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Los falsos patriotas o el patriota falso


Ante todo le propongo que lea estos dos párrafos publicados en la prensa Cubana, con motivo a la "muerte en combate" del mayor general Carlos Manuel de Céspedes.

"Fue el primero que liberó a sus esclavos, marchó al combate con el grito de ¡Viva Cuba Libre! y, tras ver menguadas sus tropas en enfrentamiento desigual con tropas españolas se irguió sobre los estribos y replicó a los derrotistas ¡Aún quedamos 12 hombres; bastan para hacer la independencia de Cuba!.

Ese cubano fue el terrateniente y abogado Carlos Manuel de Céspedes, quien desde su ingenio La Demajagua inició la Guerra de los Diez Años, el primer Presidente de la República en Armas y el Padre de la Patria, que murió solo combatiendo al enemigo, por una traición y la conjura de falsos patriotas".


Para empezar diremos que el levantamiento armado contra el gobierno colonial español había sido acordado, en reunión efectuada el 4 de octubre de 1868 en El Mijial, territorio de Puerto Padre, en Las Tunas, para diez días después, o sea, el día 14 de octubre, pero fueron delatados los planes de alzamiento y Céspedes, como estaba expuesto a que lo detuvieran al ser avisado por un sobrino que trabajando en el correo leyó milagrosamente el mensaje antes, decidió adelantarlo, o adelantarse mejor dicho, para el día 10.

En cuanto a "La Demajagua", sepa que se trataba de un ingenio pequeño, antiguo y amenazado por las deudas. Además Céspedes tenía solamente una treintena de esclavos por 500 de Francisco Vicente Aguilera. Pero no vamos a referirnos a la apropiación que hizo del liderazgo de aquel alzamiento de 1868, que por derecho propio le pertenecía a Aguilera.

Ni tampoco de las burlas y críticas que hacía el periódico "Don Junípero" y en especial su caricaturista bilbaíno Patricio de Landaluze en su sección "cuentos de manigua", más que nada por la imagen de dictador que tenía y por ser aquel un movimiento marcado por el anexionismo a los Estados Unidos, reflejado incluso hasta en el diseño dela bandera, en este post vamos por otro camino sin obviar -por supuesto-, lo que significó su figura y aquel levantamiento para la formación de una identidad Cubana.

Los problemas con Céspedes empezaron desde el principio mismo... 

En una reunión camuflada por la orden masónica "Convención de Tirzán" y donde se encontraba el tunero Vicente García entre otros patriotas, como  Francisco Muñoz Rubalcava, Isaías Masó, Francisco Vicente Aguilera, Francisco Maceo Osorio, Perucho Figueredo, Belisario Álvarez, Salvador Cisneros Betancourt o Carlos Loret de Mola, Céspedes "intenta acordar" que si en un plazo no mayor de seis meses "alguien", inducido por causas inesperadas, se viera en la necesidad de levantarse antes del término establecido, los demás estarían obligados a seguirle.

Como era de esperar, Vicente García se levantó indignado, aunque un hombre respetable como "Pancho" Aguilera consiguió calmarlo. El 2 de octubre del mismo año se reúne con Francisco Vicente Aguilera en el ingenio Santa Gertrudis, propiedad de Aguilera, quien trata de aquietarlo en sus ímpetus; la refutación de Carlos Manuel fue terminante: 

“Todo lo sé, pero no es posible aguardar más tiempo. Las conspiraciones que se preparan mucho siempre fracasan, porque nunca falta un traidor que las descubra. Yo estoy seguro de que todos los cubanos seguirán mi voz… Si no me hallara tan seguro del triunfo no me arrojaría a comprometer el destino, el porvenir y las esperanzas de mi patria. A un pueblo desesperado no se le pregunta con qué pelea. Estamos dispuestos a luchar y pelearemos, aunque sea con las manos”.

Entonces es que llega el famoso telegrama recibido por Ismael Céspedes, con fecha 7 de octubre de 1868, que decía esto:  

“Cuba es de España y para España hay que conservarla gobierne quien gobierne. Reduzca usted a prisión a Don Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, a Pedro Figueredo, Francisco Maceo Osorio, Bartolomé Masó, Francisco Javier de Céspedes”.

