De intérprete de Fidel Castro a monja carmelita de clausura, Carmen Zamora nació en 1959 el año de la revolución cubana y se educó en el marxismo-leninismo. Estudió Literatura y Lengua rusa y fue por quince años traductora del régimen en el bloque soviético.
"Fue ahí cuando me doy cuenta de la dulce vida de los señores de arriba y cuánto engañaban al pueblo' Con 34 años logra la ansiada libertad al conseguir el exilio con su familia en Estados Unidos. Trabajando para una ONG, conoció al padre Carles Mundet y despertó su vocación de religiosa de clausura en el Convento de las carmelitas..
UNA HISTORIA
Con motivo del inicio del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, el Obispado de Segorbe-Castellón ha dado a conocer la historia de la hermana Carmen Zamora, religiosa de clausura quien, abandonó Cuba a los 34 años, buscando la libertad después de haber recibido una educación marxista-leninista.
Carmen recorrió el bloque soviético como intérprete de Fidel Castro durante tres lustros. A raíz de la represión se da cuenta de lo que es en realidad el régimen castrista, y en los años noventa logra exiliarse a Estados Unidos.
Allí su vida dio un giro de 180 grados, hasta convertirse en carmelita de clausura en el municipio castellonense de Les Alqueries. En noviembre de ese año hizo su profesión solemne, justo al inicio del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús", según indican fuentes del Obispado.
Salió de Cuba en busca de libertad. "Me habían bautizado por la fe de mis abuelos y padres, pero al nacer en el año 1959, el de la revolución cubana, crecí alejada de la Iglesia y de la fe", dijo. Estudió Literatura y Lengua Rusa y pronto se convirtió en maestra de idioma ruso en un colegio con escolares de ocho y nueve años.
Al tiempo comenzó a trabajar como traductora y consiguió un puesto en el Ministerio de Comercio Interior de Cuba, donde fue funcionaria durante quince años. "Cada año viajaba a Rusia, Rumanía y el resto de países del bloque soviético. Visitaba tres o cuatro países en cada viaje, traduciendo textos relacionados con el comercio y el intercambio de mercancías", dijo.
Fue precisamente durante esos años y desde su posición de funcionaria del régimen que se percata de las mentiras de castrismo. "En aquellos años tengo acceso a las altas esferas del Gobierno y me doy cuenta de la dulce vida de los señores de arriba, y cuánto engañados tenían al pueblo exigiendo sacrificios y exprimiendo a la gente mientras ellos vivían en la abundancia y el derroche".
En la década de los 90 se empezaron a dar movimientos de protesta muy pronunciados y el punto de inflexión para Carmen Zamora y su familia fue cuando en 1994 un grupo de personas robó una lancha en pleno día, y la policía la hundió. (Remolcador trece de marzo). "A raíz de este acontecimiento, hubo muchas manifestaciones y Fidel Castro dijo que se podía ir quien quisiera", lo que alentó a su familia a buscar una salida de la isla.
"Yo me quedé sin trabajo, porque desde el mismo momento en el que expones tu intención de viajar a Estados Unidos, automáticamente perdías el empleo y más como funcionario", recuerda. Al ver el éxodo masivo, Estados Unidos cerró las fronteras, aunque comenzaron a expedir visados que hacía años que no se daban.
"Ese fue el caso de mi madre. Hacía veinte años que lo había solicitado solo para ella y no se lo habían aceptado hasta entonces, pero no teníamos dinero para el viaje. Justo en ese momento, 1994, contactó conmigo un amigo del que hacía cinco años que no tenía noticias.
Me escribió diciendo que me ayudaba a salir y consiguió que la embajada de Estados Unidos aceptara el visado para mi madre y toda la familia. Por eso digo que fue un milagro. Se fueron abriendo los caminos uno detrás de otro, y en solo tres meses se hizo todo y pudimos viajar".
Nueva vida en New Jersey
"Al llegar a Nueva Jersey nos acogió una familia que no conocíamos de nada, y me empezó a encaminar hacia una nueva vida y empezamos a construir la nuestra en USA. Era gente muy religiosa y con ellos empecé a descubrir una parte de la vida que no conocía. Me abrieron la puerta de la fe y poco a poco Jesucristo me fue atrayendo", confiesa.
