Si lee un poco sobre la vida de José Martí, sobre todo en estos tiempos de enfermedades raras, podrá observar como dos grandes hombres de nuestra historia coincidieron en tiempo y lugar, sin embargo vidas nunca se cruzaron, es que ni siquiera estuvieron al tanto el uno del otro. Martí y el doctor Carlos Juan Finlay Barres.
A los cuarenta y dos años de vida José Martí ya era un monstruo intelectual, no es secreto para nadie. Fue abogado de profesión y, aunque su vida política se centró en la organización de la guerra contra España, tuvo tiempo suficiente para dedicarse a la literatura como escritor, poeta, orador y periodista. Martí escribía de todo y para todos, hasta del beisbol y del futbol americano que vio practicar en la ciudad de New York.
Fue un observador profundo de su época y, por eso mismo, un visionario capaz de vislumbrar el futuro y proyectar al porvenir su pensamiento sobre innumerables temas de la realidad política, económica, social o científica. Y es aquí donde queríamos llegar, porque en un sentido integral el tema de la medicina le acompañó durante gran parte de su vida.
Primero como algo íntimo y más tarde como una práctica primaria, concreta durante su vida de campaña en Cuba. Ahí están recogidas están las diversas temáticas médicas abordadas en sus artículos periodísticos.
Por ejemplo sobre la fiebre amarilla, que en el siglo XIX y principios del XX acabó con miles de vidas en Cuba, el doctor Carlos J Finlay había señalado al mosquito como probable vector de transmisión en la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington, celebrada en febrero de 1881.
Por ejemplo sobre la fiebre amarilla, que en el siglo XIX y principios del XX acabó con miles de vidas en Cuba, el doctor Carlos J Finlay había señalado al mosquito como probable vector de transmisión en la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington, celebrada en febrero de 1881.
Ya para el catorce de agosto de ese mismo año fue presentada en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana con el título: "El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla". En cambio todo indica que para tiempo, Martí se encontraba en Venezuela y nada supo al respecto.
La prueba es que entre el once y el doce de noviembre de 1881 hizo apuntes sobre los logros conseguidos por el científico Francés Louis Pasteur y al respecto publicó lo siguiente:
"Pasteur ha hecho, y comunicado ante el Congreso Médico en Europa, utilísimos descubrimientos sobre los gérmenes de las enfermedades. Ahora estudia los gérmenes de la fiebre amarilla. Sábese que los insectos son porta epidemias.
Es creciente entre médicos la creencia de que los mosquitos y otros animalillos de su especie transmiten y diseminan las enfermedades contagiosas: un buen médico de Georgia publica ahora hechos que estima pruebas de la agencia activa de los mosquitos e insectos semejantes en el desarrollo de la fiebre amarilla...¿Cuándo se descubrirá la inoculación contra la fiebre amarilla?". (...)
Esto demuestra que Martí no estaba al tanto de los logros alcanzados por su paisano, cosa rara tratándose de que Finlay era muy famoso internacionalmente. La fiebre amarilla no era endémica en Europa, con lo cual desde la llegada de los primeros esclavos desde Africa causó sus primeros estragos, en tanto que los mismos españoles la exportaban hacia otros territorios a través de sus sus expediciones.
Y ya no hablemos del daño causado a sus tropas acantonadas en la isla en el siglo XIX. De hecho murieron muchos más soldados españoles por las fiebres que caídos en combate. El vómito negro o Modorra pestilencial, como también se le conocía desde el siglo XV, fue erradicada de Cuba en el año 1901. No obstante, según estadísticas del propio Finlay, ese mismo año se contagiaron mil trescientos casos y de ellos fallecieron trescientos veintidós
DE SALUD DEBIL
José Martí fue un hombre de una precaria salud. Según el libro publicado por el neurocirujano cubano Ricardo Hodelín Tablada, "Enfermedades de José Martí", aparece una relación bastante completa de sus padecimientos. Por ejemplo a la temprana edad de 18 años se le diagnostico sarcoidosis, formación de pequeñas acumulaciones de células del sistema inmunitario en cualquier parte del cuerpo que en su caso fue en un testículo.
