En el Censo de 1899 se constató la existencia de 2708 maestros de los cuales 1502 eran mujeres (55,46%) datos que demuestran la preponderancia femenina en la educación de singular importancia para el desarrollo estratégico de cualquier país.
Y uno de ellos fue el colegio María Luisa Dolz, una institución educativa histórica en La Habana, Cuba, nombrada en honor a su dueña y directora, Doña María Luisa Dolz y Arango, destacada educadora, escritora y feminista cubana del siglo XIX y principios del XX.
No fue fácil lograrlo. Dolz tuvo a bien visitar países más adelantados como Estados Unidos y Europa, Alemania, Francia, donde fue testigo presencial de los avances de la ciencia y de la técnica en las exposiciones internacionales de Chicago en 1893; París en 1900 y Lieja, Bélgica en 1905. En esa última ocasión, fungió como única participante cubana en el Congreso Internacional sobre la enseñanza de la Educación Física.
¿Qué fue el Colegio María Luisa Dolz?
El colegio originalmente se llamó Colegio Isabel la Católica, fundado como una escuela para niñas en La Habana ubicado en Prado no. 202 esquina a Colón, en la Habana. A partir de finales del siglo XIX y principios del XX, María Luisa Dolz lo dirigió, introduciendo métodos educativos modernos y promoviendo la educación de las mujeres.
Más adelante tomó el nombre de Colegio María Luisa Dolz en honor a su directora, convirtiéndose en uno de los primeros colegios de segunda enseñanza para mujeres en Cuba.
Importancia y características
Fue referente en educación de mujeres en Cuba, con un plan de estudios innovador que incluía tanto formación intelectual como actividades físicas, artísticas y manuales.
Ofrecía becas a niñas huérfanas o sin recursos y formó a numerosas mujeres que luego accedieron a la universidad o se convirtieron en maestras.
El claustro del colegio incluyó figuras intelectuales relevantes de la época, y su enfoque contribuyó a la ampliación de oportunidades educativas para mujeres.
En París visitó varias escuelas correccionales y católicas, y en los Estados Unidos visitó instituciones públicas y privadas, donde se nutrió de las más novedosas prácticas pedagógicas aplicadas en aquellos países. De ellos dio cuenta en sus intervenciones como Delegada al I Congreso Pedagógico de La Habana en mayo de 1913.
Simultáneamente con su labor investigativa y educativa, la experiencia y el prestigio ganado en largos años de ejercicio del magisterio, le valieron a María Luisa ser miembro pleno de sociedades pedagógicas e intelectuales en Cuba y en otras de renombre internacional. Fue presidenta del Tribunal para Oposiciones a Cátedras de la Escuela Normal de Maestras en La Habana, y miembro corresponsal en Cuba de la Liga de Escuelas de Bruselas.
(La Habana 1854- 27 de mato de 1928).
En 1923, con 69 años de edad y 46 de servicio, dejaba el colegio en manos de María Dolores Guerra de Nogueira, quien había ganado experiencia pedagógica laborando junto a ella. Como acto de última voluntad, su tumba en el Cementerio de Colón exhibe el epitafio que dictara personalmente a sus familiares. Sencillo como ella misma, inmenso en el alcance de las palabras como su obra; "María Luisa Dolz educadora cubana".
Sin embargo su obra mayormente dispersa en periódicos, revistas, archivos y otros documentos, y en unos pocos textos cortos compilados en folletos de la época, no se ha divulgado lo suficiente. En criterio del autor, una deuda con lo mejor de la historia de la pedagogía en nuestra Patria
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