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TRES DE JULIO DE 1898 EL DESASTRE NAVAL DE SANTIAGO DE CUBA

Tropas norteamericanas tomando la relación de los marinos españoles prisioneros. // 

El día anterior, dos de julio de 1898, ante la inminente ocupación de Santiago de Cuba, Ramón Blanco, el Capitán General de la Isla, ordenó que la flota de la Armada Española bajo el mando del almirante Pascual Cervera y Topete abandonara la bahía para que no cayera en manos de Estados Unidos.

El almirante estaba convencido de que se le había pedido algo imposible desde que abandonó su tierra en esta misión. Cargaba en su conciencia con la responsabilidad por la vida de más de 2 mil soldados. Sin embargo, cumplió las órdenes recibidas.

Al amanecer del tres de julio daba comienzo uno de los episodios militares más trágicos de la Guerra Hispano-Americana de 1898, la batalla naval de Santiago de Cuba. El Almirante comenzó a navegar rumbo a sus adversarios, comandada por el almirante William Sampson a las nueve de la mañana del día tres de julio de 1898.

Iba embarcado en el buque insignia, el Infanta María Teresa. Tras él, la flota, compuesta por el Almirante Oquendo, el Vizcaya y el Cristóbal Colón a unas 600 yardas de distancia entre sí, cerrando la marcha bastante retrasados los contratorpederos Furor y Plutón.

Imagen del Infanta María Teresa en la bahía Santiaguera. Era el buque insignia de Cervera, tenía 103,63 metros de eslora y 19,8 de manga, un blindaje de 60,5 milímetros en los costados, las torres y la cubierta, y componían su tripulación un capitán de navío y 497 hombres de dotación. // 

Precisamente Plutón fue el primero embarrancó tras ser partido en dos por un grueso proyectil, mientras que el Furor fue echado a pique por el fuego de la artillería enemiga. Fue saliendo a través del estrecho canal de la bahía, de uno en uno y en orden decreciente según el tamaño y potencia de fuego. 

Navegaron a plena luz del sol y pegados a la costa. En cambio todos los barcos cayeron bajo el fuego estadounidense. Algunos expertos aseguran que esta estrategia permitió sobrevivir a miles de marinos que, tras desigual combate contra la fuerte flota estadounidense, lograron hacer embarrancar los buques españoles dañados por el fuego enemigo y nadar hasta sobrevivir.

Otros llegaron ya cadáveres a las costas, entre ellas la de Nima Nima, donde se cree hay una fosa común con mas de trescientos de ellos, y que la variación sufrida por el entorno la ha escondido. Se cree que sean marinos del Oquendo 

A día de hoy todavía puede verse aún, a poca profundidad, una gran ancla de almirantazgo que, con toda probabilidad, perteneció a este barco al quedar desprendida y olvidada frente a la playa Nima-Nima precisamente. 

Total que el balance de bajas de esta acción es abrumador: 1 marinero estadounidense muerto y 2 heridos, frente a 343 españoles muertos, 151 heridos y 1.890 prisioneros de guerra, entre ellos el almirante Cervera.

Por otro lado, una vez terminada la toma de Santiago y rendición de España, las cifras más conservadoras apuntan alrededor de 600 muertos por la parte española, 250 por la norteamericana y 100 por la cubana.

La destrucción de la escuadra de Cervera supuso la pérdida automática de la isla de Cuba, al que dar aislada de la península y sin posibilidades de recibir refuerzos. El tratado de París, mal negociado, supuso la pérdida añadida de Puerto Rico.