![]() |
| Garrido. |
Entre las que dirigió estuvo el Tercio de Escuadras, las Guerrillas de Santa Catalina de Guaso, el batallón de Simancas y los temibles Indios de Yateras, todas al mando del general Valeriano Weyler y Nicolau, en ese momento capitán general de la isla y jefe del ejercito español en la isla.
Vino de abajo Garrido, no crea usted, fue cabo, sargento, alférez, incluso se fue para España enfermo tres años y lejos de agarrase de esa situación, pidió su regreso a Cuba. Por sus servicios fue condecorado con la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo y otra de María Cristina, por la tenaz persecución de los hermanos Maceo y por la acción del Guayabal en 1896.
Le premiaron además con la Cruz de San Fernando de 2.ª Clase, la laureada, que le fue entregada el cinco de febrero de 1896 tras haber auxiliado con éxito al acosado teniente coronel Joaquín Bosch el trece de mayo de 1895 en la zona de Jiguabos. Al año siguiente cayó enfermo y se tuvo que marchar a España nuevamente.
En cambio en solo tres meses, supuestamente ya recuperado, se regresó a Cuba no de vacilones no, le fue conferido el mando del Tercio de Escuadras y Guerrillas No 1 de Guantánamo, con el que volvió a las operaciones en la zona. El propio José Martí hace referencia en su diario de campaña, que una vez desembarcó con Máximo Gómez se sintieron muy presionados por Garrido y sus temibles guerrilleros taínos, sobre todo cuando avanzaba en dirección al campamento de Vuelta Corta de Filipinas.
O por ejemplo, ese mismo año de 1895 seis expedicionarios de la goleta Honor chocaron
inesperadamente en Altos de Palmarito con una fuerza de indios de Yateras bajo el mando del alférez Ezequiel Rojas. José Maceo, que se
encontraba en la vanguardia del grupo, tuvo
que lanzarse a un precipicio para salvar la vida. El resto fueron
capturados, entre ellos el general Flor Crombet que falleció de un misterioso tiro en la frente. A Flor le fue otorgado póstumamente el grado de mayor general.
Total, que la pregunta que cabe aquí es la siguiente, si Garrido que fue tan malo como lo recogen las crónicas, sobre todo por acosar a dos queridos lideres orientales como los hermanos Antonio y José Maceo, como es posible que se encuentre enterrado en el cementerio de Guantánamo una vez falleció de fiebre amarilla, en un panteón que costeó íntegramente la población Guantánamera como regalo a su esposa Matilde McKormic Olazábal, quien residió incluso en esa localidad hasta el mes de mayo de 1930.
El viejo Ladislao era el padre de Francisco, también fallecido, pero que hasta hace muy poco fungió como cacique mayor en la zona de Caridad de los Indios. No cabe duda que este es otro de los grandes misterios de aquella guerra que nadie ha podido, o ni siquiera se atreve, a desenmarañar.
Maldita Hemeroteca
--Diario de la Marina
--Manuel Rivero de la Calle, "Los indios cubanos de Yateras". 1973.
--Notas del profesor Alberto Soler Sunsarren, historiador de Guantánamo. 1938.

