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La familia es la patria, aunque Martí lo entendiera de otro modo

Rue Rivoli, lugar donde residió Martí estando en París.

Decía más o menos George Orwell en su novela "Nineteen Eighty-Four" (1984) de 1949, que los deberes con el estado terminan rompiendo los lazos familiares y con ellos el debilitamiento de las personas. Incluso los políticos se valen de eso para tener a la gente más pendiente de ellos que de sus propias familias y para que acudan a guerras donde sus hijos no irán.

Y teniendo en cuenta esto, pensamos que José Martí habrá sido un gran patriota, pero a su vez un pésimo padre de familia. Puede que pensando así estemos equivocados tratándose de quien es, probablemente sí, pero a nuestro modo de ver un patriota es aquel que lucha en primera instancia por su familia. Honrar a la familia, tus hijos, tus padres por encima de todas las cosas, eso es ser un verdadero patriota. 

De hecho la relación social de cada individuo es lo que da sentido a la constitución de un país. Y no decimos con esto que al llamado de la patria no se acuda, pero las guerras no duran toda la vida, la familia sí. Martí se pasó toda la suya en el extranjero, lo disfrutaba, y no siempre era por la patria. A otro con esa milonga.

Cuando el Ejército Libertador decidió alzarse en armas por tercera ocasión en otoño de 1895, España contaba con 96.000 soldados listos para repeler a los mambises, y entre 20 mil y 30 mil cubanos que trabajaban en milicias urbanas como bomberos o guerrilleros.

Durante los tres años que duró esa guerra, España efectuó el segundo mayor desplazamiento de soldados de la historia, tras el protagonizado por Estados Unidos en el desembarco de Normandía durante la Segunda Guerra Mundial . En total fueron 200.000 soldados españoles para enfrentarse a casi 40.000 del Ejército libertador.

Cuarenta años antes de que esto sucediera, en Puerto Príncipe, actual Camagüey, nació María del Carmen de Zayas-Bazán e Hidalgo el 29 de mayo de 1853. Era la tercera hija del matrimonio compuesto por el camagüeyano Francisco de Zayas-Bazán y Varona y la cienfueguera Isabel María Hidalgo y Cabanillas.

Este señor, que era abogado y propietario del Ingenio Monte Grande en la jurisdicción de Puerto Príncipe, era un autonomista con lo cual estaba en contra de la lucha armada. Tuvieron otras 5 hijas, Rosa del Carmen, Isabel Amalia, María Amalia, María de los Ángeles y María Merced; y cuatro varones, Francisco, José María, Francisco Xavier y José Ramón. 

En 1869, recién comenzada la Guerra de los Diez Años, estableció contacto con el Comandante insurrecto Francisco Arredondo y Miranda con la idea de aconsejarle que abandonara las armas. Arredondo, que en su intransigencia le llevó a oponerse a la paz del Zanjón, le hizo arrestar de inmediato y, como castigo, hizo que la escolta que lo debía conducir hasta Sibanicú estuviera integrada por soldados de la raza negra.

Para nadie es secreto que el racismo imperaba en Cuba en aquellos años, y mucho después también. Por cierto terminada la guerra, este coronel Arredondo recopiló el índice de nacimientos y defunciones de todos los patriotas cubanos y extranjeros que lucharon por la independencia de Cuba entre los años 1851-1898. Ese libro vale lo que pesa en oro.

Carmen y su hijo José Francisco "El Ismaelillo"

En fin, que en este ambiente familiar creció la niña Carmen y como es lógico, con el tiempo, vieron muy mal su romance con un "traidor a España" como José Martí y Pérez, al que conoció en Mexico en febrero de 1875. Por esos años el viudo don Francisco y sus hijas Isabel y Rosa se habían establecido en México, y a través del marido mexicano de Rosa, fue que Martí y Carmen se conocieron. 

