La necedad y la tontería van de la mano. Son sinónimos caracterizados a veces por la falta de inteligencia y astucia, pero sobre todo sensatez. En este caso no se trata de un tonto, si no de un necio que hizo de la terquedad su pecado. Su temeridad le hizo creer que sabía mucho, pero no más que el que aparece con él en la foto.
Ahora que el régimen de la Habana vuelve a lanzar otro llamado desesperado a "su emigración como solución mágica al problema", conviene recordar esta historia ocurrida en la Cuba de Fidel Castro en el año 1994.
Hace unos años el periódico "El Mercurio" entrevistó a Villand a raíz de presentar en español su libro "Mi socio Fidel Castro. Cuba, un desvío en el paraíso", escrito con el periodista Francis Mateo sobre la aventura empresarial en conjunto que inició con el régimen Castrista.
En 1994, tras la caída de la Unión Soviética, Cuba necesita atraer capitales extranjeros, algo que había comenzado con las cadenas hoteleras españolas. "Castro hizo un llamado en el semanario Paris Match invitando a invertir en Cuba. En Francia también había crisis, y aconsejado por un diputado francés, se decidió a explorar en Cuba.
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Por cada baguette a un costo de 80 centavos, Castro ganaba 56 y Villand solamente 8. Es más, la empresa francesa pagaba 500 dólares a cada empleado, en cambio el Castrismo les daba 360 pesos cubanos.
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El resultado de esa exploración fue que tres años más tarde la panadería "Pain de Paris" abrió sus puertas en 1995, tras la creación de la empresa mixta Francuba S.A. El negocio de Villand llegó a contar con dos fábricas, una de ellas inaugurada por Fidel, en las que trabajaban 72 personas para elaborar una decena de tipos de panes distintos. Alrededor de 130 empleados trabajaban en los trece locales que tenía en toda Cuba.
Pero cuando Castro cayó enfermo en 2006, la aventura llegó a su fin. El Estado decidió unilateralmente y sin compensación alguna quedarse con todo el negocio, de acuerdo con lo que dijo Villand. "En un país comunista no aceptan que un capitalista venda y gane algo bajo su mando", afirmó. "Empezaron a molestarnos a mí y a mis socios, a quitarnos todo y nos echaron del país sin un centavo", agregó el empresario.
Tras esto, Villand demandó a La Habana y ganó, convirtiéndose en el único empresario extranjero indemnizado por Cuba. "He ganado varios millones, pero por 15 años no puedo decir la cantidad exacta", señaló el francés. Las dos fábricas fueran cerradas y las tiendas ahora se llaman Dulcinea.
Tras esto, Villand demandó a La Habana y ganó, convirtiéndose en el único empresario extranjero indemnizado por Cuba. "He ganado varios millones, pero por 15 años no puedo decir la cantidad exacta", señaló el francés. Las dos fábricas fueran cerradas y las tiendas ahora se llaman Dulcinea.
De cualquier manera las condiciones de hoy en Cuba no sin ni parecidas a aquellas. ¿Quién se arriesgaría a invertir un dólar ahora que no hay energética, casi el 90% del país se encuentra en ruinas o en mal estado, no existe el transporte público y privado es casi nulo y la inflación golpea severamente. Hay que estar loco de atar.
No obstante y pese a que se trata de un mercado de muy alto riesgo no dude que haya alguno que decida seguir los pasos de otro ingenuo que, en el año 2023, decidió abrir en la Habana lo que se conoció como el "Primer Cotsco Cubano", el llamado "Diplomarket".
Al final el necio y crédulo propietario, un empresario cubano americano tal cual a los que ahora invitan y que seguramente alguno caiga en el jamo, de nombre Frank Cuspinera Medina, acabó quebrado y encima entre rejas desde el año 2024. Aquí la historia del Francés Villand, contada por él mismo. (En la ruedita seleccione el traductor a español)
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