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| Ramón Calviño Insua, en la imagen segundo por la derecha. // |
En la década de los 50´s hubo un bar muy popular llamado "El Encanto". (La famosa cremería), situado en la calle 100 - muy cerca de la emblemática confluencia con 51 - en el municipio de Marianao, en la Habana.
En uno de sus baños se escondió un joven llamado Manolito Aguiar García, que desde 1953 ya se había hecho sentir en actividades conspirativas contra del régimen de Fulgencio Batista. Por ese motivo la policía le tenía como objetivo en ese municipio.
Había ingresado en el Instituto de Segunda Enseñanza y comenzó a dirigir protestas que le ganaron enseguida la expulsión del centro y, como era de esperar, resultó un buen fichaje para el movimiento 26 de Julio del que llegó a ser jefe de acción y sabotaje en Marianao.
Total que un primero de noviembre, y según las distintas versiones fue Ramón Calviño Insua, un ex integrante del 26 de Julio convertido en cabo de la policía quien le dio muerte allí mismo. No existe mucha información al respecto de lo que realmente sucedió, pero de sobra sabemos que todos estos opositores al régimen estaban armados hasta los dientes.
El cabo Calviño Insua consiguió salir de Cuba, pero regresó como integrante de la brigada 2506 que invadió en 1961 por las costas de Bahía de Cochinos, y de los capturados que fue uno de los cuatro que terminó ajusticiado en el paredón de fusilamiento. Se le señalaba, entre múltiples acusaciones, de haber sido el supuesto autor de la golpiza a una mujer que le señaló en aquellos juicios, donde el Castrismo presentaba hasta los niños como acusadores.
Junto con Calviño fueron pasados por las armas el "Chino Kim", al que acusaban de haber asesinado al soldado Raúl Pupo Morales, custodio del embarcadero "La Salina", en la provincia de Matanzas, con el objetivo de robarle una lancha y poder escapar a los Estados Unidos.
Otro que no regresó fue Soler Puig, alias "El Muerto", un ex matón habanero al servicio del presidente auténtico Ramón Grau San Martín. A este le acusaron de la muerte a balazos, el día diecisiete de octubre de 1948, del líder obrero portuario Aracelio Iglesias, y también al exilado dominicano Jose Manuel "Pipi" Hernández.
Este ultimo era capataz de la obra del hotel Hilton, expropiado por el castrismo y rebautizado como Habana Libre, que terminó apuñalado en el mes de agosto de 1955 en las calles L y 23 del vedado, en la Habana junto a dos santiagueros implicados de nombres Alejandro Robinson y Adán Céspedes Céspedes.
El total de brigadistas muertos en combate o durante la invasión fue de cincuenta y tres, más dos en accidentes. De ellos dieciséis eran pilotos y treinta y siete infantes. Del total nueve murieron asfixiados en un camión, mientras que los heridos fueron sesenta, en total ciento quince bajas.
Tampoco regresó Padrón Cárdenas, quien tenía varias condenas de muerte en ausencia, entre ellas una por asesinar supuestamente al opositor tunero Pelayo Cusidó Torres en Yariguá, Las Tunas, durante las "Pascuas Sangrientas", época en que resultó ajusticiado el coronel Fermín Cowley Gallegos por un comando de este movimiento, precisamente.
Por su parte Pérez Cruzata, un ex miembro del ejército rebelde, también pagó con su vida el habérsela quitado extrajudicialmente, y por orden del capitán de la policía Humberto Rodríguez Díez, al abogado y supuestamente ex "tigre de Masferrer" Rafael Escalona Almeida, según se dijo en el la farsa de juicio. Había logrado llegar a los Estados Unidos tras escapar de la prisión de la Cabaña.
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| Mujer acusando a Calviño de maltratos. Calviño: "Yo no sé quien es usted señora". |
Las apelaciones de estos condenados no duraron ni 24 horas. Al día siguiente, bien temprano en la mañana, fueron pasados por las armas en el campo de tiro de Santa Clara, y enterrados en el cementerio de esa misma ciudad. En el sepelio llevado a cabo por sus familiares y amigos, resultó muerto el joven cristiano Arnaldo Socorro.
