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| José Martí en 1887 con su hija María Mantilla. // |
Los cubanos solemos llamar a José Martí "El Apóstol", pero ¿por qué? si por apóstol se conoce a un profeta o emisario de Dios. Esa fue la denominación que recibieron los doce discípulos que tenían la tarea de difundir la palabra divina y ejercer el magisterio, y para eso Dios los dotó de un carisma divino.
Apóstol es un vocablo de origen griego que hace alusión, precisamente, a una facultad divina otorgada a los hombres para fascinar a las personas e influir en ellas con su verbo. El turco Pablo de Tarso, que no era uno de los apóstoles originales dado que vivió varias décadas más tarde, fue llamado "el apóstol de los gentiles".
Tarso llevaba a los no judíos la buena nueva de la llegada del Mesías y del surgimiento de una religión salvífica: el cristianismo. Su carisma, según la tradición, era tan poderoso que generaba conversiones. Se ha dicho incluso que sin el don de su palabra y el poder de convencimiento, el cristianismo no hubiera trascendido. Entonces...
--¿Qué buena nueva traía Martí?
--¿Qué buena nueva traía Martí?
--¿Acaso el establecimiento de la República?
--¿De qué religión era apóstol este talentoso escritor de la segunda mitad del siglo XIX?
--¿Cuándo comenzó a ser percibido como un apóstol?
--¿Tal vez en New York, cuando ya había madurado intelectualmente?
Hoy sabemos de sobra que sino hubiera sido por él, por entender que había llegado el momento de organizar un nuevo levantamiento, de hacérselo saber y sobre todo creer a la gente, y de arrancarle lo más preciado de los cubanos en ese exilio, el dinero, Cuba hubiera seguido siendo española hasta que Madrid decidiera lo contrario.
Y fíjese que hablamos de un hombre que no fue mambí en la guerra de los diez años, que aunque muere joven en 1895 a los 42 años ha vivido toda su vida fuera de Cuba prácticamente, que podría suponerse además que salvo una estancia en La Habana en 1878 tras la Paz del Zanjón, en la isla se le conocía muy poco y le habían leído menos, dado que su obra se desarrolló en el exilio. ¿Es o no llamativo?
Un hecho concreto, y ahora no recuerdo bien donde fue que lo leí una vez, fue que a fines del XIX el ingeniero colombiano Ignacio Medrano Fonseca, que regresaba de Europa donde había estudiado la carrera de minas en Alemania, su barco hizo escala en New York. Allí conoció a un cubano que residía en la misma casa de huéspedes.
Este cubano le invitó a acudir a una velada patriótica, donde Martí daría uno de sus discurso con la finalidad de captar adeptos a la insurrección contra España. Medrano fue a la velada, y al escucharlo fue tal el impacto que le produjo que el diecinueve de diciembre de 1896, ya estaba desembarcando en Cuba en el vapor Dauntless.
Incluso, hasta el tirano Fidel Castro, uno "que lo volvió a matar" apropiándose de su figura y lo que es peor aún, suplantando su altura. Así nos va en Cuba ahora. Pero de lo que no cabe ninguna duda es que José Martí y Pérez - más que apóstol - fue el más grande y extraordinario de los cubanos.
Viajó junto a otros treinta y ocho expedicionarios, entre ellos el italiano Orestes Ferrara nada mas y nada menos. Habían sido recogidos en el cayo Pine, donde habían llegado tras el fracaso del vapor Three Friends. Llegó a teniente coronel luchando en La Guerra de Independencia junto al general Antonio Maceo y Grajales. Un hecho como ese amigo lector, solo lo consiguen los elegidos, los apóstoles.
Es más, cuando en la casi estrenada republica Estrada Palma renuncia y cuba queda sin gobierno, y luego en el 1933 Gerardo Machado cae y se queda entonces sin estado, bien por sus excesos y atropellos como también por la violencia de aquellas bandas totalmente influenciadas por prédicas socialistas y fascistas, algo que nunca se dice, a los cubanos no nos queda de otra que echar mano de su figura.
Fue así que surgieron la Fragua, el punto de peregrinación en las Canteras de San Lázaro, el Museo, la imponente tumba que levantó el entonces presidente Carlos Prío en el cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, y luego Fulgencio Batista con la no menos fastuosa Plaza Cívica, todo como forma de "llamar a capitulo" a los que tenían sumida a Cuba en un verdadero caos.
Jorge García
Maldita Hemeroteca
NOTA AL MARGEN
No solo Rogelio Castillo Zúñiga quien llegara a ser inspector general del ejército libertador, además de Medrano otros colombianos se sintieron subyugados por la causa cubana y en especial por Martí. Fueron varios los que viajaron a Cuba para unirse al ejercito libertador, como por ejemplo el teniente coronel Martin Sierra, natural de Cali, que se batió heroicamente en el ataque a Jiguaní.
También el comandante Heriberto Duque, uno de los héroes de Jimaguayú, así como Rafael Díaz Morkum, que peleó también bajo las ordenes del Titán de Bronce. Este fue otro de los que a su regreso a Colombia participó en la guerra de los "mil días", la misma donde murió Avelino Rosas.
Avelino Rosas, el león de Cauca, se vino a Cuba en el vapor Hawkins junto a Calixto García en 1896, y con el tiempo se convirtió en el rey de la Ciénaga de Zapata. Allí, al amparo de los humedales y los mosquitos, escondía a los mambises heridos. Finalmente agregar que el teniente coronel Ignacio Medrano Fonseca falleció en Miami el seis de junio de 1968, y sus restos están sepultados en el Cementerio Flagler Memorial Park, junto a los de su esposa Paulina.
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Hablando de Medrano, vea la increíble historia de su hijo, el pinareño Humberto Medrano Cervera, durante un encuentro con el ya soberbio pichón de dictador, Fidel Castro.
