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EL GALLEGO DE PURA CEPA: GUILLERMO CID


Gallego de pura cepa fue el funcionario Castrista Guillermo Cid Rodriguez, que había sido dueño de varias fincas en la zona del Cotorro, en la Habana, y ejecutivo del banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC), entidad fundada en Cuba en 1950 dos años antes de que Fulgencio Batista diera el golpe de estado.

En su edición del viernes siete de septiembre de 1951, El Diario de la Marina publicaba que el BANFAIC era “el primer gran esfuerzo por darle al campesino criollo la fuente de crédito indispensable para independizarlo de intermediaciones onerosas y casi siempre absorbentes de la riqueza de nuestro suelo, que vendría a democratizar el crédito, y a darle un contenido social y humano a las finanzas”.

Así lo había expresado el Dr. Felipe Pazos en su discurso en Contramaestre el diez de octubre de 1951. Duró bastante poco, hasta marzo de 1960 cuando sus funciones fueron reasignadas al Departamento de Crédito Agrícola e Industrial (DECAI), perteneciente al Instituto Nacional de Reforma Agraria Castrista INRA.

A pesar de que Castro se lo quitó todo, este Guillermo Cid prefirió ser parte activa de aquella futura tiranía. De hecho, fue nombrado por el propio Ernesto Guevara asesor técnico de la Unidad Experimental Industrial y Agropecuaria Ciro Redondo, en Jovellanos, Matanzas, un rollo de medicina verde y forraje animal que no recordamos muy bien ahora.

Corría el año 1964, cuando este gallego formó parte de una delegación diplomática castrista de visita en España, que de más está decir que no tuvo ningún inconveniente por parte de las autoridades Franquistas.  (Su hijo, Greco Cid Lazo, participó en la búsqueda de los restos de Guevara en Bolivia).

Mucho menos cuando decidió "visitar la aldea" que lo vio nacer. Imagine el panorama, una delegación diplomática cubana representando la izquierda más extremista que había conocido el nuevo mundo, visitando un país con una dictadura de extrema derecha como la del generalísimo Franco. Sin embargo nada pasó.

Al Caudillo no le importó en lo más mínimo que Cid se reuniera con dos de sus hermanos, a los que no veía hacía más de veinte años. Pero lo curioso de esta historia es que todos coincidieron en casa de un primo común que tenían en Madrid, que en esos momentos era un alto cargo en la OSE, el sindicato franquista de aquellos años. Ay amigo, como saben estos gallegos.