Hubo gente con la que Fidel Castro jamás se metió. Por ejemplo con ese de la foto, quizás por admiración o por conveniencia, no lo sé, pero por menos de lo que hizo el general Gregorio Querejeta y Valdés lo pagaron delante de una pared victimas de la "exanguinación".
A Quereja le tocó controlar varios sucesos muy violentos, aunque a decir verdad nunca fueron gente que le interesó a Fidel Castro. Digamos que se supone que debe hacer un gobierno que se respete, si dos mil elementos de todo tipo, desde intelectuales, estudiantes y hasta gánster de la peor calaña, me refiero a los abecedarios, ocuparan varias estaciones de policía y cuarteles?.
De hecho el secretario de gobernación, el nacionalista Antonio Guiteras Holmes, al conocer de la sublevación se tuvo que atrincherar en la fortaleza de La Punta junto con cuatrocientos marines y doscientos seguidores dispuestos a ofrecer resistencia. Con la firma de Grau se decretó el estado de guerra en toda la república.
Como se conoce, el general Gregorio Querejeta fue el primer oficial de raza negra del llamado Ejército Nacional que alcanzara ese alto entorchado, y al igual que Enrique Hernández Nardo; en su caso nombrado por el jefe del ejercito Genovevo Pérez Damera como jefe de la policía.
Por su parte, Batista, para que dirigiera las operaciones militares, llamó al entonces capitán Gregorio Querejeta, recientemente ascendido a finales de septiembre de 1933, para que organizara el ataque al aeródromo.
Al ver que desde el Quinto Distrito nadie venía en su ayuda, los amotinados decidieron entonces huir por la hoy avenida 9ª rumbo al entonces despoblado Monte Barreto. (la zona por donde años después estuviera la embajada de Perú).
Entretanto, Blas Hernández, al frente de varios centenares de abecedarios, intentó tomar el Palacio Presidencial, pero fueron recibidos por ráfagas de ametralladoras calibre 50. Hubo una desbandada y en el pavimento quedaron decenas de heridos.
En la mañana del nueve de noviembre el general Querejeta sitió Atarés e inició el fuego artillero. Antes había ubicado cuatro cañones de montaña 75mm en la Loma del Burro, un mortero de 100mm en la esquina de Concha y Cristina, y un cañón de 37mm en la azotea del Mercado Único. Estas piezas causaron estragos entre los sitiados, sobre todo el mortero, que con un solo disparo mató veinte amotinados.
Ya en la tarde los sublevados comprendieron que toda resistencia era inútil y se rindieron. Leonard se había suicidado y Blas Hernández estaba herido.A este último, ya prisionero, el capitán Mario Alfonso Hernández le remató y, según aseguró Guiteras en el periódico Ahora, el combate del castillo de Atarés dejó 150 muertos y trescientos heridos.
La prensa de la época, entre ella Bohemia, muy dada a los cálculos, aseguró que fueron quinientos muertos y mil quinientos heridos entre ambos bandos.
Aquel levantamiento del 8 y 9 de noviembre de 1933 fue el último gran intento de la oligarquía cubana por recuperar el poder sin pactar con los militares que habían tomado el control del ejército tras la sublevación del 4 de septiembre.
Aquel levantamiento del 8 y 9 de noviembre de 1933 fue el último gran intento de la oligarquía cubana por recuperar el poder sin pactar con los militares que habían tomado el control del ejército tras la sublevación del 4 de septiembre.
La posición de Batista, después del fracaso de la asonada del ABC, se vio fortalecida y el prestigio de Querejeta ni se diga. A partir de aquí, su actuación en el barrio de Marianao - donde residió hasta el fin de sus días - quedó atado a este barrio.
PRIMER GENERAL NEGRO DEL EJERCITO CONSTITUCIONAL CUBANO
Como se conoce, el general Gregorio Querejeta fue el primer oficial de raza negra del llamado Ejército Nacional que alcanzara ese alto entorchado, y al igual que Enrique Hernández Nardo; en su caso nombrado por el jefe del ejercito Genovevo Pérez Damera como jefe de la policía.
Querejeta fue quien comandó las tropas - al frente de los tanques - que pusieron fin a la masacre de la calle ocho, esquina a D en reparto Benítez, en Marianao, ocurrido el 15 de septiembre de 1947 y llevado a cabo por órdenes del comandante Mario Salabarría. Lo de "Calle Orfila" es por una farmacia muy popular que quedaba próxima.
Así mismo el Colorao fue dado de baja por tropas de Lutgardo Martín Pérez en el número 211 de la calle Durege en Santo Suárez. Roberto Meoqui murió victima de la tuberculosis en el sanatorio "La Esperanza", mientras que el Tuquito, fugado de la cárcel del príncipe en el vedado, la Habana, fue ayudado por el matón Policarpo Soler.
Aquel tiroteo en plena vía publica se cobró la vida de Emilio Tro Rivero, entonces el jefe de la Unidad Insurreccional Revolucionaria (UIR), de Aurora Soler de la esposa del comandante Morín Dopico, Aurora Soler, así como su hija Mirían que resultado alcanzada de refilón por uno de los disparos. En total murieron seis personas.
Dopico era jefe de la Policía de Marianao, y en ese momento su esposa se encontraba en avanzado estado de gestación. Víctimas tambien fueron el capitán Arcadio Méndez Valdés, los tenientes Mariano Puertas Yero y Luis Padierne Labrada, y hasta el fotógrafo Alberto Díaz González, que falleció el 27 de enero de 1984.
Varios de los atacantes fueron represaliados después, por ejemplo Los asesinos de Rogelio Hernández Vega, alias Cucú, jefe de la policía secreta, Sandalio Herminio Diaz Garcia, Laureano Alvarez Hernández y Luis Vizoso Blanco, consiguieron huir a Mexico según lo reportó el Diario de la Marina en su edición de agosto 14 de 1948.
Por su parte el comandante Mario Salabarría fue sentenciado a treinta años de prisión en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, y luego vuelto a sentenciar acusado de un supuesto atentado al dictador Fidel Castro. Murió en Miami en el 2014.
El general Gregorio Querejeta Valdés murió en su casa sin que nadie le molestara, mantuvo su perfil bajo al punto de que pocos sabían de quien se trataba. Estamos hablando del barrio de Marianao, a la altura de la avenida 59 y calle 100, mismo lugar donde tenía su residencia Francisco "Panchín" Batista, hermano del general Fulgencio, un político que fue alcalde de aquel municipio por el Partido Acción Unitaria Progresista; y un magnate de los bienes raíces en aquella zona.
El comandante Morín Dopico falleció en aquella misma zona a fines de los 80, y por la misma época su hija Miriam abandonó el país. Puede que usted, si es que acaso vivió cerca de 100 y 51 o calle 98, el hipódromo o la Calera, o por aquella zona en dirección al barrio de Redención o Pogolotti, se haya cruzado con alguno de ellos sin ser capaz de reconocerlo. Quizás en la cola de la Farmacia de 100 y 59. Quien sabe.

.jpg)