Cespedes “sultan of Bayamo,” according to the colonialist approach. Don Junípero. October 24, 1869

En ese momento la independencia cubana vio la luz, y don Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y López del Castillo no sólo consagraba a ella su patrimonio y su vida, si no la de todos los que le siguieron. Y lo hacía con una "rara bandera" que, según investigadores, fue coordinada con un tal Benjamín Vicuña Mackenna, agente secreto chileno que había conocido en los Estados Unidos.

Llegados a este punto, es que entra a jugar el vecino del norte en la libertad de Cuba, los Estados Unidos. Para muestran un botón: Aquí en este fragmento de una carta dirigida a William Seward, Secretario de Estado de Estados Unidos con fecha 24 de octubre de 1868 lo dice por lo claro:

"Al acordarnos de que hay en América una nación grande y generosa, a la cual nos ligan importantísimas relaciones de comercio y grandes simpatías por sus sabias instituciones republicanas que nos han de servir de norma para formar las nuestras, no hemos dudado un solo momento en dirigirnos a ella, por conducto de su Ministro de Estado, a fin de que nos preste sus auxilios y nos ayude con su influencia para conquistar nuestra libertad.

Que no será dudoso ni extraño que después de habernos constituido en nación independiente, formemos más tarde o más temprano una parte integrante de tan poderosos Estados, porque los pueblos de América están llamados a formar una sola nación y a ser la admiración y el asombro del mundo entero”.

En un acuerdo que fue probado por Céspedes y por unanimidad por la Cámara de Representantes, se añade el siguiente texto: 

“Hacer presente al Gobierno y al pueblo de Estados Unidos, que este es realmente, en su entender, el voto unánime de los cubanos y que si la guerra actual permitiese que se acudiera al sufragio universal, único medio de que la anexión legítimamente se verificara, esta se realizaría sin demora”.

Con el paso de los años la figura de Céspedes se ha ponderado tanto que, según quien, no permite que sea cuestionada por nada ni por nadie. Sin embargo no sé que diría usted si quien la cuestionó en ese caso fue un mayor general de aquella guerra, el hombre que llevó la invasión a occidente, el más astuto, buscado y odiado por el ejército español, sí, creemos que Máximo Gómez sí tuvo la autoridad suficiente para criticarlo.

Desde el mismo momento en que conoció el alzamiento anticipado a la fecha acordada, Máximo Gómez decidió, junto a sus amigos de la logia y, “(…) por el amor a los negros”, según consta en el prólogo de su diario, tomar las armas en Jiguaní a tan solo unos días después de la "Damajagua".

Como militar de experiencia que era, más que todos ellos juntos porque venía ya combatido desde Dominicana contra el emperador haitiano Faustino de Solouqué, supo ganarse muy pronto el reconocimiento de todos los que integraban aquel inexperto ejército. Tan es así, que su reputación de jefe militar y excelente estratega llegó a oídos de la oficialidad Española, para la que había servido como voluntario en un país anexado por España.

El escritor, historiador y constitucionalista Ramón Infiesta afirmó que Céspedes aspiraba a “suplantar la injusticia colonial con la justicia criolla”. Fue por ello que adoptó “la única forma de jefatura capaz de hacer la guerra que conoce el cubano: la Capitanía General". Su denominación como "capitán general" imitaba el más alto cargo colonial de la Isla.

Recuerde que fue él quien cesó y destituyó de su cargo a Gómez en el mando de la "División de Cuba" en 1872. En esos momentos había una situación de escasez de alimentos en el ejército insurrecto, y cuando el hambre aprieta no todo el mundo reacciona igual. Queremos decir, que comienzan a aflorar los sentimientos más negativos entre aquellos militares y el Ejecutivo. 

A mediados de 1872, Gómez relata en su Diario de Campaña que encuentra en Canapú, cerca del limite entre Santiago y Holguín al
Gobierno «muerto de hambre» y es justamente en este período en que Céspedes le solicita que le envíe convoyeros, los que les son denegados.

El autoritario Presidente interpreta esta negación como una insubordinación y una falta de respeto de Gómez al Gobierno y decide la destitución del dominicano del mando de la división del territorio meridional del Departamento Oriental que tenía el nombre de "División Cuba". 

