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| Marines detenidos tras el suceso. // |
Hay gente que traga de todo muy fácilmente, y en este caso fue un artículo del español José Quílez Vicente, del que al parecer el periodista cubano Ramón Vasconcelos supo manipular magistralmente de cara a la popularidad de su periódico.
La noche del once de marzo de 1949, varios marines norteamericanos, entre ellos los sargentos Herbert Dave White y George Jacob Wagner, intentaron burlarse de la imagen de José Martí en parque central. Totalmente ebrios, llegaron a mancillarla; e incluso uno de ellos, Richard Choingsby, se logró subir hasta lo más alto y orinarse encima.
Mas abajo agregaba:
"Provocaron desórdenes y un tiroteo; reembarcados. —Los puntos más céntricos de la capital vivieron anoche instantes de zozobra y de suprema inquietud: grupos de marinos norteamericanos, pertenecientes a la dotación del destroyer Rodman surto en bahía, dieron lugar a incidentes de tal gravedad, que se temió en muchas ocasiones que se produjeran violentos choques entre hombres del pueblo y los visitantes.
El más grave de todos, el que colmó la indignación popular y provocó un estallido de ira que prendió como pólvora hasta en los espíritus más pacíficos, fue el escenificado por varios marineros yanquis cuando, con un descoco que sorprendió por lo inaudito, escalaron la estatua del Apóstol Martí en el Parque Central y sometieron ese símbolo de nuestra grandeza patria a los más absurdos y abyectos vejámenes”.
Con el fin de ilustrar la indignación popular, se incluyó una fotografía de Isaac Astudillo que en su escrito complementario decía:
“Prueba de ello es esta foto que recoge solo un grupo de los numerosos jóvenes —en su mayoría entre 18 y 25 años— que exacerbados visitaron la redacción de Alerta en la madrugada para exponer su enérgica protesta ante tales desmanes”.
Pero no importa, ya eso da igual. Como igual da que sus servicios prestados a la dictadura Cubana le exoneraron de toda culpa Batistiana. Fue en Alerta, que no se publicada nada sin su permiso, donde propagó el famoso “Si salgo, llego. Si llego entro. Si entro triunfo”, una afirmación tan belicista que hasta un adulón como Miguel Ángel Quevedo se negó a publicar en Bohemia.
Sepa, por si no lo sabe, que Ramón Vasconcelos no murió en el extranjero como tantos otros Batistianos de su época, murió en Cuba sin haber sido molestado. En calidad de huésped ilustre de Fidel Castro, el anciano ex ministro de comunicación del general Fulgencio Batista falleció el once de agosto de 1964 en el poblado de Santa María del Mar, y sin recibir críticas de nadie.
De este vergonzante hecho, que ha sido rememorado por la dictadura Castrista en infinidad de veces, salió publicado con bombos y platillos en su edición del doce de marzo en el periódico Alerta, como es lógico conquistando la atención nacional con el siguiente titular:
"Intentaron linchar a los marinos de Estados Unidos que profanaron la estatua de José Martí".
El más grave de todos, el que colmó la indignación popular y provocó un estallido de ira que prendió como pólvora hasta en los espíritus más pacíficos, fue el escenificado por varios marineros yanquis cuando, con un descoco que sorprendió por lo inaudito, escalaron la estatua del Apóstol Martí en el Parque Central y sometieron ese símbolo de nuestra grandeza patria a los más absurdos y abyectos vejámenes”.
Con el fin de ilustrar la indignación popular, se incluyó una fotografía de Isaac Astudillo que en su escrito complementario decía:
“Prueba de ello es esta foto que recoge solo un grupo de los numerosos jóvenes —en su mayoría entre 18 y 25 años— que exacerbados visitaron la redacción de Alerta en la madrugada para exponer su enérgica protesta ante tales desmanes”.
Pero en realidad la imagen mostraba a una veintena de jóvenes, algunos riendo y otros saludando festivamente a la cámara. Tres días después, el lunes 14, Vasconcelos volvía a la carga publicando otro artículo que tituló “Los culpables”, y donde seguía insinuando afirmaciones de este estilo:
“El sentimiento público, embotado por las demagogias disolventes, reaccionó con insólita energía ante la desvergonzada profanación…”
Sin embargo ese mismo día, en el diario "Pueblo" se publicó otro artículo firmado por el periodista de izquierdas y anti machadista Néstor Piñango titulado “El ultraje al Apóstol Martí. Patriotismo bastardo”, donde llamaba la atención acerca de algunos aspectos bastante raros y sospechosos de aquella truculenta historia profanadora, y que al parecer el pueblo Cubano se había tragado así sin más.
