sólo dos años. De ahí pasó al Instituto de Carabineros del Reino, un cuerpo muy prestigioso que dependía del ministro de Hacienda. En fin que todo le iba bien cuando el destino le deparó una mala jugada.

En 1895 se dirigía a encontrarse con su prometida, cuando la pilló en flagrante infidelidad con un superior, un teniente al que amenazó con su arma reglamentaria Hay quien dice que llegó a dispararle. Como quiera fuera una falta grave que le costó la expulsión del cuerpo y una larga condena en la cárcel militar de Valladolid.

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En presidio le sorprende el estallido de la guerra en Cuba, con el Grito de Baire, lo que obligó al Gobierno a efectuar una movilización masiva, incluyendo a los reos que tuvieran experiencia militar.

Eloy Gonzalo, como el primero, se apresuró a comprar ese billete a la libertad y se alistó en el primer reemplazo, bajo el juramento de verter su sangre «por la nación en los campos de la isla de Cuba».

En noviembre partió de La Coruña a bordo del vapor León XIII. Cumplió los veintisiete años en el mar y llegó a La Habana el nueve de diciembre.

Nada más poner pie en la isla le enviaron al interior, a Camagüey, con el Regimiento de Infantería María Cristina nº 63.

El tipo de guerra que los españoles se encontraron en Cuba era desconcertante para el soldado de a pie. No existían los frentes, y el enemigo aparecía y desaparecía con celeridad después de dar certeros golpes.

La estrategia del general Weyler consistía, a grandes rasgos, en partir la isla en varios sectores, que, aislados entre sí, se controlaban con fortificaciones o blocaos dotados de artillería y guarniciones de infantería.

El blocao de Cascorro tenía tres fuertes, unidos por una línea de trincheras que se embarraba hasta hacerse intransitable en cuanto se ponía a llover, circunstancia climatológica muy frecuente en la isla entre mayo y octubre.

El 22 de septiembre de 1896, de madrugada, un batallón de unos 2.500 rebeldes equipados con dos piezas de artillería atacaron la plaza, con el conocimiento de que la guarnición española era escasa y estaba mal armada. El oficial al mando, el capitán Neila, sólo tuvo tiempo de enviar un mensajero a pedir socorro al cuartel general.

El panorama de la guarnición al comienzo del combate era desolador. Frente a los dos mil hombres del Ejército Libertador, los españoles solo tenían 170 soldados. Encima se encontraban diezmados y debilitados por la disentería, la malaria, el tifus, la fiebre amarilla y otras enfermedades. Carecían de víveres y municiones suficientes para resistir un combate largo. Tampoco disponían de artillería para responder a los tres cañones cubanos de 70 milímetros. 

Conociendo su aplastante superioridad, el general Calixto García propuso las condiciones de la rendición, pero el comandante de la guarnición, el capitán Francisco Neila, no quiso ni hablar de ello. Los cubanos dispararon entonces 219 obuses de artillería sobre los tres pequeños fuertes que defendían Cascorro, matando e hiriendo a 21 soldados. 

La potencia y precisión de los rifles españoles mantenía a raya a los insurrectos, pero no por ello la situación dejaba de ser insostenible, sobre todo después de que estos tomaran un edificio a escasos 50 metros del fuerte principal que ponía en grave riesgo la posición española. 

Los Cubanos se encontraban tan cerca, que incluso los anticuados rifles Remington y Winchester de los insurrectos podían matar de un solo disparo. Cuatro días después la situación era desesperada, debido a los continuos ataques de los insurrectos atrincherados en unas casas cercanas. Neila ideó entonces un plan desesperado para salvar la situación. 

A la semana y media de sitio, la guarnición española estaba al límite de sus fuerzas. La disentería seguía causando estragos, y la ayuda desde Camagüey no llegaba porque los fusileros y la caballería que había enviado el general Jiménez Castellanos estaban atascados en el camino por culpa de las fuertes lluvias.

Para colmo, la munición escaseaba, apenas quedaban víveres y algunos soldados estaban cayendo víctimas del tifus y la malaria. Los rebeldes, entre tanto, bombardeaban incansablemente los fuertes.

Máximo Gómez, sabedor de que los soldados estaban en las últimas, envió un mensaje en que conminaba a Neila a rendirse: aunque respetaba su «valor y resistencia», no era necesario hacer «mayores sacrificios». Neila respondió de inmediato reiterando su negativa respondiendo:

"He admitido al parlamentario que me envía usted porque creí que, habiéndose desvanecido todas vuestras ilusiones de triunfar, y aprovechando la bondad de España, veníais a acogeros al indulto. Nosotros no nos rendiremos nunca, y no me envíen más recado, o haré fuego sobre el emisario".

Estatua en Madrid
El capitán sabía que la infantería española no se rendía jamás, y estaba preparado para entregar su vida y la de todos sus hombres. Cascorro se prometía tan largo y tan sangriento como siempre. Hacía falta un milagro.

A Neila se le ocurrió que el único medio de romper el asedio sería infiltrar a un hombre dispuesto a morir en el cuartel enemigo –a sólo 50 metros de distancia–; su objetivo sería incendiarlo. 