En las Villas lo mismo. Francisco Varano y González anota en su Diario, desde el Mijial, el 21 de febrero de 1872, lo siguiente: 

"Estamos en apuro por recursos de boca; la mucha gente venida de Oriente ha consumido lo
poco que había. Las jutias están escasísimas, días hay en que no aparece ni una por aquí. Vianda
casi nada. Los corojos escasos. Individuos hay que se acuestan sin haber comido en todo el día más
que algunos alminiques [almiquíes]. También he tenido que apelar a ellos a pesar de no gustarme nada pero... a buen hambre no hay pan duro..."

Vicente García
Regionalismo y caudillismo

Los sucesos de "Lagunas de Varona" han sido considerados como una sedición del general Vicente García por los simplistas que, o no saben un carajo lo que sucedió o sí lo saben, pero manipulan y tergiversan la historia. Para entonces ya hacía dos años que Céspedes había sido sustituido, aun así seguían los problemas

No dicen que aquel 26 de abril de 1875 el "León de Santa Rita" se harta de los abusos y desaciertos de aquel gobierno dictatorial viciados por el militarismo, y demanda con su actitud la democratización del mismo, al punto de que hizo "entrar por el aro" al mismísimo lugar teniente general Antonio Maceo en la reunión de Alcalá en Holguín. 

Luego, en la "Loma de Sevilla", le exigió a Gómez la destitución del presidente Cisneros Betancourt como única condición para ceder en su empeño, lo cual se cumplió cinco días después quedando nombrado en el cargo el coronel Juan Bautista Spotorno Georovich. Tanto la actitud despótica de Céspedes primero, como la posición respondona de Vicente García en Las Tunas después, entristecieron el ánimo de Gómez que solo retornó al Camagüey por pura disciplina. 

Eso sí, a partir del fugaz gobierno de este presidente, (solo duró 9 meses hasta quedar disuelta la cámara) Gómez aplica con toda severidad el decreto que llevaba su apellido, "Decreto Spotorno", la pena de muerte a todo aquel que presentase proposiciones de paz que no estuvieran basadas en la independencia de Cuba.

Cuando a finales de 1877 comenzó la astuta campaña pacificadora del General Arsenio Martínez Campos, no en balde le llamaron "El Pacificador", Gómez se vio obligado a aceptar, pero no la paz, si no una tregua que permitiera a los mambises una reorganización de aquellas tropas desanimadas.

Por otro lado recomponer la estructura del gobierno y la pirámide de mandos, en particular la relacionada entre los mandos militares y el civil que él tanto detestaba. Prueba fue que no solo rechazó la posibilidad de ser presidente de Cuba, si no la de ocupar cualquier puesto en la política en la posterior república.

La claudicación

Al ser derogado por la Cámara de Representantes el decreto Spottorno, un grupo no despreciable de oficiales intermedios del Ejército Libertador comenzaron a presentarse (rendirse) a las autoridades españolas, acogiéndose de esa manera al bando emitido por Martínez Campos de "amnistía y reconciliación".

Muchos de ellos, incluso algunos sobornados por los españoles, quisieron depositar en Gómez la iniciativa de tales actos, tergiversando de esa forma su verdadera actitud. La captura de Tomás Estrada Palma marcó un punto de inflexión que Gómez dejó plasmado en sus 16 libretas que, una vez muerto, conformaron su famoso diario.

Luego de llegar a este caótico ambiente en que se vivía en la oficialidad del ejercito libertador por aquellos tiempos, es que hemos tomado un fragmento donde Máximo Gómez plasma algunos de los detonantes de lo sucedido y las consecuencias que después tuvo. Observe como, sin mentar un nombre, llama "Fantasmón" a Céspedes y le recrimina el haberse escondido en la manigua. 

Gómez
"Partiendo de estos datos auténticos de mi historia militar en Cuba, tengo que fijarme en sus consecuencias que constituyen la lógica de los sucesos, y que se palpan ya en este periodo aparente de Paz. Y es preciso citar hechos, que sin ellos nada en la vida queda justificado". 

"El porque no me presté a servirle según sus caprichos de teocrático, y no permití que lo que nos resignamos a llamar Gobierno, me depuso. Resultó de este acto, lo lógico; la altura que aquel fantasmón había creado a su alrededor -cómo le resulta siempre a los Reyes- un gran séquito de adoradores, y todos esos hombres, como es consiguiente, fueron mis desafectos. 

Si yo hubiese hecho todo lo contrario de lo que hice, habría sido, sin duda, el hijo mimado de la fortuna; pero pudo más en mí la lealtad a una gran Revolución que a un grupo de hombres que no sabían ni batirse por la libertad de su Patria. 