Habían pasado 7 años de que un 10 de octubre Carlos Manuel de Céspedes, en su pequeño ingenio "La Demajagua" en Bayamo, le diera la libertad a sus treinta esclavos y diera comienzo anticipado a la Guerra de los Diez Años, y un mes después Ignacio Agramonte hizo lo miso pero en Puerto Príncipe. 

Un conflicto que se centró en tres provincias, las Villas, Camagüey y Oriente, donde miles de familias lo perdieron todo en un intento de los rebeldes por destruir la economía española. De ahí que don Francisco se tuviera que marchar de Cuba, además de que ya estaba marcado como "pro español". Muchísimos Cubanos de bien tuvieron que marchar al extranjero por esta misma causa.

Martí y Carmen se casaron en la Catedral de México el 20 de diciembre de 1877, y para entonces ambos tenían 24 años de edad. Se fueron a vivir a Guatemala hasta julio del 1878 y, gracias que ya en Cuba se había acabado la guerra con la firma de los mambises de la paz del Zanjón, Martí pudo regresar a la patria junto a su, hasta entonces, amada esposa.  

Gracias a esto, el niño José Francisco Martí y Zayas-Bazán nació en La Habana el 22 de noviembre de 1878. A pesar de la supuesta paz lograda por el general Arsenio Martínez Campos, Cuba se mantenía bajo un clima hostil hacia todo aquel que había manifestado oposición a la corona, dígase José Martí en este caso.

En ese clima a Martí se le ocurre la "brillante idea" de volver a conspirar contra el régimen. Como consecuencia, en 1879 es deportado a España de nuevo, dejando a su familia en una situación precaria, por lo que Carmen se vio obligada a marchar a Camagüey a casa del padre. 

Por otro lado Martí pasa de España a Francia, previo a seguir viaje a New York. Se la estaba pasando en grande en un París que le puso la cabeza como un bombo. Así le escribe a su amigo Miguel F Viondi : (En el libro "Cartas de amistad de José Martí" , ver pag 54)

"El día 18 de diciembre conocí a Sara Bernhardt en la fiesta del hipódromo de París. Desde el 3 de enero ando por estas limpias calles con un invierno que parece primavera, con las carnes sanas y los huesos fuertes, pero con el corazón muy bien - y muy en lo hondo - herido por la mano más blanca que he calentado con la mía". Para entonces Martí vivía en la calle Rivoli en París.

Se deduce que tuvo un romance con ella, pues la señora le invitaba casi a diario a sus tertulias, Sobre ella Martí escribió para el "The Sun" de Nueva York: “....Es el símbolo de la energía triunfante. Una pobre mujer que se ha abierto tanto paso en el mundo debe ser una gran mujer. Sarah es flexible, fina, esbelta… su cuerpo está lleno de gracia y de abandono; cuando el demonio se apodera de él está lleno de fuerza y de nobleza. 

Sara Bernhardt

Su cara, aunque femenina, respira una bella fiereza; aunque bien parecida no lleva impresa la belleza, sino la resolución… Sarah se peina muy sencillamente. Ama la talla larga, y los vestidos que se arrastran por tierra. Sus ojos están plenos de fiebre. Ella hará lo que desea: tiene algo del primer Buonaparte; ella finge el desdén, aunque su alma está llena de amistad y franqueza porque lo cree necesario para ser respetada. 

¿De dónde viene? ¡De la pobreza! ¿Adónde va? ¡A la gloria!. Sabe amar sin duda pero no se ocupa de esos asuntos demasiados femeninos; es esa alma soberbia, soñadora de todas las alturas, alma de águila superioridad irresistible la que nos hace bajar la cabeza”.

Vamos, que se lo pasó en grande en su breve estancia en París. 

No obstante, y a través de este Viondi, Martí le manda dinero a Carmen para que se venga a Nueva York con el niño. Carmen accede y el 3 de marzo de 1880 se vuelven a reunir en aquella ciudad. Sin embargo, ya el matrimonio estaba herido de muerte, pero no de amor, por la cabrona política. Lo deja claro en una misiva a su otro amigo Manuel Mercado: 

"Carmen no comparte mi devoción a mis tareas de hoy, pero compensa estas pequeñas injusticias con su cariño siempre tierno y con una exquisita consagración a esta delicada criatura que nuestra buena fortuna nos dio por hijo. La regaño porque ha dejado de ser mi mujer para ser su madre…". 

