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¡MUNDELE, MUNDELE!


A propósito de la fecha, siete de noviembre pero de 1886, fin de la esclavitud en Cuba, vamos con esta anécdota. Hace poco encontré un podcast de la Cadena Ser de España, donde trataban un tema racial, en concreto sobre los distintos "colores de piel" entre los emigrantes en España y como  influía en la opinión de algunos ciudadanos. 

Estan esos que creen que por ser más claros están mejor ubicado en la escala social o, por el contrario, los más oscuros que denigran a todo el que no sea un negro de "pura cepa". Hay de todo la verdad. Uno de los participantes, de nacionalidad Congolesa y residente en Madrid, contó una anécdota acerca de un primito suyo llamado Frank, que había llegado desde el Congo en visita familiar. 

Dijo que mientras el niño se asomaba al balcón durante unas festividades, de pronto comenzó a gritar "Mundele Mundele", al ver que todas las personas que estaban en la calle en ese momento eran de raza blanca. Extrañado, el joven congolés le preguntó a su tía - madre del chico - lo que significaba esa palabra "Mundele". O sea, que aun siendo Congolés no lo sabía. 

Pues en Cuba, sin ser congoleses sí lo sabemos, porque "Mundele" en el palo congo ha significado toda la vida "blanco". Seguramente que había llegado a España siendo apenas un niño, y al perder el contacto con los suyos olvidó su idioma. Sin embargo en Cuba, donde hace más de ciento cincuenta años que no existe la esclavitud, aun lo conocemos.

La R.A.E. afirma que en la lengua "Lingala" que se habla en el Congo, significa "Blanco o Blanca", e incluso lo recoge en su versión Congo-Española con ese mismo significado. ¿Quién no ha escuchado alguna vez en Cuba el añejo proverbio "Mundele quiere bundanga", cuando se refiere a que el blanco quiere saber más de la cuenta.

Y claro, no es secreto para nadie que una parte importante del habla nos vino de allí, del contacto directo con aquellos pobres esclavizados. En el libro "Francisco y Francisca. Chascarrillos de negros viejos", la etnóloga Lydia Cabrera recoge algunos de ellos muy graciosos: 

"Con Dió me acueta, con Dió me levanta, pero ¡cabué Dio!, que yo no tenga que trabajá tanto". 

"Chivo que rompe tambó con su pellejo paga", que en la litúrgica conga se diría: "Ekue uson obonekué, erubé embori mapá, eriero".

"El que no tiene corazón no va a la guerra", en este caso "chekendeke lengorisemo".

Lydia nos regala otros que quizás no son tan conocidos, como por ejemplo...

"Si el buey no nace, esclavo jala carreta"

"To corazón son colorao"

"Negro somo pero no tiznamo" 

"No buca viví, sino sabé viví". 

Desde fábulas, leyendas o conjuros, muchas de ellas la conocemos gracias a Lydia, y a personas como ella que incluso viniendo de familias blancas y ricas se dedicaron a descifrar semejantes misterios. También a gente muy sabia como Don Fernando Ortiz, que hasta los Españoles que tanta historia de Cuba atesoran en sus archivos, se han visto obligados en temas de negritud como referencia.

Gente como José María Chacón, Carolina Poncet, el historiador de la habana Emilio Roig de Leuchsenring, una de nuestras fuentes preferidas, historiadores muy grandes como Moreno Fraginals, Jose Luciano Franco y Ramiro Guerra, o Herminio Portell, Alfredo Aguayo, Zacarías Tallet, Emilio Ballagas, Eliseo Grenet o incluso, el "acuarelista de la música antillana" Don Luis Carbonell.

De Ortiz, precisamente, les dejamos estas palabras pronunciadas en 1940, que lo resumen todo:

“Apenas regresé de mis años universitarios en el extranjero, me puse a escudriñar la vida cubana y enseguida me salió al paso el negro. Era natural que así fuera, sin el negro Cuba no sería Cuba: Era preciso estudiar ese factor integrante de Cuba; pero nadie lo había estudiado y hasta parecía que como si nadie lo quisiera estudiar.

Había literatura abundante sobre la esclavitud y su abolición y mucha polémica en torno a ese trágico tema, pero embebida de odios, mitos, políticas; había también escritos acerca de Aponte, de Manzano, de Plácido, de Maceo, y de otros hombres de color que habían logrado gran relieve nacional en las letras o en la lucha por la libertad; pero del negro como ser humano, de su espíritu, de su historia, de sus antepasados, de sus lenguajes, de sus artes, de sus valores y de sus posibilidades sociales…nada”.

Es cierto que la mayoría de los proverbios que se dicen en Cuba nos llegaron desde España, pero hay muchos otros que adaptamos de esa África sub sahariana, y que todavía se siguen empleando en los extractos sociales. Desgraciadamente el problema persiste, de hecho ha sido el mismo castrismo quien lo genera. O nos va a negar que en Cuba existen dos tipos de negros, uno nuevo y revolucionario fabricado por el régimen, y el otro, según ellos, prejuiciado por "la explotación sufrida" antes del 1959.

Por Jorge García
Maldita Hemeroteca