Carlos Álvarez y Elsa Prieto Otro caso de espionaje auspiciado por el gobierno de Cuba fue el de Carlos Álvarez, profesor de Psicología de la Universidad Internacional de Florida (FIU), y su esposa, la sicoterapeuta Elsa Prieto Álvarez, especializada en tratamiento de grupo.
Carlos Álvarez es de la ciudad matancera de Cárdenas, salió de Cuba en 1961 y se convirtió en ciudadano de Estados Unidos trece años más tarde. Elsa se hizo ciudadana en 1979. La pareja contrajo matrimonio en 1980. El arresto de este matrimonio generó fuertes polémicas entre grupos de exiliados cubanos.
Se instituyeron fuertes denuncias sobre la penetración castrista en los centros de estudios estadounidenses y varios amigos y colegas de los Álvarez salieron en su defensa negando que estuvieran espiando para La Habana.
Al principio del proceso la pareja se declaró inocente de los cargos que presentó la fiscalía y solicitó un proceso con jurado, pero las pruebas en contra y el hallazgo de un disco duro de la computadora del matrimonio complicaron su situación legal.
Álvarez fue acusado de ser agente de los servicios de seguridad cubanos desde 1977 y su esposa desde 1982. El profesor fue uno de los promotores de los intercambios académicos con Cuba y participó en el Diálogo de 1978 en La Habana. Álvarez es doctor en Psicología Clínica y profesor asociado al Departamento de Estudios de Liderazgo y Política Educacional.
En el registro efectuado en la residencia de la pareja las autoridades encontraron materiales usados para actividades de espionaje. En el proceso judicial en que fue condenado a cinco años de prisión, Carlos Álvarez admitió que durante casi 30 años había entregado información al Servicio de Inteligencia cubano sobre la comunidad de exiliados de Miami.
El abogado de Carlos Álvarez, Steven Chaykin, dijo que su defendido proporcionó a la inteligencia cubana información inocua, en definitiva meros rumores. El fiscal Matthew Axelrod no aceptó ese argumento,: “No era cháchara hueca... El servicio de inteligencia cubano encargó a Carlos Álvarez que le proveyera de cierta información y él le proveyó de esa información”.
Elsa Álvarez, consejera de FIU, había sido miembro de la Brigada Antonio Maceo 786 , fue sentenciada a tres años en prisión por ocultar las acciones de su marido. Los fiscales dijeron que Carlos Álvarez utilizó su trabajo en la universidad para conocer a personas que La Habana quería bajo vigilancia.
En algunas oportunidades, su esposa lo acompañó en sus viajes para reunirse con agentes del gobierno cubano y también supo que el profesor utilizaba su hogar para enviar mensajes codificados a La Habana, afirmaron los fiscales. El matrimonio Álvarez firmaba los documentos que enviaba a La Habana con los seudónimos de David y Deborah, según pesquisas del FBI.
Ambos recopilaron información sobre el exilio cubano que remitían a La Habana o entregaban, incluyendo información relacionada con Modesto Maidique, presidente de FIU. El fiscal estadounidense Alex Acosta dijo que ambos traicionaron el juramento que realizaron cuando se convirtieron en ciudadanos estadounidenses
“Pero miembros de la comunidad de inteligencia, a juzgar por la acusación presentada ante un tribunal, piensan que los Álvarez funcionaban más como agentes de influencia que como unos James Bond criollos”.
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