Acaté el procedimiento inicuo de aquella sombra de Gobierno y me retiré con 15 hombres, los únicos que quisieron seguirme en mi caída. Pero no me fui a esconder en las montañas, sino que día por día, y en las zonas de la ciudad de Santiago de Cuba, combatía a las guerrillas españolas cuyo enemigo envalentonado por los tantos desaciertos que se sucedían entre nosotros, era el azote constante de aquellos contornos. 

Necesario fue que muriera el mejor de los generales cubanos para que el Gobierno me sacara de mi honroso retraimiento. La muerte del General Agramonte (Ignacio) obligó al Gobierno a llamarme. No encontró otro capaz de sustituir al muerto, y heme a mí, convertido de triste guerrillero despreciado en Jefe del Departamento del Centro. 

Aquel día me pareció más pequeño el hombre y más obtusa su política. Con tal motivo, entre otras palabras,' escribí ese día en mi Diario: "¡Pobre Cuba si con estos hombres llega a ser libre. No están a la altura de la obra" !. Sin embargo, sin hacer la mas leve observación, marché enseguida para el Camagüey a ocupar mi puesto. 

El resultado de aquella Campaña fue bien notoria, no necesita descripción. Así la lucha se prolongó hasta que caímos en el Zanjón. En tal estado interrogué a mi honor y a mi conciencia acerca del partido que debía tomar, y como se me contestara que había hecho demasiado, opté por emprender el camino del destierro con los harapos de la miseria, es decir, sin Patria, sin dinero y sin amigos".

Cualquiera podría interpretar que estas reflexiones son el fruto de una animadversión de Gómez hacia Céspedes, lo que fue un hecho comprobado. Luego de rechazar las respetuosas ofertas monetarias de Martínez Campos, el Generalísimo decide marchar hacia Jamaica en la más absoluta miseria, y con él su esposa Bernarda Toro (Manana) y sus hijos. 

En esa época perdió a uno de sus pequeños y tuvo que ser ayudado financieramente por algunos amigos, hasta que comenzó a trabajar la tierra de una pequeña vega de tabaco como un simple jornalero. Bernarda Toro, "Manana", su esposa, recibió de Estrada Palma 500 pesos en oro pero que, trabajo costó que aceptara, tan es así que renunció a una pensión. Manana murió el 29 de noviembre de 1911. 

Por otro lado Vicente perdió dos de sus hijos y su esposa, y fue envenenado en Venezuela con vidrio molido por un espía, Máximo Gómez perdió otros tres, entre ellos "Panchito" en Punta Brava, la Habana, junto al general Antonio Maceo. 

Céspedes también tuvo lo suyo. Perdió a su hija y su esposa, ambas llamadas María Del Carmen, su prima hermana, y el 3 de junio de 1870 el general español Antonio Caballero y Fernández de Rodas le fusiló - chantaje mediante - a su hijo Oscar, un teniente de 21 años, a cambio de renunciar a la lucha. 

Este hecho, otra de las tantas estupideces que cometió España en aquella etapa, empoderó aun más su figura al ser considerado "El padre de la patria Cubana", cuando pronunció aquellas dignas palabras de un glorioso e insigne paladín: "Oscar no solo es mi hijo, yo soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución".

Entonces....

¿Cómo se explica que le hayan retirado la escolta y que nunca recibiera el dichoso salvoconducto que le hubiera permitido salir del país con vida?. ¿Por qué le dejaron tirado a su suerte?... ¿No será acaso aquellos "falsos patriotas" que cita el Granma creyeron que merecía morir como un vulgar fariseo?. 

Al final Céspedes, esperando lo que nunca llegó en aquella remota finca de San Lorenzo en la Sierra Maestra, resultó cazado como si de un vulgar fugitivo se tratara, y peor aún, delatado por un miserable esclavo que un día él mismo había emancipado y llamado ciudadano.

Podrán existir muchas incógnitas en este punto, pero a nuestro juicio muchas fueron perfectamente respondidas en este documento del generalísimo que, a su muerte, fue organizado y publicado para el conocimiento de todos los Cubanos. A partir de aquí, usted es libre de...

Maldita Hemeroteca / Fuente: Diario de campaña de Máximo Gómez. // Pérez Cabrera, José Manuel. (1947): La Habana. Impr. El Siglo XX. // Internet.