En el artículo anterior se detallaba una etapa de nuestra historia relacionada con los ñáñigos. Se narraba la deportación de centenares de estos cubanos que fueron detenidos y enviados a España en calidad de detenidos por ser considerados "gente muy peligrosa".
Hasta mediados del siglo XX muchos consideraron al señor Andrés Petit un traidor, una especie de Judas que vendió a sus hermanos por 30 monedas de oro. A partir de las obras de la antropóloga Lydia Cabrera El Monte (1954) y más específicamente de La sociedad secreta abakuá narrada por viejos adeptos (1959), la figura de Andrés Petit ha tomado un giro significativo: de traidor a salvador de esta sociedad.
Petit nació el veintisiete de noviembre de 1829 en la Habana, y fue bautizado el tres de enero según consta en el libro de nacimiento de "Pardos y Morenos". Sus padrinos fueron Enrique y Margarita Benedicta Petit. Ese apellido Petit le vino de la señora Leonor Petit, que era la dueña de su madre esclava.
Los informantes le explicaron a Lydia Cabrera que en medio de las redadas policiales de mediados del siglo XIX, Petit se dio cuenta que la única forma que tenían los ñáñigos de sobrevivir era incluir a los blancos en sus filas. Por ello les vendió el secreto, fue su padrino y, además, con el dinero que sacó del plante compró la libertad de otros ñáñigos que eran esclavos.
Lydia cita una multitud de anécdotas en las cuales Petit aparece como un hombre de gran inteligencia, devoto de la fe católica y conocedor de varias lenguas y poseedor de poderes sobrenaturales, y que los ñáñigos deberían estar eternamente agradecidos. Uno de estos informantes llegó a decirle:
«¡Andrés Petit fue un traidor; le vendió Ekue a los blancos!. Eso lo habrá Ud. oído decir mil veces. Traidor… ¡Qué disparate! Diga que no. Andrés Petit no fue un traidor. Andrés Petit no se quedó con una peseta de aquellas treinta onzas que les pidió y le dieron los blancos para hacerles su tierra, Akanarán Efó Okóbio Mukarará».
Agrega Cabrera que Petit introdujo el crucifijo cristiano en el altar de los ñáñigos y sugiere además, que al permitir la entrada de los blancos en esta sociedad se tendía un puente por primera vez entre ambas culturas, creándose una especie de hermandad interracial.
El informante de Cabrera aseveró que Petit decía que por su «moropo (cabeza) había que admitirlos para que durase en Cuba el ñañiguismo». Sin duda que el hombre tenía una "vista muy larga". Uno de los prejuicios en contra de la sociedad Abakuá en esta época es el de su enemistad en contra de la patria.
A los tres años de fundada la primera sociedad comienzan las primeras detenciones y deportaciones, las que no cesaron en los siguientes años. En 1880 se lee en "El Gallego", un periódico de Buenos Aires lo que sigue:
“Actualmente los ñáñigos son aliados naturales de los que deliran por la independencia antillana [...] la sociedad de ñáñigos fue descubierta en tiempos del general Concha, y […] fueron detenidos más de dos mil, muchos de los cuales fueron llevados en cadena y distribuidos entre las islas de Fernando Poo y Annobón.”
Las deportaciones de ñáñigos llegan a ser tan numerosas, que se elabora en 1898 una relación nominal en Ultramar con 640 deportados, de los cuales 581 son ñáñigos. Según la historiadora y especialista en esclavitud, Aline Helg:
"...más de 580 supuestos ñáñigos fueron deportados y su destino, por lo menos hasta finales de septiembre de 1896, era la isla de Fernando Poo situada justamente en Cross River, Delta del Níger, donde la sociedad Abakuá tuvo su origen precisamente".
Esta deportación se acrecentó cuando estalló la guerra de independencia y España envió a la isla como capitán general al mallorquín Valeriano Weyler y Nicolau, acompañado de un número mayor de tropas para tratar de reprimir la revuelta. De paso, "hacer limpieza" de todo lo que considerara como una amenaza a España.
Estos ñáñigos, que venían siendo objeto de vigilancia por la policía colonial, entraron en la clasificación de "peligrosos" y como tal fueron a embarcados, no solo a Fernando Poo en Guinea, si no también a Cádiz, a la isla de Chafarinas y a otro grupo a Ceuta, pero ante la avalancha de detenidos se decidió habilitar como cárcel una parte del castillo de Sant Ferran de Figueres, en Girona, Cataluña.
