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GARROTE VIL : QUIEN A HIERRO MATA A HIERRO MUERE


Según el doctor Antonio Barrera, gran historiadores de este macabro implemento de muerte en Cuba, el garrote vil se instauró en la isla como método de ejecución, allá por el 1812. Antes de esto los condenados morían decapitados, por el llamado pistoletazo e incluso la ahorca, es último era un método ofrecía dantescos espectáculos. 

Fue así como "romperle las vértebras cervicales al criminal, resultaba más limpio y más rápido". El gobernador general Juan Ruíz de Apodaca, fue el encargado de hacérselo saber a todos los cubanos. En ese momento de levantaron dos en toda la isla, una en la Habana y otro en Puerto Príncipe, actual Camaguey. 

El primer verdugo que operó este instrumento en Cuba fue el negro Valentín Luis Rodriguez, que agarrotaba a los condenados en la cárcel de la Habana por un salario de seiscientos pesos mensuales, más cuarenta y ocho reales de plata por cada agarrotado. Así estuvo hasta el 1895.  No sabemos si los señores Luis de Ayestarán, Ramón Pintó, Ramón Goicuría o Narciso López, entre tantos otros opositores, pasaron por sus "hábiles manos". 

Dicho esto...

El 21 de febrero de 1951 se alzó bandera negra en la cárcel de Capuchinos de Palma de Mallorca. El siniestro flamear anunciaba que se había cumplido la ejecución del menorquín Pedro Tudurí Vidal, convicto de tres asesinatos.

El hombre que había manejado el garrote vil para acabar con la vida del reo era Florencio Fuentes Estébanez, el verdugo titular de la Audiencia de Valladolid, desplazado a la isla para la ocasión. Fue la última ejecución en Mallorca y una de las últimas en España.

Garrote
El garrote (garrote vil popularmente) lo estableció Fernando VII en 1832. La pena de muerte en España fue abolida definitivamente, incluso del Código Militar, en 1995. En el ámbito del código civil, ya estaba suprimida por el artículo 15 de la Constitución Española de 1978.


Pedro Tudurí Vidal, un menorquín de 40 años que había llegado a Mallorca con su mujer en busca de un futuro mejor y que acabó matando a tres personas, a las que descuartizó y calcinó en un horno de la tintorería donde trabajaba. Con su esposa alquiló un piso de la calle Donaire y después otro de la calle Emitaño. Allí conoció a su casero, Bernardo Ramis. Pero se obsesionó con que este mallorquín se entendía con su esposa.

Los celos eran infundados, pero llegaron a obsesionar al panadero, que decidió tomarse la justicia por su mano y dar una lección al adúltero. Lo citó en la tintorería y lo atacó brutalmente con una barra de hierro, con la que le golpeó de forma repetida en la cabeza. Tras matarlo, lo arrastró hasta la caldera y calcinó el cuerpo. Antes lo descuartizó, para facilitar la operación.

Luego, hizo creer a todo el mundo que el casero se había tenido que ir urgentemente a Barcelona. Tudurí montó después una bodega y como el negocio no funcionaba lo traspasó a Marcial Jiménez Muñoz, un vecino de Palma que se había interesado por aquella aventura empresarial.

Las cosas no fueron bien y ambos acabaron discutiendo. Tudurí, como había hecho con Benardo Ramis, lo citó en la tintorería y lo mató con la barra de hierro. Pero la mujer de Marcial, Valentina Armijo, sabía que su marido se había citado con él en el local, por lo que contactó con ella y quedaron, de nuevo, en la tintorería de la muerte.

Allí, con macabra precisión, le dio también muerte a la mujer. En los tres casos propagó el rumor de que se marchado a vivir a Barcelona, pero ya eran demasiadas desapariciones y la policía comenzó a sospechar. El juicio sumarísimo contra Tuduró acabó en una pena capital para él, que siempre proclamó su inocencia.

El 23 de octubre de 1948 se leyó la sentencia y el 21 de febrero de 1951 un verdugo llamado Florencio Fuentes Estébanez llegó a Palma con su siniestra bolsa, donde llevaba sus artilugios para aplicar el garrote vil. Diez testigos presenciaron la muerte programada del preso, la última a garrote vil que se celebró en Mallorca. Tudurí no se derrumbó y, hasta el final, negó los crímenes.

Esta historia fue tomada de Ultima Hora.es