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| Imagen del trasatlántico Infanta Isabel de la naviera Pinillos, (Antonio Martínez de Pinillo e Izquierdo) que hacía los viajes desde Islas Canarias a la Habana, México y Puerto Rico. // |
En el mes de Octubre de 1918 una multitud se agolpaba en el muelle de Santa Catalina, en las Palmas de Gran Canaria, donde el trasatlántico Infanta Isabel, un vapor propiedad de la naviera Pinillos, esperaba mar adentro la decisión de las autoridades.
Llevaba semanas convertido en núcleo infeccioso, con casi 200 enfermos a bordo y algunos fallecidos durante la travesía desde A Coruña. Como tantas veces, en las Palmas de Gran Canaria aguardaban para subir a unos trescientos canarios rumbo a La Habana. El final de aquella escala de hace casi 108 años, sucedió lo que hoy vivimos de nuevo.
Aquel "Titánic gallego" zarpó de Gando rumbo a la ciudad de Vigo el 7 de noviembre con 850 pasajeros sanos y 142 tripulantes. Otros 370, entre enfermos y familiares, se quedaron. Decenas de personas murieron entre la travesía y su estancia en Gran Canaria. El vapor, que en otras escalas había traído a Las Palmas de Gran Canaria prosperidad, en esta ocasión, dejaba la inquietud y la muerte.
LA HISTORIA
El vapor Infanta Isabel era uno de los mejores trasatlánticos españoles. Rápido, seguro, hermoso. Había sido construido en 1912 en Inglaterra, pertenecía a la compañía naviera Vapores Correos Españoles de Pinillos, Izquierdo y Compañía de Cádiz y hacía la ruta de Cuba, recorriendo los puertos de Barcelona, Valencia, Cádiz, A Coruña, Las Palmas y La Habana.
En este caso llevaba a Cuba 160 tripulantes, 140 de ellos de primera clase.
A las siete de la tarde del 26 de septiembre de 1918 fondeó en el puerto de A Coruña. Traía en tránsito unos 296 pasajeros y el viaje, desde Barcelona, se había desarrollado sin incidencias. Aquí cargó 89 sacas de correspondencia, 50 bueyes vivos para su consumo, 70 toneladas de vino y 2.000 toneladas de carbón.
También recogió a 850 pasajeros que habían pagado de billete 1.777,25 pesetas los de primera; 1.242,25 los de segunda; 949,75 los de segunda económica y 346,10 los de tercera. La mayoría de estos últimos eran emigrantes pobres que marchaban para Cuba a buscar mejor vida.
El barco partió el 28 hacia Las Palmas de Gran Canarias, exactamente el mismo recorrido que había hecho el Almirante Cristóbal Colón en 1492.
Todo transcurría con normalidad, pero a los dos días de viaje se supo que en la tercera clase la enfermedad "Gripe Española" se propagaba. El pasaje se encerró en sus camarotes. El Infanta Isabel llegó el 2 de octubre por la mañana a Las Palmas con un panorama desolador, 500 pasajeros contagiados con vómitos de sangre, fiebre. Ya para entonces habían muerto 10 personas en el trayecto.
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En 1930 Rosalía se reunió con el presidente Gerardo Machado con el fin de fundar en la zona de Boyeros el zoológico público nacional, pero el mandatario no contaba en esos momentos con el capital necesario.
En la Quinta de las Delicias - Finca de los Monos - Rosalía Abreu se convirtió en la primera naturalista que logró un apareamiento de chimpancés en cautiverio. Cruzó con éxito a Jimmy y Cuscusa, dando lugar al nacimiento de la citada Amuná. Su trabajo de caracterización de especies permitieron sentar las bases de primatólogos como Robert Mearns Yerkes, que le dedicó a Rosalía su libro "Almost Human" que lo consagró en el panorama internacional.
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Pues ¿sabe quien iba en ese barco Infanta Isabel?, nada menos que una de las cubanas más ricas del momento, Rosalía González-Abreu y Arencibia, hermana de la patriota Marta Abreu. Rosalía embarcó con un vagón completo de equipaje y una colección de chimpancés, monos y otros animales que había traído por ferrocarril y que fueron contemplados por muchos curiosos en la estación de A Gaiteira, en A Coruña, en Galicia.
Tuvo que seguir rumbo a Vigo para cumplir con su cuarentena, y afortunadamente pudo seguir viaje a la Habana sana y salva.
Rosalía Abreu tenía una cría de monos en cautiverio en la Calle Carlos III, claro la "Finca de los Monos" que entonces se llamaba "Quinta de las delicias". Tres años antes de la travesía de este barco, había nacido allí una chimpancé en cautividad de nombre Anumé, según lo afirmaba entonces un reporte del antropólogo Luis Montané.
Esta finca fue adquirida en 1873 por Don Pedro Nolasco González y Abreu, un rico hacendado azucarero y padre de la patriota Marta Abreu y su hermana Rosalía, esta ultima propietaria de una gran variedad de animales, entre ellos varios simios y primates. Incluso tuvo cocodrilos, osos y hasta algunas águilas también.
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| Rosalía Abreu. |
El mundo se encontraba inmerso en el brutal crack económico de 1929, que a la postre le costó su presidencia.
Rosalía aportó el capital necesario para que Antoñico, el único hijo reconocido del general Antonio Maceo, abriera su clínica privada de obstetricia y ginecología en la Habana, la cual recibió una partida del gobierno de mil pesos para sus sostenimiento.
Rosalía Abreu murió 12 años después del fin de la pandemia de 1918. Tenía 68 años. Dejó 200 herederos que pasaron a formar parte del fondo de una institución científica.
El transatlántico con el que cruzó el océano cargada de simios en plena pandemia y en plena guerra europea fue vendido por la empresa propietaria, la Naviera Pinillos, que como muchas empresas en aquella pandemia, acabó en la ruina.
El Santa Isabel sobrevivió a Rosalía y a sus monos 12 años más. Terminó siendo un buque de guerra de la marina japonesa en la II Guerra Mundial y acabó hundiéndose en mitad del océano. Esta vez no fue un iceberg, sino un submarino estadounidense.
Curiosamente esta historia se repite casi ciento diez años después, cuando el crucero Hondius, con sus camarotes de hasta 24.000 euros por trayecto y su capacidad para 170 pasajeros, y que como hoy publica la Razón.es.... "En el MV Hondius no había emigrantes que buscaran una mejor vida en la Habana, sino turistas que pagaron por ver la Antártida". Ciento ocho después las aguas de la playa "El Médano", en el sur de Tenerife, revivió de nuevo aquella historia de emergencia sanitaria.
Maldita Hemeroteca
Fuentes: LaRazón / Voz de Galicia

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