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HELADERÍA COPPELIA. UN PLAGIO CASTRISTA.



HELADERÍA WARD 

Se cumplen hoy cuatro de marzo exactamente sesenta años de que fuera inaugurada la heladería Coppelia en pleno corazón del vedado habanero. Pero primero permítanos evocar otra tan, o mejor que esa, por lo menos más original, que años antes abrió sus puertas en la calle Santa Catalina y Primelles en el Cerro. La heladería Ward. 

Quienes peinan canas recuerdan con agrado este centro ubicado en el barrio Palatino, más que nada por su alta calidad en el servicio y la variedad de los productos que ofertaban. Según informaciones, WARD funcionaba en la Habana desde los años cincuenta del siglo XX,  propiedad de una empresa norteamericana.

Ahora bien, no esta claro de donde salió este nombre o quizás apellido, o incluso una transmutación lingüística del inglés como "piten", "desbol" o "jaba". Puede que haya sido el apellido de los dueños de la firma, como lo fue "Siar" en Marianao de la desaparecida cadena de almacenes americana SEARS. No lo sabemos.

Lo que si está claro es que la actividad gastronómica cubana sufrió un singular retroceso, desde que en 1960 el incipiente régimen Castrista decidió su total estatalización. Por aquella época se creó el Instituto Nacional de la Industria Turística, conocido por sus siglas INIT, instrumento con el cual este régimen centralizó toda actividad gastronómica y turística del país.

Y donde su efecto se hizo más negativo fue en la llamada gastronomía popular, aquellas unidades que brindaban una gama de productos muy variados aunque de menos categoría, como modestas cafeterías, pizzerías, heladerías y establecimientos de acuerdo a las categoría del servicio ofertado. Se burocratizó de manera innecesaria lo que hasta ese momento funcionaba sin tanta complejidad administrativa

HELADERÍA WARD 

Aledaña a la Ciudad Deportiva, si bien WARD no era un centro de lujo sí brindaba una variada oferta, ya que en la misma instalación funcionaban al unísono un bar, una cafetería y el restaurante. El acogedor local con aire acondicionado presentaba una fachada exterior de amplios cristales y un mobiliario. 

La cafetería tenía muchas ofertas, desde sabrosos emparedados, dulces, batidos de frutas y helados, coincidiendo años después con la inauguración, un día cuatro de mayo de 1966, de la heladería Coppelia en el corazón de la Rampa. 

Y decimos "más original", porque lo que quizás usted no sepa es que lejos de que Coppelia fuera una ocurrencia del "invencible comandante en jefe", no fue otra cosa que un plagio de otras heladerías que ya existían con ese mismo nombre.

El Coppelia Chileno en la década de los años 50. 

Por ejemplo, y este es solo un caso. En 1947 en el corazón de la calle Providencia, en Santiago de Chile, el pastelero francés Jacques Bellenand fundó una heladería que bautizó con el nombre de "Tesino" y luego, en 1952, pasó a llamarse Coppelia. O sea, catorce años antes de la ocurrencia verde oliva que como todo en esa isla, ya no queda ni el nombre.

Según el tirano Fidel Castro, que por lo visto era un "tambuchero" capaz de engullirse de una sentada 18 bolas de helados, a jurar por lo que dijo su tracatán colombiano Gabriel García Márquez, era necesario desarrollar una industria láctea sólida para enfrentar al embargo comercial y diversificar una economía que, en aquel momento, dependía en gran medida de la producción de caña de azúcar. INCREÍBLE.

Sin embargo, más allá del toque presumido, arrogante, soberbio, creído, vanidoso, altanero y petulante del individuo este, que nunca negó haberse acreditado "su origen", no es menos cierto que los que tuvimos la suerte de vivir aquellos años recordamos la WARD y Coopelia incluida, con cierto cariño. A pesar de obligarnos a sentarnos a la misma mesa con alguien al cual no habías conocido en su puñetera vida.

Maldita Hemeroteca