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| En la calle Manifestación, en Zaragoza, hay una placa que lo recuerda. |
Allí, Martí escribe y publica el libro "La República Española ante la Revolución Cubana", y además termina sus obras "La adúltera" y "Amor con amor se paga". Por otro lado se adentró en el mundo de la filosofía, se interesó en el transcendentalismo del filósofo alemán Krause, relacionando a este con el filósofo norteamericano Emerson.
Ambos filósofos fueron verdaderamente admirados por Martí. Además colaboró con el Diario de Avisos, participó en diferentes actos sociales. En uno de ellos conoce a Blanca de Montalvo, de la cual se enamora.
Con Blanca, tuvo un amor intenso y apasionado, aunque no llegó a haber matrimonio ni fue una relación formal a largo plazo. A Blanca Martí le dedicó uno de sus cuentos, "Hora de la lluvia", al que tituló “A mi Blanca”, como muestra del amor que le tenía. Estamos hablando de entre 1873 y 1874. Blanca acabaría casándose con el doctor José Simeón Pastor y Pellicer, sin embargo al primogénito lo nombró José.
PARA ARAGON EN ESPAÑA
"El castigador", como llama a Martí un amigo nuestro, le dedicó también un poema a la ciudad de Aragón, el cual introduce en su obra Versos Sencillos. Como se conoce, durante su estancia en prisión en la Habana sufrió de Sarcocele en un testículos, por el que tuvo que ser operado dos veces en Zaragoza. En fin que para Martí esta ciudad le marcó personalmente, sirviendo de inspiración para sus poemas y una etapa importante de su salud, amores y vida en general.
PARA ARAGON EN ESPAÑA
Para Aragón, en España, tengo yo en mi corazón un lugar todo Aragón, franco, fiero, fiel, sin saña.
Si quiere un tonto saber por qué lo tengo, le digo, que allí tuve un buen amigo, que allí quise a una mujer.
Si quiere un tonto saber por qué lo tengo, le digo, que allí tuve un buen amigo, que allí quise a una mujer.
Allá, en la vega florida, La de la heroica defensa, por mantener lo que piensa juega la gente la vida.
Y si un alcalde lo aprieta o lo enoja un rey cazurro, calza la manta el baturro y muere con su escopeta.
Y si un alcalde lo aprieta o lo enoja un rey cazurro, calza la manta el baturro y muere con su escopeta.
Quiero a la tierra amarilla que baña el Ebro lodoso: Quiero el Pilar azuloso de lanuza y de padilla.
Estimo a quien de un revés echa por tierra a un tirano: Lo estimo, si es un cubano; lo estimo, si aragonés.
Estimo a quien de un revés echa por tierra a un tirano: Lo estimo, si es un cubano; lo estimo, si aragonés.
Amo los patios sombríos con escaleras bordadas; amo las naves calladas y los conventos vacíos.
Amo la tierra florida, musulmana o española, donde rompió su corola la poca flor de mi vida.
Amo la tierra florida, musulmana o española, donde rompió su corola la poca flor de mi vida.
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| “Aquí vivió José Martí en esta ciudad”. Una placa en la fachada del número 13 de la calle de la Manifestación recuerda que allí se alojó el joven de 20 años recién llegado a Zaragoza en 1873. |
Decía el maestro que el ambiente de la capital de España le ofrecía demasiados atractivos y distracciones como para poder enfocarse en los estudios. Por eso fue que se marchó a la fría Zaragoza desde mayo de 1873 hasta noviembre de 1874, periodo en el que cursó las diez asignaturas que le faltaban para obtener su título de Filosofía y Letras y, además, el de Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras por ese centro de estudios.
Tenía apenas 20 años de edad.
Su expediente académico se conserva en el Archivo de la institución académica zaragozana, donde existe un busto en su honor y en él aparecen las respectivas asignaturas, así como los temas que desarrolló. Para obtener el grado de Derecho, Martí defendió un tema muy significativo de su vocación política, "La oratoria política y forense entre los romanos. Cicerón como su más alta expresión".
Por cierto, su gran amigo Fermín Valdés, que también residía entonces en aquella ciudad, describió a Blanca de Montalvo en su obra “Ofrenda de hermano” como “una blonda, bella y distinguida señorita a quien José Martí amó“. Agregó que “Blanca le preparaba a José Martí infusiones de violetas para curar la tos y la tristeza, esperanzada de que la idea de Martí de regresar a Cuba se fuera debilitandose poco a poco”.
Maldita Hemeroteca

