Gavino Gutiérrez al centro con sombrero en la mano. //
Nacido el 26 de octubre de 1849, mientras la Bahía de Tampa no había más que setecientos habitantes viviendo entre calles de arena y casas de troncos, Gavino Gutiérrez vivió acomodado, en una casa sobre un montículo que veía el puerto de su pueblo.
Al llegar su adolescencia, Gavino Gutiérrez no quería permanecer en su pueblo, sino que quiso probar su suerte y adentrarse en el continente americano, y fue así donde emigró a Cuba, el lugar donde los emigrantes españoles se aventuraban a su versión del “sueño americano” de la época victoriana.
Cuba era para aquellos soñadores enamorados de la naturaleza el lugar donde deseaban rehacer su vida.
Pero Cuba no le bastó a Gavino, su ambición lo llevó a la capital mundial del capitalismo: Nueva York, en 1868. Estados Unidos en esa época estaba en su fase reconstructiva luego de la Guerra Civil, pero para él era la tierra de las oportunidades.
Gavino empezó ha hacer su vida en un trabajo de botones, para luego, después de un tiempo corto, establecer un negocio de importaciones con las naciones hispanas clave del momento: España, Cuba, y México. No solo se dedicó al negocio, sino que también amplió sus horizontes académicos al estudiar arquitectura e ingeniería, mientras aprendía inglés.
Tampa no se desarrolló hasta la introducción del ferrocarril en 1884, lo cual facilitó el comercio proveniente de Cayo Hueso (Key West) en barco hacia el norte. Antes de eso no era más que un pueblo fronterizo, solamente con pescadores y sus familias.
El ferrocarril también incentivó el transporte de personas, ya sea turistas o negociantes que buscaban un lugar para comerciar, como era el caso de Bernardino Gargol, un español que tenía bajo su mando industrias de guayaba y mermelada.
Gargol era español, pero, a diferencia de Gavino, no hablaba inglés ni conocía la cultura estadounidense, por lo que le pidió a su amigo Gavino la tutela para empezar a hacer negocio en el país. Gargol tuvo la desinformación que le aseguraba que había bastas cantidades de árboles de guayaba en Tampa, por lo que vio una buena oportunidad en comenzar una nueva industria en el lugar.
Gavino lo acompañó, en el mismo año en que se abrió la línea del ferrocarril, con la lamentable conclusión de que tales cantidades de guayaba no existían en Tampa. Para Gavino, sin embargo, siempre enamorado del mar y el trópico, llegar a las arenas blancas y el mar azul de Tampa era volverlo a la vida, por lo que comenzó a maquinar los engranajes de su mente para tratar de empezar algo en aquel lugar.
Gran parte del encanto no era solo el paraje o la posición geográfica estratégica, sino sus habitantes que describe como amenos en reiteradas ocasiones. Después de una larga aventura a lo largo del continente americano, Gargol y Gutiérrez se hospedaron en Cayo Hueso, en donde visitaron a un conocido; su nombre: Vicente Martínez Ybor.
Era el dueño de plantaciones de tabaco en el área y hoy en día es reconocido como el precursor de Ybor City en Tampa. Fue Gavino Gutiérrez quien lo convenció de la belleza natural y la mano de obra amigable del lugar. A la comitiva se le unió otro tabaquero llamado Ignacio Haya, quien también apostó por Tampa y se unió a Martínez Ybor para comenzar una empresa tabacalera.
Vicente compró una propiedad de entre treinta y cuarenta acres en nueve mil dólares para empezar su fábrica de cigarros, y compró además una propiedad de veinte acres donde empezaron ambos a construir. Ya para entonces Gavino Gutiérrez era un ingeniero civil, por lo que ambos lo contrataron para desarrollar lo que hoy se conoce como Ybor City.
A la edad de treinta y seis años Gavino Gutiérrez se trasladó de Nueva York a Tampa junto con su esposa, Nelly Daly, sus dos hijas, Aurora y Adelaida, y su hijo, Gavino Jr. Tres años después nació su última hija, Maria Harriot. Desde entonces está considerado como el primer ciudadano oficial de Ybor City.
En tres años, Tampa tenía más de diez mil habitantes, con restaurantes, tiendas, clubes sociales y miles de casas con sus gallos y gallinas. Las calles de Ybor City, todas numeradas en vez de nombradas, fueron diseñadas por Gavino Gutiérrez de acuerdo a sus especificaciones.
Eventualmente Gavino compró ciento cuarenta y nueve acres de terreno que se extendían desde la calle 36 hasta la 50, y de la séptima avenida hasta la bahía McKay, donde hoy en día se encuentra el parque silvestre.
La casa de Gavino
La casa que Gavino Gutiérrez construyó para su familia, llamada El Parque Español (Spanish Park), era posada de grandes fiestas, y eventualmente tenía su propio casino y pista de carreras. Gavino Gutiérrez también se apropió de gran parte de la Isla de Ana María, una isla turística cercana a Tampa, cuyo propietario, de apellido Casanas, decidió vender en su vejez. Gutiérrez recibió parte de la propiedad como pago por hacer el estudio topográfico para la venta de la isla.
Hoy en día todavía hay propiedades con su nombre, como el Edificio Gutiérrez, construido en 1904 diagonal al Club Español, que en su momento albergaba un teatro, un hotel llamado Dixie House, apartamentos, y un club.
Lejos quedó la Tampa cuyos lagartos se asoleaban a la orilla del Rio Hillsborough, para dar lugar a edificios cada vez más altos, como el edificio Heron, o los próximos rascacielos cerca de Water Street.
Tal vez el arquitecto dentro de Gavino Gutiérrez estaría escandalizado de lo que su inversión y visión llegó a ser hoy en día.
En su lecho de muerte, el 8 de marzo de 1919, tal vez Gavino reflexionó de lo que llegó a hacer. Sus hijos y nietos, que hoy en día disfrutan de una ciudad impecable y llena de encanto, vieron lo que el gran industrialista realizó con su imaginación y la determinación de su trabajo duro.
(Tomado de Musa Hispana)
El Edificio Gutiérrez en la actualidad, ubicado en el centro de Ybor City, diagonal al antiguo Club Español