Hace unos cuatro o cinco años se publicó en Cuba una extensa entrevista donde la nieta del general mambí José Quintino Bandera Betancourt, la doctora Julia Martina Corzo Bandera, que entonces tenía ochenta y un años, relataba capítulos y memorias de su familia, en especial de su problemático abuelo.
Su madre, Dulce Virginia, fue una de las hijas que tuvo el ex general Quintín Bandera, y cuando decimos ex lo hacemos con todo el conocimiento de la historia que hemos leído, con la cubana Virginia Zuaznabar, y que esta a su vez se había casado con el coronel de ese mismo ejército, Ignacio Corso.
La pobre Julia habló de todo, menos de lo que no debía. Por ejemplo, no dijo ni pío de la destitución de su abuelo por el que llama "compadre", el general Antonio Maceo, que lo metió preso en la finca "Manuelita" e incluso le destituyó del cargo en la jefatura del regimiento de infantería de Oriente.
Y creo que pensar que por el prestigio ganado como guerrero, más el color de la piel porque se vivía el racismo desde ambas partes, el Titán le dio una segunda oportunidad. Tampoco dijo nada de la degradación a que fue sometido finalmente por parte del generalísimo Maximo Gómez, porque es que ya estaban hasta los mismísimos de las tropelías de su señor abuelo.
"La tapa al pomo", como decimos en Cuba, la puso cuando se le ocurrió desobedecer al general Calixto García que ya había sido designado como lugarteniente a la muerte de Maceo. Y Calixto nada menos, y dejémoslo así mejor. La concreta fue que Quintín se negó en 1897 a cumplir su orden de marchar hacia occidente, estando al frente de la primera división del cuarto cuerpo.
Además retrasó la recuperación de unas armas, entre ellas un cañón de Calixto. Al final fue acusado de delitos muy graves, pues además de la desobediencia, insubordinación y sedición, le endiñaron el de inmoralidad pues se habló de violaciones a guajiras cometidas en Trinidad. Fue entonces que el dominicano decidió cortar por lo sano.
Se entiende, como quiera era su Yayo, y nadie habla mal de la familia. Tambien es posible que no supiera nada de esto, porque de Quintín en Cuba solo se habla lo que conviene. No hay más que ver los comentarios en las redes sociales, cuanto ignorante (con cariño) hay todavía hablando cáscara.
Y fue una lástima ver como un general de tres estrellas, terminara de esa forma, porque no solo fue la degradación, si no que su pensión fue bastante exigua, e incluso en la búsqueda del sustento le fue negada la plaza de "inspector de montes" en Guantánamo.
Pues allí en la Mola pasó una temporada Quintin Bandera en 1880, junto con José M. Maceo, Felipe Regüeiferos Grajales, hijo de Mariana Grajales, el coronel Emiliano Crombet Philipón, participante de las tres guerras como Quintín, Pio Acosta*, Guillermón Moncada y lo menos ciento cincuenta mambises más, que fueron repartidos en otros penales como el de Chafarinas, Fernando Póo, Cádiz o el de Málaga.
La señora Orfila fue la que enseñó a leer y a escribir a Quintín, aunque no se tiene noticias que fue de esta señora. Los divorcios en Cuba no fueron legales hasta 1917 por el presidente Menocal, con lo cual no tenemos constancia de que se haya casado legalmente con la señora Zuaznabar. (Puede ser, no lo sabemos).
No solo Quintín, también los Maceo tenía allí a "sus mulaticas" al decir de un tipo tan racista, ruin y envidioso como el doctor Fermín Valdés Domínguez, que aseguró que una de ellas - con apenas catorce años - le dio a luz un hijo.
Y una muestra de esa "cáscara" tan repetida es esa de que Estrada Palma le dio cinco pesos como desprecio, nada más lejos de la verdad. El presidente Palma le ofreció un empleo al frente de la recogida de basura, no como basurero como se ha repetido por ahí, si no de jefe, un trabajo del cual fue despedido.
