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MARÍA LUISA QUIJANO, LA GRAN BENEFACTORA DE MARIANAO.

Pacíficos concentrados llegando a Marianao// 

Las señoras María Luisa Quijano y Pérez y Adelaida Álvarez y Hernández, fueron muy valiosas en Cuba en las postrimerías del siglo XIX. Tenemos por costumbre ponderar actos violentos y no tanto los magnánimos o altruistas que, por lo general, suelen ser más humanos y valiosos.  

Puede que esos dos nombres no les digan mucho, pero sepa que gracias a la labor altruista de estas dos damas del barrio de Marianao, en la Habana, las angustias y sufrimientos de aquellos cubanos que habían sido víctimas de la concentración y el bloqueo implantadas por el nuevo capitán general, cumpliendo ordenes de Madrid, pudieron ser mitigadas en gran parte. 

Desde el mismo momento en que se anunció la sustitución del general Arsenio Martínez Campos por otro como Valeriano Weyler, comenzó la campaña en su contra. Los mambises, y la prensa norteamericana sobre todo, sabían perfectamente que lejos de chanchullos políticos el recio general se había fraguado su reputación en los teatros de operaciones, y no dudaba en responder a cada una de las acusaciones que se lanzaban sobre su supuesta crueldad. Tampoco rehuía las decisiones difíciles, como él mismo llegó a declarar al poco de llegar a la isla caribeña, "la guerra no se hace con bombones".

CONCENTRACIÓN DE PACÍFICOS: MEDIO MILLÓN DE CUBANOS FUERON DESARRAIGADOS, Y MÁS DE CIENTO CINCUENTA MIL MURIERON DE HAMBRE Y ENFERMEDADES.

Ojo, no fue solo Weyler, la violencia de los mambises obligó tambien a miles y miles de Cubanos - ancianos , mujeres y niños - a marchar hacia las ciudades para salvar sus vidas. 

De cualquier manera Doña Luisa Quijano, hija de Gerónimo Díaz Quijano, rico comerciante y dueño de la panadería dulcería y del hotel "Bilbao" que fue el comercio más antiguo del municipio, al menos que se tenga conocimiento, combatió de cerca la terrible plaga de paludismo y la disentería, que como consecuencia de aquellas concentraciones organizadas sin los medios adecuados, causó miles de bajas en la población cubana. Sus manos piadosas cerraron los ojos de muchos afectados de tan horrible mal.


En un artículo del El País, periódico de Sancti Spíritus y con fecha del 5 de abril de 1896, se publica esto cuando la medida comenzaba a ponerse en práctica:

"En los últimos pocos días se han sucedido a intervalos de segundos cuadros de desesperación presentados por las gentes que entra en las ciudades. La situación de esta gente va a ser siempre difícil desde todos los puntos de vista y más en este distrito militar a causa de una medida que obedece a una orden superior, que prohíbe plantar maíz y plantaína y que también atañerá al azúcar de caña que tiene una doble utilidad, las hojas como pienso para el ganado y el tronco para fabricar azúcar, limitación que si se tiene en cuenta que el más alejado fuerte está justo a las afueras de la ciudad y que el número de gente de campo confinada en ella es grande".

Por otro lado, y según escribe el corresponsal norteamericano Lee a Day el 18 enero 1898 al Departamento de Estado..

"Los lugares donde viven los reconcentrados son poco más que cochiqueras y la gente ha dejado de respirar el limpio aire al que estaban acostumbrado. Esto, junto con la escasez de alimentos está resultando cientos de muertes"...

En otro informe de William J. Calhoun se decía:

"He viajado en ferrocarril desde la Habana hasta Matanzas. El campo más allá de los puestos militares está prácticamente despoblado. Cada casa ha sido quemada, los plátanos cortados, los campos de caña barridos por el fuego y destruida cada cosa que sirviera de alimento...No vi ni una señal de vida, salvo un buitre ocasional o un cuervo volando. El campo estaba envuelto en la calma de la muerte y el silencio de la desolación".

Eso nos da una medida de la grave situación en que se encontraban aquellos inocentes concentrados. Para poder cumplir con esta bondadosa misión, la Doña recaudaba mensualmente una cantidad económica.

