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AGUILERA LO TENÍA CLARO: Matando españoles en Oriente no se conseguirá nada

Francisco Vicente Aguilera y Tamayo

¿Sabías que el general Francisco Vicente Aguilera, el líder destronado del levantamiento armado contra la colonia en 1868, era en ese momento coronel de las milicias blancas pro españolas de Bayamo y Santiago de Cuba?.

Tranquilo. Vamos por parte...

A mediados del siglo XVII se radicó en la jurisdicción de Bayamo una familia española de apellido Aguilera, que curiosamente procedía de la colonia Jamaica y no de España, pues en esos momentos la isla del reagee y los rastafaris, así como las Islas Caimán, eran colonias Españolas. Precisamente luego de la victoria de Albión, nombre con el que era conocida Inglaterra en el siglo XVIII, y donde murieron 1280 marinos españoles, es que estas familias españolas salen huyendo de Jamaica, Cristóbal de Ysasi el primero, y marchan a Santiago de Cuba casi todas. 

Y aunque este apellido posee una toponimia bastante común es España, se cree que su origen está entre Cantabria, Aragón o Zaragoza, pero venido desde Alemania, ojo con esto, desde los tiempos de la reconquista y el rey Don Pelayo, que ni se sabe a ciencia cierta si existió o no. En fin, que de este linaje Cubano, y por supuesto avanzando bastante en el tiempo que si no se nos duermen los lectores, tenemos que del matrimonio entre don Antonio María Aguilera Tamayo y doña Juana Tamayo Infante nacieron tres hijos, Antonio María, Josefa y; el 23 de junio de 1821, nació Francisco Vicente. 

Al morir el patriarca, se declara como heredero universal a don Antonio María, el primogénito, que a su vez se fue a la habana y allí conoció, y contrajo nupcias, con doña Manuela Lémur, hija de un general del ejército español. Sin embargo Antonio María falleció sin hijos; quedando Francisco Vicente como el único sobreviviente y heredero de su madre Juana, que veía por los ojos de su hijo menor. De hecho cuando murió su hijo mayor y redactó el nuevo testamento, no hizo ni falta enumerar las propiedades ya que "Panchito" Aguilera las controlaba todas. Pero antes de morir, su hermano Antonio estipuló que se comenzaran las gestiones para obtener un título de Castilla.

Recordemos que entre uno de los requisitos para obtener títulos nobiliarios estaba contribuir con una considerable suma de dinero, en este caso serían 70 000 pesos que salieron del ingenio "Nuestra Señora del Pilar", en Hato Jucaibama, el ingenio más productivo de todo Bayamo. ¡Todavía está en pie la torre chimenea de ese ingenio!.

Para 1868 España había concedido 34 marquesados y 39 condados, según el historiador Leví Marrero, un privilegio destinado para españoles y criollos de linaje "bien blanco". Aquí si no cabía eso de "el que no tiene de Congo, tiene de Carabalí". El afán de los cubanos blancos y ricos por algún título de Castilla se debía a que, desde 1825, que se le concede un poder descomunal a los capitanes generales de la isla, un título de estos significaba como un freno y protección ante posibles abusos de poder.

Para demostrar que por las venas de "Panchito" corría sangre azulada, el 17 de agosto de 1844 sus padres habían hecho una declaración ante notario, que en su familia no había ni la mas mínima "sombra oscura", digamos ningún tipo de cruzamiento con personas de la raza negra, mulata y parda. Además, en esta declaración, se hacía constar que la única religión que practicaba la familia era la católica apostólica y romana.

Una vez quedó claro todo, pasaron al poder de Francisco Vicente Aguilera la totalidad de los bienes, incluso las fincas rústicas que su tía Ángela poseía en Cauto Embarcadero y Cabaniguán. Doña Juana, por su parte, expresó en su testamento el deseo de establecer una capellanía (fundación de servicio católico) con el aporte de varias de sus propiedades rurales, con la intención de construir un hospital para mujeres.

CARGOS PUBLICOS

Al convertirse Francisco Vicente en el único heredero no solo obtuvo las propiedades rústicas y urbanas de la familia, también los cargos políticos en el ayuntamiento y las designaciones militares. De esta manera Don Pancho pasó a ser el ilustre coronel de las milicias blancas de Bayamo y Santiago de Cuba, lo que no sabían los españoles en ese momento, es que aquel coronel dedicaría prácticamente toda su vida en intentar sacarlos del país.

Francisco Vicente amaba a su madre con la misma idolatría que ella a él. Al punto de que si no se alzó en 1851 fue por ella. Nos referimos al alzamiento de su amigo de Puerto Príncipe, don Joaquín Agüero. En apoyo a la expedición de Narciso López, Agüero se levantó en armas con unos 60 hombres en un lugar conocido como "El Palenque" en Camagüey, en el término municipal de Guáimaro. En aquel lugar se declaró en rebeldía junto a un grupo de sus seguidores, y redactó un acta de independencia. Fue atrapado tratando de huir por la costa de "Punta del Ganado", en Camagüey, y fusilado el 12 de agosto de 1851.