En realidad lo que Quintín quería era una finca en Oriente, y a pesar de que estaban baratísimas no contaba con el dinero suficiente para comprarla. No obstante la firma jabonera "Crusellas" le brinda la posibilidad de hacer un contrato publicitario, que en ese momento lo sacó del atolladero económico en que se encontraba.
Nada de esto habló la señora doctora.
Ah! pero eso sí, sacó pecho resaltando el papel que jugó su abuela como única presente en el entierro. ¿Sobre la muerte y los motivos?, se volvió a quedar muda. No se si supo que su abuelo no solo había atacado Arroyo Arenas, la tomó e incluso con la agravante de que uno de sus ayudantes, Desiderio Piloto, le dio muerte a un teniente del ejercito en una escaramuza en la "Laguna de Ariguanabo".
Que a pesar de todo su historial patriótico que databa desde los tiempos de Narciso López en 1851, alzarse contra un gobierno constitucional acarreaba graves consecuencias que su abuelo decidió asumir. Pero claro, culpa de eso también la tuvo seguramente el (o la) periodista, que solo preguntó la cantaleta de siempre. No se iba a buscar problemas por un tipo muerto hacía "un pilón" de años.
Vamos con argumentos...
Nos remitimos a la entrevista que concediera el mayor general Enrique Loynaz del Castillo, uno de aquellos alzados, al periodista Bienvenido Espinosa Morejón, presidente de la Asociación de Autores y Escritores "Antonio Maceo"...
“Quintín había sido el primero en realizar acciones de guerra en la revolución de 1906. Después de tomar Arroyo Arenas acampó cerca de la Laguna de Ariguanabo (…) después de salir de la Laguna, el general se dirigió a la finca de Silveira, de la que estaba encargado un isleño lechero.
(…) El hombre anunció que iba a la Habana y Quintín, desoyendo los consejos de sus ayudantes que le recomendaban que no lo dejara ir, envió con él una carta a Silveira para que éste pidiera un salvoconducto al gobierno.Quintín consideraba fracasada la revolucion y quería salir hacia el extranjero.
"Se que Silveira llevó la carta a Palacio; pero el Presidente Estrada Palma, en vez de darle el salvoconducto, ordenó un escarmiento y se le dio órdenes al General en Jefe de las fuerzas, Alejandro Rodríguez les detuviera para someterlos al juicio de los tribunales".
Estas informaciones fueron basadas en las declaraciones hechas por los dos ayudantes de Quintín, que al percatarse de que la guardia rural se acercaba, salieron corriendo y buscaron refugio en un monte cercano. Uno de ellos era Desiderio Piloto precisamente, que no dudó en salir corriendo.
Sin embargo desde allí pudieron observar todo lo sucedido. Incluso en esa entrevista el general cuenta de como liquidó al capitán Delgado en un combate en la zona de Babiney. La noticia, publicada en el periódico "La Lucha" el 21 de agosto de ese año, decía lo siguiente:
"El general Núñez ha organizado personalmente las fuerzas que persiguen al general Quintín Banderas. Ayer recorrió Marianao, Arroyo Arenas y Punta Brava. Iba el general en dirección al callejón del Garro, donde se había sentido un fuerte fuego, cuando regresaba el capitán Ignacio Delgado con fuerzas de la Guardia Rural después de sostener fuego con la partida de Quintín Banderas, a la cual dispersó, mando al capitán Nicona y a un moreno de la partida, ocupándole armas y caballos.
El teniente de la Guardia Rural, el señor Roque, que mandaba la vanguardia, cayó muerto con las primeras descargas de la partida. A las 5 y media de la tarde y con la cara tostada por el sol, llegó a Palacio el gobernador de esta provincia, el general Emilio Núñez, que acababa de regresar de una excursión a caballo por los términos de Marianao y Bauta, que recorrió en unión de las fuerzas de la guardia rural, encontrándose muy cerca del sitio en que tuvo lugar el encuentro del Garro donde perdió la vida el teniente Roque.
