Resultó curioso que siendo el 1940 el año en que echó a andar una de las constituciones más reformistas y adelantadas del mundo en Cuba, se haya producido la proliferación de bandas de pistoleros que, bajo el rótulo de "revolucionarios" cubrieron de sangre las calles de la capital y de luto a numerosas familias.
En los sucesos de Orfila, ocurridos ese mismo año, perdieron la vida Emilio Tro, un ex integrante del ejercito de Estados Unidos durante la primera guerra mundial, y otras cinco personas. Fue un estallido violento que estuvo precedido por varios atentados realizados entre su organización y los seguidores de otro de los cabecillas, Orlando León Lemus, más conocido como "El Colorao".
Entre Emilio Tro y Mario Salabarría existía una enconada enemistad de la que Grau no era ajeno, cuyos orígenes se remontaban a las luchas estudiantiles universitarias de 1938 a 1944. Entonces, el cinco de septiembre de 1947, personas no identificadas desde un camión acribillaron a balazos el auto oficial de Emilio Tro. Como represalia, el doce del propio mes, hombres de Tro asesinaron en el barrio del Vedado, en La Habana, al capitán Rafael Ávila, quien presuntamente se encontraba involucrado en el citado intento contra Tro.
El quince de septiembre, Emilio Tro, con algunos de sus colaboradores, se encontraban en la residencia del comandante Antonio Morín Dopico, jefe de la policía de Marianao, ubicada en el Reparto Orfila, cuando al mediodía fuerzas al mando del comandante Mario Salabarría rodearon el domicilio e hicieron fuego desde diversas posiciones con armas de varios calibres.
En la casa fueron masacrados Arcadio Méndez y Alberto Díaz. El primero a manos de José Fallat, alias El Turquito, y el segundo por el capitán de la policía Mariano Miguel, mientras que el chofer de Tro, Manuel Villa Yedra, resultó herido, pero logró sobrevivir. Este hecho fue relatado por un testigo de la siguiente manera:
Ahora se entiende porque Fulgencio Batista se tuvo que refugiar con su familia en Daytona Beach, en la Florida, cuando perdió las elecciones de junio de 1944 ante Grau San Martín. En fin, que el panteón donde yacen las víctimas de aquel luctuoso día se encuentra en el cementerio de Colón en La Habana.
Dentro de la casa estaban Emilio Tro y sus compañeros, Alberto Díaz, Arcadio Méndez, Luis Padierne y Villa Lledra, además del comandante Morín y su esposa, la señora Aurora Soler Amor que se encontraba embarazada, su hija de diez meses (herida a sedal en el vientre) y la empleada doméstica de la casa, la señora Basilisa Ordóñez.
El policía Mariano Puertas, que fue el primer asesinado, no se encontraba en la vivienda sitiada, sino que al escuchar por radio los acontecimientos se dirigió a Orfila para ayudar a Morín Dopico y a Tro, de quienes era amigo.
Pese a la cercanía de los sucesos con Columbia, sede del Ejército en Cuba, los militares no recibieron autorización para intervenir hasta bien entrada la tarde.
Los simpatizantes de Tro que se acercaron al Palacio Presidencial para solicitar del presidente Ramón Grau San Martín que detuviera la refriega, no fueron recibidos porque éste alegó estar enfermo. Después de más de tres horas de pelea, los sitiados obtuvieron un alto al fuego coincidiendo con la llegada del ejército. A veces nos da por pensar que a excepción del tirano Fidel Castro, Grau fue de lo peor que le pudo pasar a Cuba.
El primero en salir fue Morín, que llevaba en brazos a su hija herida. Detrás le siguió Aurora Soler, también herida, ayudada por Emilio Tro. Cuando los atacantes los ven en plan rendición abrieron fuego y dieron muerte a casi todos los sitiados. Los únicos sobrevivientes fueron Villa Lledra, el chofer de Tro, la empleada Ordoñez, y Morín Dopico y su hija.
“...los soldados y policías que se encontraban frente a la casa, acompañados del teniente del Ejército, De la Osa, ayudante militar de Fabio Ruiz, se lanzaron al suelo instintivamente. Una ráfaga de ametralladora abatió a la Sra. Soler, quien se encontraba en avanzado estado de gestación y que se desplomó mortalmente herida. Emilio Tró generosamente abandonó toda precaución y con ayuda de un policía trató de levantarla de la acera.
Ahí mismo recibió 18 mortales balazos. Luis Padierne, el policía, saltó sobre él y cayó dos pasos más allá tras varios disparos en el vientre. Manuel (Manolo) Villa recibió dos graves heridas de bala, que lo dejaron cojo por el resto de su vida, pero salvó la vida.
La matanza fue recogida en film por Eduardo “Guayo” Hernández, pero su proyección fue prohibida por Alejo Cossío del Pino después de haber sido pasada una sola vez por la pantalla del cine Fausto [y en el cine Arenal, en Calzada de Columbia (Avenida 41) y la calle 30, en el reparto la Sierra, donde yo la vi. Robert A. Solera].
Después que la batalla de Orfila hubo terminado, Fabio Ruiz se apareció allí amenazante blandiendo una pistola. Salabarría fue detenido por el coronel Oscar Díaz, quien, al registrarlo, le encontró la suma de $13,548 escondidos en los zapatos y que se negó a declarar su procedencia”.
Tal vez la mejor valoración de la personalidad de Emilio Tro y de su actuación en el complicado tejido de la política y las organizaciones gansteriles del aquel período, proviene del senador Eduardo Chibás, quien pocos días después de los sucesos de Orfila, en discurso pronunciado en la ciudad de Holguín afirmaba lo siguiente:
«Emilio Tro, que peleó en Normandía y Alemania, en los ejércitos del general Patton, donde obtuvo por su valentía las más altas condecoraciones, padecía de psicosis de guerra.
Condenamos los hechos de sangre realizados por el comandante Tro, pero reconocemos que no mataba por la espalda ni asesinaba mujeres, ni robaba, ni estaba envuelto en las especulaciones de la Bolsa Negra, a las que siempre combatió (...)
Fue generoso, pues cuando era más intenso el tiroteo de la banda de Salabarría contra la casa de Morín Dopico, el comandante Tro se empeñó en salir al portal para suicidarse y salvar así a los otros ocupantes de la casa. Morín Dopico se lo impidió».
Los sucesos de Orfila desencadenaron una ola de violencia entre grupos gansteriles, que tuvo entre sus hechos más connotados los atentados fatales contra Rogelio Hernández Vega (Cucú) y Manolo Castro en 1948, así como el cometido contra el ex secretario de obras publicas y concejal de la Habana, Alejo Cossio del Pino en 1952.
En los comicios de junio de 1948 Carlos Prío resultó ganador frente a su rival del Partido Ortodoxo, Eduardo Chibás. El «Presidente de la Cordialidad» prometió que durante su gobierno no existirían presos políticos ni exiliados. Cumplió con su palabra. Batista regresó con un acta de Senador por la provincia de Las Villas y el resto es historia. En 1952 Batista mancilló una constitución que nunca ha podido recuperarse hasta hoy, veinte de noviembre del 2025.
Fuentes: Espacio Laical, Revista Bohemia año 39, No. 38, septiembre de 1947. Mario G. del Cueto. «Unión Insurreccional Revolucionaria». Bohemia, n. 24, 15 de junio de 1947, p. 52-55. Antonio R. De la Cova. Entrevista con Vidal Morales Rodríguez, Latin American Studies, Miami, 6 de abril de 1990. Luis Conte Agüero, Eduardo Chibás, el adalid de Cuba, Editorial Jus, México D. F., 1955, p. 529
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