"Ahora veo que Dios siempre estuvo conmigo. A pesar de vivir en un sistema que te forma la mente, llegué a decir que no a todo y empecé a buscar alternativas. Ya en la universidad me impactó mucho el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. Aunque lo estudiamos solo como literatura, me cuestionó y se convirtió en una duda que te empieza a conmover. Como dice Santa Edith Stein: Quien busca la verdad, encuentra a Dios".
Lo que más le atrajo fue ver la diferencia de vida de las personas que vivían la fe y en la Iglesia. "La diferencia es grandísima, añade, por la alegría, la capacidad de relativizar las dificultades. En Cuba las dificultades te endurecen, quizás como mecanismo de defensa, y al ver esta otra manera de vivir en las personas me pregunté: ¿Qué es esto?.
Creo que Jesucristo me dijo: "Déjate de boberías", y me fue atrayendo por el amor, la compasión la solidaridad, que no había otra razón de vivir que en Cristo". Comenzó a asistir a la Iglesia. Más tarde se trasladó a Florida, y seguía asistiendo a misa en la parroquia de San Pedro, donde conoció a un sacerdote coadjutor español, el padre Carles Mundet.
El padre pidió ayuda para las diversas actividades de la parroquia, ya que celebraba quince bautismos a la semana y recibía a más de mil personas en la eucaristía dominical. Me ofrecí y comencé a ayudar en la organización de los bautizos y las confirmaciones y eso que yo no estaba confirmada y tenía entonces 45 años". "Esto no es lo que necesitas, me dije".
Trabajaba en una ONG evangélica que ayudaba a niños pobres en Haití. "Lo veía útil pero en mi había algo más. Me daba cuenta que la gente con la que trabajábamos se acercaba buscando comida, ropa o medicinas, pero no a Dios. ¿Cómo se podía convertir esta entrega material en otra cosa? Así me fui inclinando hacia la vida contemplativa".
"Un día, me acuerdo perfectamente, conducía volviendo del trabajo a casa, cuando me pregunté: ¿Qué hago yo en esta vida?. Entonces algo me dijo claramente: Esto no es lo que necesitas; lo que necesitas es una vida entregada totalmente a Dios".
A partir de ese momento se inscribió en una página de internet que pone en contacto a personas con inquietudes religiosas con todas las congregaciones y órdenes de EEUU. "Al siguiente tenía en mi correo trescientas respuestas: clarisas, dominicas... de todas partes del país. Estuve en contacto con unas carmelitas de San Francisco, pero me quedaba muy lejos.
Después hice una experiencia con otras carmelitas que fundaban en Louisana. Me daba cuenta que si escogía este camino iba a ser un cambio radical en mi vida, y que si además añadía el convivir con gente de costumbres diferentes y en otra lengua, podía ser demasiado. Entonces decidí buscar comunidades en América Latina, pero por los límites de edad que ponían me desanimé un poco".
Volvió a contactar con el padre Carlos que había regresado a España, y le aconsejó viajar a España, a la Federación de Aragón y Valencia de las carmelitas descalzas. "Escribí, y la única comunidad que me respondió fue la de Les Alqueries, en Valencia. Fue en 2007. Durante un año nos estuvimos comunicando y en julio de 2008 me vine para una visita de tres días.
Al salir, sabía que éste era mi lugar, y en febrero de 2009 ingresé definitivamente. No sabría explicarlo muy bien, es más que un pensamiento o un sentimiento, es una certeza, es entrar en un lugar y saber que estás en casa. También me dije que si quiero obedecer la voluntad de Dios y él me trae aquí, yo sigo. Cuando encuentras este tipo de felicidad piensas ¡qué pena que he perdido tanto tiempo!.
De santa Teresa le atrae en primer lugar su valentía. "Fue una mujer valiente que no dudó en cambiar su vida. Se arrojó a cambiar con un riesgo enorme, pero contando con la ayuda de Dios. Una mujer en mayúscula, que supo conjugar en la época que le tocó vivir el poco valor que se daba a las mujeres con la voluntad de hacer algo frente a los hombres.
Y en tercer lugar lo fundamental, su relación especial con Jesús, hombre histórico pero presente. Todo el camino que he recorrido hasta este momento me ha ayudado a ver que cuando me descoloco a mi misma del centro, entonces soy más feliz, y también me preocupo y me intereso más por los demás y sus necesidades.
En todo eso Teresa fue una maestra formidable, porque a pesar de haber sufrido grandes dificultades o contratiempos, nunca tuvo una palabra de queja, ni vituperio, sino que supo manejarlas con elegancia, paciencia y apertura al diferente", concluyó.

.jpg)
