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LA INCREIBLE HISTORIA DE LA CUBANA QUE MURIO EL DÍA DE SU BODA

Una foto de Villa Daría en el 2016. // 

¿Cómo se puede ser tan fatal de morir el mismo día de su boda?. Pues sí, eso fue exactamente lo que le sucedió a la señorita Cristina Gómez Mena, (El apellido ya les dice algo) hija de Alfonso Gómez Mena, un indiano burgalés natural del pueblo de Cadagua, localidad del municipio de Valle de Mena en Burgos, comunidad autónoma de Castilla y León, que había emigrado a Cuba en busca de un futuro mejor.

Cristina falleció trágicamente el mismo día de su boda y con tan solo dieciocho años. Este triste suceso aconteció el veinticuatro de Julio de 1927, el día que la joven contrajo matrimonio con don José Ramón de la Sota, de veinticuatro años, farmacéutico militar avecindado en Madrid. Estaba emparentado con la familia del Navarro Ramón de la Sota y, con su boda, concretaba la pedida de mano del veintitrés de febrero de ese mismo año.
-Otra hija de Alfonso, María Luisa, se había casado allí mismo en 1926 con el entonces capitán de Aviación Sr. Francisco Vives Camino, participante en el vuelo del "Cuatro Vientos" cuando desempeñaba el cargo de agregado militar en Cuba, e hijo del general Pedro Vives, quien fuera jefe de los servicios de la Aeronáutica Española.-
El padre de la muchacha, Alfonso Gómez Mena, quiso que el enlace se celebrara en su pueblo de origen, en la mansión que con tanto mimo había querido construir para las estancias vacacionales de la familia en sus viajes a la madre patria. Ya había hecho lo propio el verano anterior con otra de sus hijas, María Luisa, casada allí con Francisco Vives Camino, pionero de la aviación militar española. Así que todo se dispuso como entonces, y sin escatimar detalles.

Otra imagen del palacete fabricado en 1926 y bautizado como «Villa Daría», propiedad del indiano* Alfonso Gómez-Mena y su familia, en Cadagua de Mena (Burgos)
La ceremonia se efectuó a las once de la mañana en una parroquia muy próxima a «Villa Daría», una mansión indiana a muy poca distancia del nacimiento del río Cadagua. Como padrinos estuvo la madre del novio, la viuda María Belén Mantilla de los Ríos y Alfonso Gómez Mena, padre de la novia. 

La familia Gómez-Mena habían hecho fortuna en Cuba en la industria azucarera, además poseían múltiples negocios bancarios, comerciales e hipotecarios en la isla. Tras la ceremonia, un centenar de invitados de la alta sociedad procedentes de Madrid, Burgos, Bilbao y Santander se dieron cita en el convite.

Por citar algunos, Andrés Gómez Mena - tío de Cristina que poseía un palacio en el límite del pueblo - el señor Agapito Cagiga, el general Mantilla, el capitán Francisco Vives con su esposa, hermana de la desposada, entre otros invitados. Se trasladaron a los jardines de la mansión y despedirse de los desposados. 

El ya matrimonio quería estar en San Sebastián para asistir a la corrida de toros "De la Prensa", disfrutar de su noche de bodas en esa ciudad y, por la mañana, seguir viaje a para Biarritz, en dirección a París, Francia. En el momento de su marcha, el joven José de la Sota tomó el asiento del conductor de un vehículo marca "Cadillac" de carrocería abierta y de matrícula madrileña M-23719, regalo de su ya suegro. Doña Cristina se sentó a su lado y el chófer, el bilbaíno Enrique Tenderiño, en el asiento posterior.

Boda de la familia Gómez Mena en los jardines de Villa Daría (Cadagua de Mena)
Boda celebrada en los jardines de Villa Daría en 1926.
A las 1 y 45 de la tarde, en el kilómetro veintisiete de Zalla, frente a la central eléctrica de Vizcaya, se produjo el fatal accidente. A gran velocidad, el vehículo dio una vuelta de campana y sus ocupantes salieron despedidos. José Ramón de la Sota apareció en el centro del camino, a siete metros del auto, el chófer cayó de costado a unos cinco metros en sentido opuesto, y finalmente doña Cristina quedó atrapada y aplastada bajo la parte trasera izquierda del vehículo.

Nunca fueron esclarecidas las verdaderas causas de aquel siniestro, aunque se dijo que el chico conducía a gran velocidad y aquel tramo tenía algunas curvas de consideración. Por tanto, ¿habrá sido la impericia, despiste, pinchazo, fallo mecánico o intentó por evitar chocar con otro vehículo?. El periódico “El liberal” informaba que los vecinos de la zona escucharon el accidente hacia la una y cuarenta y cinco del mediodía. 

Los periodistas de este rotativo se presentaron en el lugar del accidente para “levantar su particular atestado” y publicaron que “ocurrió en una insignificante curva entre los kilómetros veintisiete y veintiocho. La carretera, en el sitio donde volcó el automóvil, es una recta tras salir de una curva pero amplia.