A Martí la política lo tiene obnubilado, a tal extremo que no es capaz de entender la necesidad que tiene Carmen de formar un hogar estable y tranquilo. El sigue a lo suyo, le da lo mismo, y mientras asumía la presidencia del comité cubano de Nueva York, su trabajo en el periódico apenas le da para cubrir gastos. Cansada de lo mismo, Carmen decide volver a Cuba con su hijo, apenas ocho meses después de haberse reunido.

Encima se encuentra que en Puerto Príncipe su hermana María Amalia se ha casado con el coronel español Leopoldo Barrios y Carrión, y la veían como una carga familiar. Carmen le pide al padre la parte correspondiente de la herencia de su difunta madre y este, ofendido, apenas le da 40 pesos por lo que se ve forzada a irse a vivir con sus tías Isabelita y Carmen. 

Y no solo recibió el desprecio de su familia, también la de Martí le obsequió el suyo. En una carta a Martí le dice.. "... Me llevo la triste convicción de que tu familia no me querrá jamás; al niño sí lo quieren. Tengo sed de cariño, de ver solícitas a esas gentes que me quieren todavía viviendo y llorando conmigo. ¿Cuándo verás a tu hijo?".

Martí con su hija María Mantilla. 

En 1881 Martí se va Caracas, Venezuela, que en ese momento estaba bajo el mando del dictador Antonio Guzmán Blanco. Carmen se entera y no solo se resiste a viajar a Caracas, es que en una carta lo menos que le dice es cobarde: 

".... Mucho más méritos que tú tienen esos hombres que lucharon y que hoy se rinden, no a un gobierno que combatieron sino a las necesidades de sus hijos no satisfechas… Sacrificar a todos y cantar purezas lejos del contagio, olvidando cuanto hay de más sagrado en la tierra, y más serio en la vida, ni es valor ni así se cumple con el deber".

Y este le responde ...

"... Me dices que vaya; ¡si por morir al llegar, daría la vida!. No tengo, pues, que violentarme para ir; sino para no ir. Si lo entiendes, está bien. Si no, qué he de hacer yo? Que no lo estimas, ya lo sé. Pero no he de cometer la injusticia de pedirte que estimes una grandeza meramente espiritual, secreta e improductiva".

En 1882 Martí alquila una pequeña casa en Brooklyn y, aunque volvieron a reunirse, ya no era lo mismo. Corría el año 1891 y habían pasado seis sin verse. Encima Martí mantenía una relación adúltera con otra Carmen, pero de apellido Miyares, y a escondidas de su propio esposo. Este fragmento lo dice todo: 

"Es cierto que desde que te vi te amé, pero también es cierto que desde que te conozco no he tenido un día de calma, pues los celos me matan…". La ultima vez que se vieron fue en 1891. 

A la muerte de José Martí en Dos Ríos en 1895, Carmen viaja a New York a recoger todas sus pertenencias y se encuentra que Gonzalo de Quesada y Aróstegui, quien fuera después embajador cubano en esa ciudad, se las había entregado todas a la otra Carmen, a Miyares, incluso los cuadros y todos sus documentos. 

Todos los relatos históricos concuerdan que Martí estaba viviendo como huésped de los Mantilla en febrero de 1880 y allí comenzó su relación con esta casera, aunque el censo federal de Nueva York del 8 de junio de 1880, demuestra que para la fecha en que nace la niña, ya Martí se alojaba en la casa de huéspedes de Henry C. Beers, en el 345 Fourth Avenue de Manhattan, algo lejos de la familia Mantilla

El hogar de los Beers era más amplio, ya que allí residían ocho miembros de la familia, nueve huéspedes, y dos sirvientas. No obstante a la muerte del señor Mantilla, Martí regresa con Carmita Miyares a vivir su romance en paz. Ya no hacía falta esconder la paternidad de la niña aparentando ser su padrino. 