El gobernador dio cuenta a Don Tomás del resultado del viaje, y a la prensa dijo que a estas horas le estará pesando al general Quintín Banderas haberse lanzado al campo, pues el grupo que mandaba dicho general, fue dispersado ayer".
Ese mismo día, el capitán Ignacio Delgado publicó su versión de los hechos en el periódico "El Mundo", y que muy pocos daban por cierta:
«(…) Era ya muy entrada la noche, nada se veía, ni la palma de la mano. Sin saber por qué ni por dónde cae sobre nosotros con un fuego nutrido y sostenido, una partida de rebeldes. Ordené un ataque en firme y se entabló la lucha parte a parte (…) Ordené inmediatamente un reconocimiento en el campo y a la luz de varios fósforos recogimos tres muertos.
(…) Yo me había sospechado que uno de los muertos era Quintín Bandera, no solo porque le había reconocido el rostro a la luz de los fósforos, sino porque en el momento de la lucha sentimos todos su voz ¡¡Al machete!! ¡¡Al machete!! Traté de convencerme en el camino y adquirí la certeza de que sobre uno de los caballos llevaban a Quintín Bandera. Declaro que quedé sorprendido (…)».
Mire si le sirve de consuelo, sepa que no todos los de aquel gobierno se alegraron de su muerte. Por ejemplo el prestigioso jurista pinareño Eduardo Dolz y Arango, ex diputado a las cortes y senador del partido conservador por Pinar del Río, rival político de los liberales de Banderas, fue uno de los que criticó el trato vejatorio dado a los cadáveres:
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| Senador Eduardo Doltz |
Porque dígase lo que se quiera, no sentimos odio ni las pasiones se hallan excitadas de lo que resulta que cada patriota que cae, cada ciudadano que muere, ya sea el teniente Roque o el general Quintín Banderas, o ya los jóvenes pinareños Goenagas y Castellanos, causan profunda pena y hieren la conciencia pública y no hay labios que sonrían si no lagrimas en el rostro y una profunda tristeza en el alma.
Y ya que las victimas de la actual revuelta hablamos, sin meternos a profanos, censuramos que los cadáveres de los jóvenes pinareños hayan sido entregados a sus familiares y el de Quintín se le haya negado a sus parientes, sin detenernos a pensar de que en Pinar del Río pudo hacer y en la Habana no podía consentirse por podrían ser perturbadores del orden.
Hemos de decirle - repetimos- que nos parece innecesarios traer hasta el centro de la ciudad los cadáveres de los caídos en esa acción de guerra. Es un espectáculo triste sobre el que se hacen siempre comentarios contra el gobierno, injustos por que el programa político de la campaña expresado por el gobernador provincial ante los reclutas, no puede ser más humano ni más noble.
Quizás la pobre Julia no supo tampoco, o lo ocultó en la entrevista, a saber, que conocido fue que en medio de la evacuación de las tropas españolas de Cuba, su abuelo salió envuelto en la bandera de España a despedirlos.
Como apuntó en su diario de campaña el general José Lacret y Morlot: "Aquellos que en la guerra era enemigos, en la paz eran sus amigos". Lacret, en su "Diario del Soldado", llegó a afirmar que Quintín Bandera consideraba justa la lucha de España en Cuba, y citando las propias palabras apunto: "Porque una ganga así había que defenderla".
A lo mejor tampoco sabe que un tío abuelo suyo, el señor José Bandera, se fue a Francia y allí tuvo descendencia. Que ese hijo, a su vez su primo, vino después a cantar al festival de Varadero 70. Por cierto fue él quien le puso voz al personaje de la mítica película gala "Los Paraguas de Chesburgo" y al gracioso orangután "Rey Louie", en el clásico "El Libro de la Selva".
NOTA:


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