Al final de la recta está una curva cerrada. ¿Pudo ser que el joven de la Sota frenara a fondo y reventara un neumático y perdiera la dirección del coche, estrellándose finalmente contra el monte?. Nunca se dio a conocer de forma concluyente. La versión que ofreció el periódico “La Voz” fue la siguiente:

Al llegar cerca de la fábrica de electricidad de la Herrera (cerca de Valmaseda), en un lugar donde la vieja carretera tenía una curva muy pronunciada, el novio debió hacer una brusca maniobra para evitar chocar con otro automóvil. Viró hacia el monte lo que, unido a la inercia y la velocidad, provocó que el coche volcase y sus ocupantes quedasen atrapados bajo el vehículo. Otro automóvil recogió a los heridos y los trasladó al hospital de Basurto (Bilbao) donde falleció Cristina Gómez una hora después”.
Al llegar cerca de la fábrica de electricidad de la Herrera (cerca de Valmaseda), en un lugar donde la vieja carretera tenía una curva muy pronunciada, el novio debió hacer una brusca maniobra para evitar chocar con otro automóvil. Viró hacia el monte lo que, unido a la inercia y la velocidad, provocó que el coche volcase y sus ocupantes quedasen atrapados bajo el vehículo. 

“Instantes después pasó un automóvil ocupado por D Fernando Villabaso que auxilio a los heridos, trasladándoles sin pérdida de tiempo al hospital de Bilbao”. Aunque “La gaceta del norte” señalaba que Villabaso y señora les recogieron para llevarles al hospital de Basurto (Bilbao) donde la señorita Cristina Gómez fallecía una hora después”.

Boda de la familia Gómez-Mena en los jardines de Villa Daría en Cadagua de Mena

En el Hospital el médico de guardia, Julián Guimón y su equipo, emitieron el siguiente diagnóstico: el chófer, fractura de la pierna derecha y desgarro de todos los tendones; José Ramón de la Sota, hundimiento de la región frontal izquierda que exigió una trepanación de cráneo y, por último, Cristina Gómez-Mena con desgarros interiores en el vientre, rotura de todas las costillas del lado derecho, fractura de ambos brazos y fuertes contusiones en la cabeza con rotura de la base del cráneo, lesiones que le causaron la muerte poco después de su ingreso.

Alfonso Gómez-Mena, padre de la novia, recibió la noticia justo cuando los comensales se disponían a tomar café, la orquesta tocaba un “fox” y la fiesta comenzaba a adquirir su tono álgido. En pocos minutos las mesas quedaron vacías y el jardín desierto. En ese momento, siguiendo la misma ruta que los novios, comenzó a desfilar una caravana de más de treinta vehículos que se dirigió aceleradamente hacia el hospital.
--Las graves heridas por el aplastamiento causaron la muerte de la joven Cristina Gómez Mena a las pocas horas de ingresar -casi desangrada- en el Hospital de Basurto.--
Una vez allí, las mismas personas que poco antes habían asistido al enlace matrimonial se encontraron velando a la fallecida Cristina. Días después, la joven fue embalsamada y trasladada a su lugar de nacimiento, la Habana, en el barco Alfonso XIII procedente de Ferrol, siendo enterrada en el panteón familiar en la necrópolis de Colón. 

En un principio el cadáver de doña Cristina iba a ser transportado en el buque “Alfonso XIII”, también se habló que sería el vapor “Cristóbal Colón” el encargado de llevarla a su tierra.

El día veintisiete de julio, dos días después de su boda y en la misma capilla, se oficiaron los funerales de Cristina que fueron presididos por sus tíos Andrés y José Gómez-Mena y Agapito Cagiga. Pero eso no fue todo. Una semana después, el viudo José Ramón de la Sota fallecía también el uno de agosto. Por deseo de su madre, sus restos fueron trasladados a la iglesia de La Concepción de Madrid, para recibir cristiana sepultura.

Viejos residentes de la zona dijeron que Alfonso Gómez-Mena y sus hijos no volvieron mucho por Cadagua. De hecho rompió su relación con "el sagrado lugar". La mansión, que un día fue el símbolo del éxito de la sacarocracia criolla emigrada, pasó a ser propiedad de la fábrica de material fotográfico "Valca" y estuvo abandonada varias décadas.

A finales de los años 90 fue reformada para albergar un hotel y restaurante, pero hoy en día «Villa Daría» continúa abandonada. Fue puesta en venta marcada por el triste recuerdo de lo sucedido.


Maldita Hemeroteca 
Fuentes: Siete merindades 
Novélame.
Artículos de prensa de la época.

*Indiano:

Se le llamaba así a los emigrantes españoles que regresaban de Cuba y de otros países de américa, la gran mayoría ricos, y que sus casas, tipo palacetes eclécticos fabricados o restaurados a su regreso, eran un símbolo de su opulencia que habían dejado detrás. La gran mayoría de los regresados eran nacidos en Asturias, Galicia, País Vasco, Canarias o Cataluña.