BREAKING

10/recent/ticker-posts

PÌNOCHET SÍ PERO VIDELA NO: LA DOBLE VARA DE MEDIR DE FIDEL CASTRO.

Le llamaban "La Pantera Rosa" por el parecido físico con el dibujo animado. Se convirtió en el Jefe del Estado Mayor Conjunto en 1975 y luego llegó a Comandante General del Ejército con el Gobierno de María Estela Martínez 'Isabelita' de Perón.

Un reporte de AP afirmó que el Gobierno de Estados Unidos conocía los planes golpistas argentinos liderados por el general Jorge Rafael Videla en contra Isabel Perón en 1976, un hecho que desató en el país una bestial cacería que se saldó con la vida de miles de personas, una brutal represión que aparece confirmada por el propio Videla en el libro "Disposición Final" de 2012.

Los documentos pertenecientes a la organización "Archivo Nacional de Seguridad" (NSA, en inglés), apuntaban al entonces embajador estadounidense en Buenos Aires, Robert Hill, como la figura central de esta movida, al mantenerse en contacto con los golpistas desde principios de ese año. En concreto, Hill sostenía estrechos contactos con el almirante golpista Emilio Eduardo Massera, uno de los líderes de la Junta Militar de Videla. 

Los documentos también indican que Hill elaboró un informe a mediados de febrero, en el cual le informaba de los planes golpistas para el entonces secretario de Estado de EE UU, Henry Kissinger, un mes antes de la asonada del 24 de marzo", aseguró el reporte. En cambio....

Conexión Castrista

Lo sorprendente aquí fue que otra agencia, la alemana DW, también reportó que Videla supo buscar en la figura del dictador cubano Fidel Castro, y su influencia en otros estados izquierdistas de la región, otro tipo de aliado a pesa de representar regímenes tan dispares ideológicamente. 

La web Desclasificación, del ministerio argentino de Exteriores, publicó en 2014 un total de setenta documentos procedentes de la embajada argentina en La Habana, que demostraban el apoyo recíproco que funcionó entre estos dos violadores de los derechos humanos, la mayoría firmados por el entonces embajador argentino Raúl Medina Muñoz. 

Estos documentos refieren, por ejemplo, al apoyo de Jorge Videla a Fidel Castro en la ONU para que Cuba ingresara al Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A cambio, la Habana apoyaría a la junta Argentina para que fuese reelegida en el Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC). Con razón el tema Pinochet en Chile era foco de la prensa cómplice en Cuba, y no lo que estaba sucediendo en la Argentina y que nada sabían los cubanos.
 
Entre los documentos se encontraba un cable diplomático clasificado como “secreto y muy urgente”, firmado por Fernando Ricciardi, del Departamento de Organismos Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina.

Cinco meses después, en septiembre de 1977, el embajador argentino en La Habana, Francisco Molina Salas, envió otro cable, igual de secreto, con la comunicación del objetivo cumplido: “Oficializado el apoyo cubano a ECOSOC”.

Silencio cómplice

Así fue como el mundo entendió porque el Castrismo nunca se atrevió a alzar su voz en contra de la brutal dictadura de Videla, que secuestró e hizo desaparecer a cientos, quizás miles, arrojándolos vivos al mar en los denominados 'vuelos de la muerte'. Además de los cientos de robos de bebés.

Fue tal la componenda entre estos dos asesinos, que los representantes de Castro en el Comité de Derechos Humanos de la ONU con sede en Ginebra, jamás votaron las resoluciones de denuncia a la dictadura de Videla. En el caso de los argentinos fue igual, les devolvieron la gentileza absteniéndose de votar en contra del régimen de la Habana.

Incluso Fidel Castro ofreció a los militares argentinos material bélico y tropas para sumarse a la delirante Guerra de las Malvinas, donde Argentina perdió abrumadoramente contra Gran Bretaña en el intento por recuperar la posesión de un archipiélago que consideraban suyo. Nada de esto se supo oficialmente dentro de Cuba. 

Declaro entre 7 y 8 mil muertos, aunque existen informes que apuntan hasta 30 mil desaparecido

Videla estuvo al frente del gobierno de la Argentina durante cinco tétricos años, desde 1976, los dos primeros como golpista, y luego hasta el 1981 como presidente de facto y con todos los poderes adjudicados. Nada más parecido a su amigo caribeño, salvando la economía claro. 

Tenga en cuenta que Videla, entre muchos crímenes cometidos desató la quema de libros considerados subversivos, como por ejemplo los de García Márquez y los de Pablo Neruda, todo dentro de la "Operación Claridad", mientras que encarcelaba - y también desaparecía - a decenas de intelectuales, artistas y opositores. 

El supuesto pago de favores

Algunos entendidos sostienen que fue Perón quien los envió a Cuba, pero lo cierto fue que en las calles cubanas y como por arte de magia comenzaron a aparecer coches norteamericanos de factura moderna ensamblados por la Chrysler en el país austral, y al precio de 2,300 dólares por unidad. Toda una ganga. 

Modelos como el Chevrolet Chevy, el Fiat 125P, el Dodge 1500, el Peugeot 404 y el Ford Falcon, fueron utilizados en la isla como servicio de transporte y como premios a funcionarios, médicos e investigadores destacados, aquellos que la dictadura entendía eran merecedores de estas "novedades tecnológicas" dentro del vetusto y menguado parque automovilístico de antes de 1959.

En el 2012 el general Videla fue juzgado y en ese proceso admitió que en la última dictadura militar, entre 1976 y 1983, se asesinaron de "siete a ocho mil personas" además de los robos de bebés. Con la llegada de la democracia y elegido el presidente Raúl Alfonsín, Videla fue condenado a cadena perpetua en diciembre de 1985.

Sin embargo, fue amnistiado por el presidente Carlos Menen al cabo de cinco años, gracias a la llamada ley de Punto Final. En octubre de 1998 volvió a ser denunciado y detenido por el rapto de niños nacidos en cautividad durante su mandato. Les robaban los bebes a las detenidas embarazadas, un delito que no se contemplaba en las medidas de amnistía política de los años 1989 y 1990. 

Por su avanzada edad se le concedió arresto domiciliario hasta que, en 2008, a causa de la gravedad de las imputaciones que pesaban sobre él, hubo de ingresar de nuevo en prisión y, luego de cuatro años encarcelado en la base militar de Campo de Mayo, fue trasladado al penal de Marcos Paz donde falleció a los 87 años.

Maldita Hemeroteca