Aunque Piñango no acusaba a Vasconcelos directamente, sí ponía el foco en una cuestión inédita hasta ese momento, la supuesta manipulación que había hecho alguien con aquellos ignorantes marines intoxicados, que ni siquiera estando claros conocían quien era José Martí, mucho menos en el estado en que estaban. Así explicaba su tesis este periodista:
"Nos inclinamos a pensar que alguien —quizás varios— manipuló a aquellos jóvenes tan ignorantes de la historia de Cuba como de Martí, y los exhortó a subir, no al monumento del ingeniero Francisco Albear que estaba situado solo a cien pasos de distancia, sino al del más grande de todos los cubanos".
¿Quién o quiénes, y con qué intención?
No lo sabemos; pero resulta evidente que con el propósito de crear un gran escándalo. Por otro lado, hasta donde conocemos, nunca se ha hecho pública la versión de los protagonistas de aquel vejamen. Sería de sumo interés conocerla.
Al día siguiente otros medios siguieron con la comparsa. En varias primeras páginas, como la del periódico "Hoy", nada más y nada menos, se publicaron grandes titulares como:
--“¡Exijamos que sean juzgados aquí los profanadores!”.
--“¡Honor y gloria a nuestro fundador!
--¡Abajo el imperialismo yanqui!”.
--“El ultraje a Martí retrata al imperialismo”.
--“Se trata de una de las ofensas más indignantes que haya sufrido pueblo alguno de la tierra".
Como si las demás afrentas de este mundo no se pudieran ni comparar a esta. La realidad es que tuvo que venir un periodista comunista a darle a este hecho la verdadera connotación que tuvo y, sobre todo, llamar la atención de lo que a todas luces había sido una muy bien orquestada manipulación informativa.
De hecho, muy pocos se tomaron el trabajo de preguntarse: ¿Cómo fue posible que el fotógrafo Astudillo se encontrara "casualmente" allí en el parque central, cámara en mano, y a las tantas de la noche, justo en el momento en que sucedían los hechos?.
Por otro lado la apabullante lógica apunta hacia un solo lado. ¿Qué necesidad tendría un periodista precisamente de izquierdas, en intentar desmentir una información que para sus intereses editoriales y propagandísticos, el anti americanismo, le venía como anillo al dedo?.
Desde entonces hemos sido miles, millones con toda seguridad, los cubanos que todavía no seguimos creyendo "el cuento chino" de que aquella borrachera, salida de la imaginación de un periodista panfletario como Vasconcelos, fuera una provocación y una afrenta Yankee a nuestra soberanía.
Fidel Castro, que sabía perfectamente lo que había ocurrido, no tardó en sumarse como buen populista que era. Sin perdida de tiempo y junto a dos de sus más leales feladores, Alfredo Guevara y Lionel Soto, se fueron corriendo a la embajada norteamericana para exigir que aquellos marines fueran juzgados en Cuba. Ni caso les hicieron.
Con los años Vasconcelos se hizo Batistiano.
Primero como ministro de educación en el periodo en que Fulgencio Batista resultó electo en 1940. Luego fue promovido a la CTC y a la cartera de comunicaciones cuando llegó al poder tras el golpe del 1952, de hecho se convirtió hasta en uno de sus testaferros cuando apareció como dueño de la inmobiliaria "Rocar S. A", recibiendo un pago mensual de diez mil pesos y una finca en Arroyo Naranjo, en los terrenos donde después fue emplazado el "Expocuba".
| Articulo del Granma. 3-2-2025. |
Pero no importa, ya eso da igual. Como igual da que sus servicios prestados a la dictadura Cubana le exoneraron de toda culpa Batistiana. Fue en Alerta, que no se publicada nada sin su permiso, donde propagó el famoso “Si salgo, llego. Si llego entro. Si entro triunfo”, una afirmación tan belicista que hasta un adulón como Miguel Ángel Quevedo se negó a publicar en Bohemia.
Entre otras cosas porque de su particular versión "ofensa martiana", fue Castro quien ha sabido sacarle el mayor provecho al tema de los marines. Y tanto, que setenta y pico de años después, gran parte del pueblo cubano se la sigue creyendo porque como se le ha atribuido al propagandista Nazi Joseph Goebbels, una mentira dicha mil veces ya sabe como termina.
Maldita Hemeroteca.
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