"Pasteur ha hecho, y comunicado ante el Congreso Médico en Europa, utilísimos descubrimientos sobre los gérmenes de las enfermedades. Ahora estudia los gérmenes de la fiebre amarilla. Sábese que los insectos son porta epidemias.
Es creciente entre médicos la creencia de que los mosquitos y otros animalillos de su especie transmiten y diseminan las enfermedades contagiosas: un buen médico de Georgia publica ahora hechos que estima pruebas de la agencia activa de los mosquitos e insectos semejantes en el desarrollo de la fiebre amarilla...¿Cuándo se descubrirá la inoculación contra la fiebre amarilla?". (...)
Esto demuestra que Martí no estaba al tanto de los logros alcanzados por su paisano, cosa rara tratándose de que Finlay era muy famoso internacionalmente. La fiebre amarilla no era endémica en Europa, con lo cual desde la llegada de los primeros esclavos desde Africa causó sus primeros estragos, en tanto que los mismos españoles la exportaban hacia otros territorios a través de sus sus expediciones.
Y ya no hablemos del daño causado a sus tropas acantonadas en la isla en el siglo XIX. De hecho murieron muchos más soldados españoles por las fiebres que caídos en combate. El vómito negro o Modorra pestilencial, como también se le conocía desde el siglo XV, fue erradicada de Cuba en el año 1901. No obstante, según estadísticas del propio Finlay, ese mismo año se contagiaron mil trescientos casos y de ellos fallecieron trescientos veintidós
DE SALUD DEBIL
José Martí fue un hombre de una precaria salud. Según el libro publicado por el neurocirujano cubano Ricardo Hodelín Tablada, "Enfermedades de José Martí", aparece una relación bastante completa de sus padecimientos. Por ejemplo a la temprana edad de 18 años se le diagnostico sarcoidosis, formación de pequeñas acumulaciones de células del sistema inmunitario en cualquier parte del cuerpo que en su caso fue en un testículo.
Producto de esta enfermedad, derivaron otras, como afectaciones oculares (que presentan entre el 25% y 30% de los diagnosticados de sarcoidosis). También padeció afecciones en el sistema nervioso, afectaciones cardíacas y estados febriles, todo probablemente por ese padecimiento.
Martí presentaba un sarcocele (tumor de testículo, de tipo quístico), con abundancia de líquido alrededor. Para aliviar su padecimiento, los médicos procedían a puncionar el propio testículo para así disminuir el tamaño del tumor y con ello el dolor, pero al poco tiempo reaparecía el líquido y se reiniciaba el ciclo. Finalmente fue operado por el Dr. Francisco Monte de Oca, que le realizó una exéresis total del testículo extirpando así el tumor.
Pero regresando a la fiebre amarilla, la cual tuvo suerte de no contagiarse en el poco tiempo en que estuvo en la manigua Cubana, si es cierto que aunque estaba al tanto de los logros de Pasteur, no se encuentra ninguna referencia suya al eminente científico Cubano. Observe esta otra reseña que demuestra esta curiosidad histórica...
Pero regresando a la fiebre amarilla, la cual tuvo suerte de no contagiarse en el poco tiempo en que estuvo en la manigua Cubana, si es cierto que aunque estaba al tanto de los logros de Pasteur, no se encuentra ninguna referencia suya al eminente científico Cubano. Observe esta otra reseña que demuestra esta curiosidad histórica...
"Pasteur en Francia y Carmona del Valle en México, y un observador, Miguel, entre muchos otros, están probando cómo el vómito y el cólera entre los hombres, y la epizootia y enfermedades semejantes entre los animales, se propagan por la existencia en el aire que respiramos de animálculos invisibles y envenenadores (...).
Maldita Hemeroteca
Fuente: "El Apóstol". Andalucía España. Martí J. Insectos. En: José Martí. Obras Completas. La Habana: Instituto Cubano del Libro; 1973. p. 430-432.
Maldita Hemeroteca
Fuente: "El Apóstol". Andalucía España. Martí J. Insectos. En: José Martí. Obras Completas. La Habana: Instituto Cubano del Libro; 1973. p. 430-432.