“Ñáñigos, así llaman a cuatrocientos infelices que padecen encerrados en los calabozos del Castillo de Figueras. ¿Son ñáñigos?, quien sabe. El mismo General Weyler, que fue quien ordenó su deportación, ignora si les aplicó con justicia ese nombre.
Muchos cubanos separatistas que ayudaban a los insurrectos con su dinero o espiando lo que hacían los españoles, fueron embarcados entonces y remitidos a la Península y, sin serlo en muchos casos, también los llamaron ñáñigos”.
El primer presidente de la Cuba republicana, don Tomás Estrada Palma, también estuvo encarcelado en Figueres en el año 1877, lo que no quiere decir que fuera Abakuá, pero tampoco imposible. Por lo general los ñáñigos tenían un comportamientos violento por rituales de origen tribal, pero con el tiempo se les añadieron los primeros cubanos mulatos y luego blancos.(Con el tiempo delincuentes comunes.)
| Compendio de cartas de Estrada Palma desde el presidio. |
Fueron trasladados a pie, “custodiados por la fuerza de la Guardia civil y la caballería”, hasta este castillo de Girona. Según la crónica del diario "El Ampurdanés" se detalla la llegada de estos detenidos a Cataluña.
"Atravesaron las calles de la ciudad abarrotadas de un público curioso ante este insólito acontecimiento, pese a la fuerte tramontana que soplaba y del frio que hacía, las nubes y el polvo que continuamente se levantaba”.
En días sucesivos siguieron llegando nuevas remesas de cubanos hasta llegar a unos cuatrocientos. Una de las primeras referencias de ese capítulo histórico la escribió otro historiador, David García Algilaga en un libro colectivo publicado en el 2012: "Presons i castell de Figueres". En una de sus paginas se destacaba una descripción no muy conocida:
"Tomás Estrada Palma, un maestro de Guantánamo, que en 1876 había sido escogido como presidente de la República en Armas impulsada por el movimiento independentista, se encontraba entre los detenidos.
Se le recluyó, junto con un ayudante en el castillo de Figueres, y aunque gozó de ciertos privilegios pasó allí un año. Fue liberado y se trasladó a Estados Unidos y cuando Cuba se independizó, y tras un periodo en que estuvo ocupada por Estados Unidos, acabó convirtiéndose en el primer presidente del país".
Más tarde, en 1918, se publicó un compendio de cartas que el presidente Palma mantuvo con otros políticos desde su celda titulado: "Desde el castillo de Figueres cartas de Estrada Palma", y por el cual se sabe que los ñáñigos estuvieron en Figueres casi dos años en condiciones lamentables. Primero por el frío, ya que llegaron con ropa muy ligera, y luego por la deficiente comida que recibían, hasta el punto de que hicieron una huelga de hambre.
Hubo un momento en que llegaron a colapsar el hospital de Figueres; y se calcula que al menos treinta y cinco de ellos murieron víctimas de la tuberculosis y otras enfermedades. Algunos ciudadanos de Figueres les visitaron y les llevaron comida; y el concejal republicano-federal, Tomàs Jordà, pidió su libertad en una moción que fue aprobada por todo el Ayuntamiento.
En diciembre de 1898, con el apoyo de Estados Unidos, Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam, dejaron de ser colonias españolas y el Consejo de Ministros acordó entonces enviar de regreso a Cuba a los trescientos ñáñigos que quedaban en Figueres.
El quince de diciembre subieron a siete vagones especiales para dirigirse a Barcelona, y de allí subieron en el vapor "Covadonga" con dirección a Santiago de Cuba. No habían llegado y ya estaban en peleas. Según afirma Tura Clará, aquella misma noche de la llegada a Santiago dos de aquellos ñáñigos murieron en una reyerta callejera. ¿Cuentas pendientes de Figueres?, muy probable.
Años después esa fortaleza se habilitó como penal para presos comunes y, a finales del siglo XX, volvió a ser noticia porque fue utilizado como cárcel de los objetores de conciencia, como por ejemplo los que se negaban a cumplir con su deber. Uno de ellos fue el teniente coronel Antonio Tejero, participante de la rebelión militar ocurrida en el mismo congreso en el año 1981.
Maldita Hemeroteca
Fragmentos tomados de laVanguardia.es.
Fragmentos tomados de laVanguardia.es.

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