Esta fatal experiencia influyó decisivamente en la vida de Aguilera, al punto de que el aplazamiento de la fecha del alzamiento independentista de 1868, materializado por el inquieto abogado Carlos Manuel de Céspedes, se debió a eso, a no dar un paso en falso y a lo loco como le había sucedido a su amigo Agüero. Aguilera no consideraba que las condiciones eran las optimas para acometer el alzamiento, lo que motivó que Céspedes diera una especie de "golpe de estado" dentro de la organización. Al final siempre fue eso, un dictador.

ANA KINDELAN

En 1848 Aguilera se casó con la joven santiaguera Ana Kindelán y Sánchez-Griñán, joven proveniente de una antigua familia irlandesa de origen Gael radicada en Santiago de Cuba, una de las familias de más prestigio en esa provincia. Su padre, Juan Kindelán y Mozo de la Torre, era coronel de milicias, procurador a cortes, comendador de la Orden de Carlos III y Caballero de la Montesa.

Por otro lado su abuelo fue el mariscal de campo de los reales ejércitos, Sebastián Kindelán y O´Reagan, sargento mayor del regimiento fijo de Nueva España, capitán general de la isla de Santo Domingo, gobernador de Santiago de Cuba desde 1798 hasta 1818 y, encima, capitán general interino de Cuba, entre los años 1822 y 1823. Casi nada. Sus hermanos, Sebastián y Ultano, fueron oficiales del ejercito español que nacieron en Santiago de Cuba.

El segundo era teniente coronel de Ingenieros y se encontraba allí en Santiago destinado, mientras que Sebastián, una vez que terminó sus estudios en la Academia de Ingenieros en 1867, estuvo destinado en el regimiento de ingenieros hasta 1873 en que pasó a prestar servicio al ejército de Cuba con el empleo de comandante del cuerpo, destinado a la comandancia general sub inspección de ingenieros de la Habana.

Incluso un sobrino de ella, hijo de Ultano y de nombre Alfredo, que nació en septiembre de 1883, fue teniente de ingenieros y una vez terminada la guerra en Cuba en 1899, se fue a España convirtiéndose en uno de los primeros que ascendió en un globo aerostático. En 1901 se graduó en la compañía de Aero estación donde realizó varias ascensiones en globo libre y como tripulante, y con los años fue pionero de la escuela de aviación militar, en el aeródromo de "Cuatro Vientos" de Madrid.

Para los Kindelán de Santiago, un matrimonio de la niña con un mozo de la familia Aguilera de Bayamo significaba un "braguetazo en toda regla", toda vez que la mayor prosapia del Cauto era propiedad de su yerno. Encima se la quitaron de encima, porque la desposada se marchó a vivir a casa de doña Juana, la residencia de la familia Aguilera durante siglos. Al primer hijo, una hembra, le pusieron Juana, al segundo otra más, se bautizó como Ana. Posteriormente nacerían siete hijos más, pero ninguno tuvo el nombre del padre, pues no querían que a ninguno lo relacionaran por tener el mismo nombre y primer apellido. Aún así uno de ellos, Antonio, alcanzó el grado de teniente coronel en el Ejército Libertador, durante la guerra del 1895.

A todo esto en sus andanzas por Manzanillo, jurisdicción donde tenía intereses, Aguilera le fue infiel a su esposa, y allí concibió otro hijo con una señora de nombre Emilia de Rojas Aispusbas, al que bautizó como Eladio Aguilera Rojas. Su esposa le perdonó "este desliz", e incluso en 1916, para evitar problemas judiciales, sus medios hermanos decidieron compensar a Eladio con la décima parte del testamento perteneciente a Eugenio en la zona del ingenio "Pilar", en Jucaibama.

Añadir aquí que al declararse infidente, muchos de los bienes de Aguilera fueron embargados por las autoridades españolas. Ni su misma esposa, como segunda albacea, conocía con certeza todos los bienes que poseía su rebelde esposo. En el mes de julio de 1871 Carlos Manuel de Céspedes "se lo quitó de encima" enviándolo a Estados Unidos, con el fin de que organizara futuras expediciones con el material de guerra necesario para las fuerzas cubanas, y de allí no regresó jamás.

Primero se vio en un país que no reconocía la beligerancia Cubana, y encima en medio de grandes pugnas criollas entre el reformista Miguel de Aldama y el ambicioso Manuel de Quesada y Loynaz, "el cuñadísimo" del padre de la patria. ¡Tremendo tipo!. Por mucho que le reclamó Salvador Cisneros Betancourt para que regresara a la isla y asumiera la presidencia de Cuba en armas, a raíz de la destitución de Céspedes, nunca quiso asumirlo.

Siempre se esquivó en el pretexto de que solo lo haría cuando tuviera lista una gran expedición de hombres y armas para marchar a occidente, donde según él, y con mucha razón además, estaba la raíz del problema. "Matando españoles en Oriente nunca se resolverá nada", decía. Nunca hubo tal expedición y allí, en quedó abandonado, pobre y enfermo de cáncer de laringe, hasta que murió el 28 de febrero de 1877.

Quizás Aguilera no pudo complacer a su familia ostentando títulos ni grandes puestos políticos con aquel gobierno colonial, su engrandecimiento le vino como el importante y mayor benefactor de la libertad de Cuba y fundador de la nación cubana. Si en aquella guerra hubo un mambí como la copa de un pino, ese fue el mayor Ignacio Agramonte, pero si hubo alguien que anheló y sacrificó tanto por la libertad, ninguno como Pancho.