El 5 de octubre por la tarde pidió voluntarios entre la tropa. Eloy Gonzalo, aquel inclusero madrileño que había ido a la guerra para librarse de la prisión, dio un paso al frente.

Era huérfano, nadie le esperaba en España y, si sobrevivía, podría reiniciar su carrera militar donde en mala hora y por mala mujer la había dejado año y medio antes.

Sólo pidió una cosa: que le atasen con una cuerda para que, si fallaba el plan, sus compañeros pudiesen recuperar su cadáver y honrarlo. Salió al anochecer pertrechado de un máuser, una antorcha y una lata de petróleo.

Y cumplió su cometido: aún en la noche, la casa Miguel Hernández, cuartel general de los rebeldes, era pasto de las llamas, mientras Gonzalo, agazapado, batía rebeldes sin cuento. Neila envió un pelotón en ayuda de Gonzalo, al que trajeron de vuelta a las líneas monárquicas, ya convertido en el héroe de Cascorro.
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Cascorro protagonizó seis ataques además de los aquí descritos. Hubo un quinto en septiembre de 1896, en el cual la guarnición de de 170 soldados de línea al mando del capitán Francisco Neyla resistió el embite, y un sexto en octubre de ese mismo años al mando del General José Manuel Canote, cumpliendo órdenes del General en Jefe Máximo Gómez asediaron este poblado y tampoco pudieron tomarlo. En este caso el refuerzo llegó con tres mil hombres al mando del general Adolfo Jiménez Castellanos.
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Al día siguiente llegaron las tropas de refuerzo de Jiménez Castellanos. Desmoralizados, los mambises se dispersaron. El sitio de Cascorro había sido levantado, y con heroísmo. La noticia viajó rauda en ferrocarril hasta La Habana, y de ahí a Madrid.

Weyler envió un telegrama a Neila en el que le informó de que le había sido concedida la Laureada de San Fernando y se la había ascendido a comandante. El auténtico héroe, Eloy Gonzalo, tuvo que conformarse con la Cruz de Plata al mérito militar. La machada del joven infante del regimiento María Cristina era el canto del cisne de un ejército condenado a la derrota. 

Dos años después, estalló la definitiva Guerra de Cuba. Nadie se acuerda de los héroes cuando las guerras se pierden. En España, a Eloy Gonzalo se le daba por muerto, y sus paisanos de Madrid recreaban una y otra vez la heroica historia del desheredado de la fortuna que daba su vida por la patria como nos gusta aquí, a pecho descubierto y con un par.

Pero no, Eloy Gonzalo no murió en Cascorro, sino unos meses después, en un hospital de Matanzas, de enterocolitis ulcerosa gangrenosa, causada por la mala vida y peor alimentación del ejército español en Cuba. Los héroes no mueren así, de algo tan vulgar como una colitis, por eso nos inventamos una versión alternativa más acorde con la talla del personaje y de la gesta.

Años después, cuando las heridas empezaban a cicatrizar, el ayuntamiento de Madrid repatrió el cadáver y le erigió un monumento en una plazuela del Rastro. Y allí quedó, inmortalizado para la eternidad, corriendo con su lata de petróleo, su fusil al hombro, su bayoneta calada y su determinación suicida. España perdió una guerra; Madrid, en cambio, ganó un héroe.

Sold Garcés
SOLDADO CLIMENT GARCÉS

Sería justo señalar que en este asedio Camagüeyano también demostró gran valentía el soldado valenciano Carlos Climent Garcés, (1874-1954) de hecho fue condecorado también en 1897 con la Cruz de Plata al Mérito Militar con Distintivo Rojo, debido a su participación en la defensa de este fuerte. 

En su caso fue responsable de la vida de tres compañeros heridos, las cuales rescató y salvó de ser rematados. A diferencia de Eloy, Carlos pudo continuar combatiendo con su regimiento hasta su repatriación, el 7 de enero de 1899 en el vapor "Fulda", que llegó a Cádiz el 20 de enero y pudo hacer el cuento como se suele decir.

En 1945 el gobierno español dictó una orden sobre beneficios a los soldados supervivientes de las heroicas defensas de Cascorro, el Caney y las Lomas de San Juan en Santiago de Cuba, y Baler en Filipinas, de manera que tanto a Carlos, como a Gonzalo, les llegó post morten el titulo de teniente honorario del ejército con paga de 6.000 pesetas. 

El soldado Carlos Climent Garcés falleció el 11 de Noviembre de 1954 en Benimamet, Valencia, a los 71 años de edad, y a diferencia de Eloy que tiene su merecida plaza y su estatua de más de dos metros ordenada por el Rey Alfonso XIII, para él no hubo ni busto, ni tarja, ni siquiera una mísera baldosa de cerámica que le recuerde.

Como si no fuera suficiente, algunos de sus descendentes que han estado indagando sobre esta historia y su pasado, se han encontrado con trabas de todo tipo, como falta de información, desaparición de archivos, documentación alterada y datos erróneos, y lo que es aún peor, que ni siquiera en el mismo pueblo de Algemesí, donde había nacido, se han preocupado por perpetuar su historia.



Maldita Hemeroteca

Adaptado de un artículo.
de Fernando Díaz Villanueva 
Artículo publicado por el ABC.es