En un principio se dijo que fue asesinado por fuerzas de la policía que se suponía debían custodiar la procesión, sin embargo Fidel Castro le dio "vuelta a la tortilla" y acusó a "los curas falangistas, apoyados por el "Franquismo Español". De pronto Santa Clara entero se llenó de carteles donde se podía leer: "Abajo el clero falangista" y "Esbirros de Sotana".
Resulta curioso, y realmente no se me ocurre otra cosa que por la conocida avaricia del dictador en jefe, que trece de aquellos brigadistas, siendo supuestamente "más asesinos" que los propios fusilados, les fuera conmutada la sentencia a treinta años de privación de libertad.
Digamos por ejemplo, que si al Chino Kim le fusilaron por matar a un soldado, entonces ¿cómo fue posible que el brigadista Pedro Armando Santiago Villa, alias "el bicho", conocido paramilitar al servicio del comandante Conrado Carratalá, y según ellos un famoso torturador, se regresara tan campante para Miami?.
O que el capitán de la policía Rogelio Millán, supuesto torturador de la catorce estación de policía, y asesino del revolucionario Reinaldo García, también "se fuera de rositas". Por otro lado José Rafael Machado Concepción, acusado de haberle dado muerte al joven Valeriano López Broche en el pueblo de Carnajuaní, también regresó a la Florida.
Otro caso, el de José Ramón Conte Hernández, alias "el Chama", quien había sido señalado como autor del asesinato del obrero Antonio Díaz Santana e incluso - esto aún más fuerte - un ex tigre de Rolando Masferrer de nombre Nicolás Hernández Méndez, escapó curiosamente del implacable paredón castrista.
Las cifras -por cabeza- de cada brigadista liberado iban desde los cien mil hasta los cincuenta mil dólares, siempre dependiendo de su "pedigrí que tuviera como Batistiano".
Pero eso no es todo, sujétese bien ahora...
Sabiendo incluso como eran de intransigentes aquellos tribunales revolucionarios, sobre todo si el delito estaba relacionado con Batista. Fíjese que el mayor Ricardo Montero Duque, señalado por ellos mismos como un azote en la zona de Bueycito, en Oriente, durante la etapa de la sierra maestra, ¡no recibió ni una colleja!
Y bueno ya esto le dejará con la boca más abierta todavía, Andrés Jesús Vega, acusado de la muerte del joven Raúl Mercuello Barrios y de tres revolucionarios más, que encima fuera participante en los sucesos del edificio de la calle Humboldt No 7, donde murieron masacrados los miembros del directorio revolucionario Juan Pedro Carbó Serviá, Joe Wesbruck, José Machado y Fructuoso Rodríguez , "escapó del palito".
Si es que por menos que eso fusilaron al sargento que acompañó al coronel Esteban Ventura Novo aquel día, y que luego identificó al miembro del 26 de julio, Marcos Rodríguez Alfonso, como el supuesto chivato que delató el escondite. En fin, que esta manera de seleccionar supuestos criminales solo responde a una cosa...
A la cifra pagada por la indemnización de estos súper afortunados, que de haber sido atrapados en 1959 con toda seguridad que no los salvaba nadie del paredón castrista. En incluso, quizás algunos hubieran sido parte de aquellos setenta y un fusilados por Raúl Castro en la loma de San Juan en Santiago de Cuba, muchos de ellos acusados simplemente de ser miembros, o simpatizantes de Fulgencio Batista.
Se pagaron varias cifras que iban desde los cien mil, los cincuenta mil y hasta los veinte mil. En caso contrario no hubieran hecho el cuento.
Se habla de más de 70 millones por todos, incluyendo una parte en alimentos y medicinas, más treinta millones por quinientos bulldozers de la marca "Caterpillar", cifras que fueron acordadas y pagadas por los Estados Unidos tras recibir la visita de diez brigadistas que fueron liberados, para que integraran el llamado "Comité de Prisioneros" que viajó hasta Washington para negociar las cantidades.
