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| Imagen de la calle Obispo a principios de siglo XX. // |
El matrimonio compuesto por Julio Sanguily y Mary Garrite llegaron un día a Cuba desde el vecino Haití. Él era de origen francés y ella de ascendencia irlandesa. Tuvieron tres vástagos mientras residían en la calle habanera de Obrapía, Guillermo, Julio y Manuel.
El primero se fue a vivir a Australia, el segundo ya hemos hablado aquí y no muy bien que digamos, él se lo buscó, y el tercero, Don Manuel, que se incorporó a la Guerra de los Diez Años el 17 de enero de 1869, fue un hombre de vasta cultura al punto de que en muy poco tiempo ya fungía como secretario del mayor general Manuel de Quesada y Loynaz, el polémico cuñadísimo de Carlos Manuel de Céspedes que murió en Costa Rica en enero de 1884.
Cuando Manuel decide incorporarse a la lucha en 1869, lo hace embarcándose con un grupo de rebeldes en la goleta "Galvanic" procedente de la isla de Nassau, desembarcando por "La Guanaja", en Puerto Príncipe, actual Camagüey". El 17 de enero se incorpora a las fuerzas rebeldes junto a su hermano Julio.
Debido a que los tres hermanos dominaban el inglés perfectamente, a Manuel le fue encomendada varias misiones en los Estados Unidos, y quizás por eso no llegó a alcanzar los grados de general. De hecho no pocos sostienen que por encima de su trayectoria militar, sus servicios a la patria como político e intelectual fueron mucho más valiosos y apreciados.
La guerra de los Diez Años le había tronchado sus estudios de leyes en 4to el año en la Universidad de la Habana, no obstante al firmarse la paz de 1878, realiza un periplo por Estados Unidos y por varios países europeos, radicándose finalmente en España donde consigue graduarse como Doctor en Derecho Civil y Canónico en la Universidad Central de Madrid.
Total, que una vez conformada la nueva republica en 1902, y elegido Tomás Estrada Palma como su primer presidente, Don Manuel regresa a la patria siendo elegido delegado a la Asamblea Constituyente y senador por la provincia de Matanzas, y no solo eso, fue el primer presidente del senado desde el mismo veinte de mayo.
Como delegado a la Asamblea de Santa Cruz del Sur, es elegido para presidir la comisión que unificaría la dirección de la revolución que establecería el tipo de gobierno de la República en Armas necesitaba. Como miembro de esa asamblea, fue uno de los que votó a favor de eliminar el cargo de "general en jefe", decisión que significaba la expulsión de Máximo Gómez de su hasta entonces cargo.
Agregar que Sanguily ya le había hecho importantes críticas al generalísimo en referencia a las ejecuciones cometidas en nombre del "Decreto Sportorno", un decreto en el cual Gómez había dejado las cosas claras para "posibles negociantes de paz por cuenta ajena".
"La historia, sin duda, designará algún día con el honroso título de Los hombres del 68 á todos aquellos que tomaron parte en aquella guerra gloriosa, y á fé que nos debemos sentir orgullosos todos los que combatimos con tesón y lealtad, y al terminar como terminó? emigramos con la bandera y la esperanza.
Pero, así y todo, cabe hacer un distingo, que podemos llamar histórico, y el cual consiste en que en aquel duelo á muerte aparecieron presentes en el campo y desde la víspera, muchos hombres ; otros llegaron el día y los demás, que no eran los menos, llegaron después. El Coronel Manuel Sanguily y el Comandante Enrique Collazo, corresponden al último grupo".
"Entre el privilegio que es la desigualdad, la tiranía que es un crimen, la esclavitud que es una infamia, el despojo que es una crueldad, el vasallaje oprobioso del débil por el fuerte que es un sacrilegio, y el derecho y la libertad y la igualdad que son la vida, la verdad y la ley, la lucha es larga, ha sido terrible y sin descanso, pero el resultado no puede ser dudoso.
"El que no esté conmigo es mi enemigo, y todo el que venga - no importa quien sea - á ofrecerme la paz sin traerme lo que yo quiero, está muerto".
Al respecto, Gómez le escribe bastante molesto a Estrada Palma:
"No me explico cómo es que el Coronel Manuel Sanguily, á quien vi tantas veces erguirse arrogante sobre su caballo en los campos de batalla, hable así de nuestras cosas".
En otra carta misiva a Estrada Palma, y referente a unos apuntes de la guerra del 68 que fueron escritos por Manuel Sanguily en "Hojas Literarias", el generalísimo le escribe esto al presidente: (Ortografía de la época)
Pero, así y todo, cabe hacer un distingo, que podemos llamar histórico, y el cual consiste en que en aquel duelo á muerte aparecieron presentes en el campo y desde la víspera, muchos hombres ; otros llegaron el día y los demás, que no eran los menos, llegaron después. El Coronel Manuel Sanguily y el Comandante Enrique Collazo, corresponden al último grupo".
EL ENCUENTRO EN LA CALLE OBISPO
En una ocasión, por esa emblemática calle de Obispo en la Habana se encontraron casualmente Gómez y Manuel. Luego de un saludo de rigor y una breve conversación sin importancia, el polémico Dominicano no desaprovechó la ocasión para decirle en plena cara un par de cosas con su acostumbrada retranca.
"Hombre, me alegro de encontrarle doctor, aprovecho para decirle que yo sin saber escribir sería capaz de redactar la Historia de Cuba sin citarlo a Ud., pero como usted escribe y habla tan bien, hágame un favor,.... ¿podría escribirla sin hablar de mi?.
Después de desempeñar cargos administrativos de importancia en diferentes gabinetes de Gobierno, se retiró de la política activa en 1917 y murió de causas naturales ocho años más tarde, el 23 de enero de 1925, en la Habana.
Solo nos gustaría agregar lo que dijo una vez y que hoy, a más de ciento veinte años, sigue teniendo una singular vigencia:
El pueblo que quiere triunfar de sus tiranos al fin conquista su libertad y su honor. Para eso no es necesario que todos los oprimidos, numéricamente todos, se levanten y protesten. Para conmover todos la sociedad —ha dicho un ilustre e inconsecuente estadista español— no se necesita más que un punto de apoyo, que es una idea, y una palanca, que es la voluntad enérgica de algunos hombres".

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