Por esos días entraban en Marianao “las caravanas de famélicas familias en total desamparo, mientras que María Luisa, en este caso nos centramos en ella porque hemos encontrado muchos más datos que Adelaida, quizás por ser de una de las familias más ricas del barrio de los Quemados, no escatimaban en esfuerzos ni recursos para recibirlas y acomodarlas en palacetes de otras distinguidas familias como los Del Monte, los Bustamante, los Hidalgo y los Soto Navarro.

Comunicación de ultramar (Archivos de España)

Pero llegó un día en que lo recaudado no cubría estas atenciones, y entonces reunió a las damas de este pueblo que, con su inventiva y buena voluntad, lograron sacar adelante un proyecto consistente en la impresión de millares de tarjetas ostentando la imagen de San Vicente de Paúl, un clérigo francés del siglo XVI que había fundado en 1617 la primera Confraternidad de la Caridad, entidad integrada por mujeres acaudaladas dedicadas a ayudar a los enfermos y pobres en la ciudad de Lyon, exactamente lo mismo que hacía María Luisa y las demás colaboradoras en Marianao. 

Con una de estas tarjetas, los desvalidos podían alimentarse o vestirse en todos los establecimientos del municipio. Gracias a aquella tenaz labor de auxilio, muchas familias afectadas pudieron amortiguar en parte su desgracia. De hecho, en vísperas del cese de la dominación española, el Ayuntamiento de Marianao y teniendo en cuenta sus generosas actividades, decidió otorgarle la orden civil de Beneficencia, no solo a ella, tambien a doña Adelaida Álvarez de Hernández, que como dijimos anteriormente la acompañaba en esas labores.

La flecha indica el lugar donde estaba el comercio de víveres "El Bilbao", nombre que llevó también el hotel propiedad de la familia Quijano. 

La comunicación de ultramar dice así: 

"El gobernador general de Cuba remite al Ministerio de Ultramar el expediente instruido a propuesta del marqués de Cervera, ex alcalde de Marianao, para acreditar los actos de heroica abnegación, caridad y patriotismo de Adelaida Álvarez de Hernández y María Luisa Quijano y Pérez, solicitando recompensarlas con el ingreso en la Orden Civil de Beneficencia. Acompañan los ejemplares de la "Gaceta de La Habana" de los días 28 y 29 de abril de 1896".

Una de las calles del barrió de Marianao llevó varios años su ilustre nombre, hasta que el alcalde Francisco Orúe decidió cambiarlas por el sistema numeral que hoy se conserva. En 1937 el monumento que se le dedicó al apóstol José Martí en Marianao por ejemplo, se erigió en esa calle precisamente; y desde entonces la intercepción de las calles Martí y Luisa Quijano se conoció como la "Esquina Martí". Por allí mismo atacaron el 28 de julio de 1897, los coroneles mambises Baldomero Acosta y Dionisio Arencibia. 

El antiguo Café “El Central”, estuvo situado en la calle Real esquina a Luisa Quijano, en Marianao en 1913, en concreto frente a la parada de tranvías de “Havana Central” y “Havana Electric” muy cerca de la que entonces era la residencia veraniega del Presidente de la República Mario García Menocal.

Fue necesario ese cambio. 

A mediado de los años 50 ya Marianao era la segunda ciudad de Cuba después de la Habana, ¡de Cuba!, y los carteros, por poner un ejemplo, se volvían locos localizando una dirección con calles llenas de nombres y santorales. Por eso decimos que por un lado el cambio a numérico modernizó el sistema de localización, pero por el otro cercenó de cuajo ese pedazo de historia que encerraban esas vías. En este caso Luisa Quijano se refiere a la actual avenida 49.

Recuerdo que por nada del mundo mi madre las nombraba por sus números, y gracias a eso aprendí muchos de ellos. Es más, recuerdo de pequeño una chapa clavada en el poste que decía "Calle Norte", en referencia a 112. Total, que si no recordamos a estas personas así, rebuscando en viejas fuentes, sus nombres y sus recuerdos terminarán por perderse para siempre. Desgraciadamente no hemos podido encontrar una imagen de esta venerable señora.

Por Jorge García
Maldita Hemeroteca
Fuente. Archivo de Ultramar.
Inclán Lavastida, "Historia de Marianao".