¿Sus nombres?: Reinaldo Pico, jefe del sexto batallón; el paracaidista Ulises Carbó, que en la republica había sido subdirector del diario "Prensa Libre"; el abogado, y operador de morteros Gustavo García Montes; y el paracaidista Waldo Castroverde.
También el abogado Gustavo García Montes, cargador de morteros y sobrino además de Yoyo García Montes, ex primer ministro del ultimo gobierno de Fulgencio Batista; el artillero Ceferino Álvarez Castrillón, el jefe de ingenieros de la brigada y ex militar del anterior régimen, Mirto Collazo Valdés, el capitán del barco Houston, Luis Enrique Morse, el ex militar Hugo Sueiros Ríos: el ex sargento Felix Eloy Pérez Tamayo y Juan José Peruyero.
Solo añadir que el hecho de que Fidel Castro no los hubiera fusilado, no quiso decir tampoco que fuera magnánimo. En un final ya tenía suficiente plata asegurada como para "darse unos caprichitos". Como por ejemplo el caso de Ramón Conte, "El Chama"; José Franco Mira, que murió en prisión; Nicolás Hernández Méndez; José Rafael Machado Concepción; Rogelio Milián Pérez; el Dr. Pedro Humberto Reyes Bello; Armando Santiago Villa, Andrés Vega Vega, que también murió en la cárcel, y por supuesto su rival de la Sierra, Ricardo Montero Duque; permanecieron en las cárceles.
El miembro de la brigada Jorge Alonso-Pujol, quedó libre y el 18 de abril. Pudo volar a Panamá luego que su padre pagara los respectivos cien mil dólares. Había sido el único - junto a Ulises Carbó- que voluntariamente rompieron el compromiso de no declarar en juicio.
Con Montero Duque, Castro se cebó especialmente, ya que como además de integrante del ejercito de Batista que le había combatido en Sierra Maestra, durante la invasión ocupó el cargo de comandante del quinto batallón. Con la liberación de Ricardo Montero, que había sido condenado a treinta años, sólo quedaría uno de los participantes de la brigada, el ex guagüero de la ruta 70 de la COA Ramón Conté Hernández que, que cumplió 26 años.
Por cierto un detalle curioso. Este hombre consiguió fugarse de la prisión "Melena Dos" el 16 de agosto de 1969. Fue capturado en La Habana el uno de febrero de 1972, mientras buscaba afanosamente la manera de abandonar el país por el mar. Fue nuevamente sancionado a diez años de prisión.
En Miami escribió un libro donde le achacó a Fidel Castro los asesinatos del líder universitario Manolo Castro, ocurrido el veintidós de febrero de 1948 cerca del "Cinecito" de la calle San Rafael y Consulado, en la Habana, y el de Oscar Fernández Caral, sargento de la policía universitaria, este en la puerta de su casa en la calle Infanta. Sin dejar de señalar el fallido intento contra Rolando Masferrer, que fue contado por él mismo en una entrevista que puede leer aquí, muy cerca de su apartamento en 12 y 17 en el Vedado.
A CAMBIO
Solo agregar que en aquellas negociaciones se incluyeron también a cuatro castristas acusados de conspirar para volar edificios públicos e instalaciones militares en la ciudad de New York, Marino Antonio Sueiro y José García Orellana, residentes en esa ciudad, así como Roberto Molina que fungía como attaché de la Misión de Cuba ante Naciones Unidas.
Tambien se incluyó a Francisco Molina del Río, alias "El Gancho", un peligroso elemento que había sido condenado por matar a la niña venezolana, Magdalena Urdaneta, al parecer en un fuego cruzado tras una trifulca originada en un restaurante de Manhattan, al calor de la visita de Fidel Castro a la XV Asamblea General de la ONU el 21 de septiembre de 1960.
Maldita Hemeroteca
Fuente: Prensa de la época

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