Foto de Carmen Mantilla publicada por la revista Bohemia en 1953

De la muerte de Martí se enteró Mantilla por la noticia aparecida en el periódico New York Herald. En una carta escrita a su amiga Irene Pinto el 19 de junio de 1895 le dice: 

«Figúrate que será de mi vida sin Martí, el afecto más grande de mi vida, toda la felicidad se ha ido con él: ya para mí el sol se eclipsó y viviré en eterna tiniebla. Martí se había fundido en nuestras almas de tal manera, que a pesar de todas nuestras desgracias, éramos criaturas felices por el cariño tan grande y desinteresado que nos teníamos.»

Carmen Mantilla falleció por una neumonía el 17 de abril de 1925, y fue inhumada en el cementerio Woodlawn, en el Bronx, donde posteriormente la acompañaron sus dos hijos. Nunca llegó a ser ciudadana americana. Diez años después, esa niña de la foto, madre del actor cubano César Romero, le confesó a su hijo en una carta de nueve páginas y fechada el 9 de Febrero de 1935, que José Martí era su abuelo.

....“Yo quiero que sepas querido, que Martí era mi padre y yo quiero que tú te sientas orgulloso de eso. Algún día, hablaremos mucho sobre esto, pero claro, esto es solamente para tu conocimiento y no para darle publicidad. Este es mi secreto y tu padre lo sabe".

Años después, y esto lo sabrán en Cuba muy pocas personas, quizás los que estén vinculados o estudiosos del Maestro, que las bisnietas de Martí, Victoria y Margarita, en un viaje que hicieron a la Habana el 23 de enero de 2004, le donaron aquella colección que incluía la correspondencia, incluso la mantenida con oficiales del ejercito libertador, las fotos y los recuerdos al museo la Fragua Martiana.   

Organizado cronológicamente, la mayor parte era sobre la celebración del Centenario a Martí que se llevó a cabo en 1953. Aunque las fechas abarcan de 1875 a 1974, casi un siglo, la mayor parte de la colección está fechada entre 1953 y 1960 y siendo de primordial interés las cartas que José Martí le envió a María Mantilla. 

Carmen Zayas-Bazán
Por su parte Carmen Zayas-Bazán murió en su casa del Vedado el 15 de enero de 1928, y sus restos reposan en el Cementerio de Camagüey, a donde fueron trasladados el 30 de junio de 1951.

Hasta entonces guardó luto y nunca se volvió a casar. Incluso intentó recuperar en vano los restos de Martí, para darle sepultura en el mausoleo familiar.

Una anécdota. En 1915, la señora Carmen Mantilla viajó a La Habana y se hospedó con la familia Baralt. Allí entregó la biblioteca personal de José Martí al doctor Julio Villaldo e incluso, coincidió con la señora Bazán en un homenaje al apóstol y, por exigencias de esta ultima, se tuvo que sentar bien detrás "donde ella no la pudiera ni ver". En ese entonces Carmen Bazán tenía 70 años. 

Como dato adicional les diremos que el nieto de Martí, el actor Cesar Romero, fue el primero que dio vida al personaje del Joker en la serie televisiva de "Batman" (1966-68) y también hizo de Hernán Cortéz en "El capitán de Castilla" (1947). 

Sinceramente no creemos que estén todos esos documentos allí, habrá una parte, no decimos que no, pero posiblemente haya otra, la mas importante y valiosa quizás, que haya cogido el mismo rumbo que el diamante del capitolio. 

Fuente:  Artículo escrito por el Dr. Eduardo Zayas-Bazán, profesor Emérito de East Tennessee State University y director de "El Camagüeyano Libre", órgano oficial en el Exilio. / El País.es / "Cartas de amistad" de Julio E. Miranda / Internet.