El día 10 de mayo de 1872 el Gobierno de la República en armas nombra al Mayor general Ignacio Agramonte como Comandante en Jefe del Distrito de las Villas, con lo que extiende su jurisdicción a dos provincias; el segundo jefe de las Villas lo era el general Villamil. A tal efecto el Presidente Céspedes dirigía la siguiente carta, con la misma fecha, al coronel González Guerra:
"Número 86. Corojo de Caoba, mayo 10 de 1872.—C. Coronel José González Guerra.
Mi estimado amigo:
Cuento con que al recibo de ésta se hallará usted ya en buena salud y listo para partir con el resto de las fuerzas de las Villas, a fin de penetrar en este Estado inmediatamente, conforme a las órdenes expedidas por este Gobierno, las que llevan por objeto favorecer a Carlos García, que parece ha desembarcado y opera entre Guanajay y San Antonio.
"El general Agramonte, que tanto se está distinguiendo en Camagüey, ha sido nombrado para el mando superior del Estado de las Villas, sin dejar el de Camagüey. El general Villamil es su segundo. El brigadier Peña no se presentó; fué aprehendido y fusilado. Sin otro particular, me repito su afectísimo amigo y hermano.El general Serafín Sánchez afirma que el mayor Ignacio Agramonte despachó exploradores sobre el enemigo; de seguro que estos exploradores constituían fuerte destacamento, colocado en la ruta obligada de aquél, y de seguro también que el Mayor aquella noche reforzó las guardias de su campamento, para ponerse a cubierto de alguna sorpresa.
A las cinco de la mañana del día 11 de mayo de 1873, resuenan en los ámbitos del campamento cubano las notas alegres de la Diana y momentos después nuestro gallardo general adopta las disposiciones procedentes para el combate. A las seis lo hallamos dando órdenes a los jefes de infantería, mientras ya la caballería de Reeve, en el otro extremo del campamento, y que mira desde su posición Serafín Sánchez, realiza movimientos tácticos.
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| Plano Potrero Guinea. Remitido por Loret de Mola y confeccionado por varios Mambises Once de Mayo de 1921 Diario de la Marina. |
No podemos entrar en la descripción del combate de Jimaguayú sin llamar la atención del lector hacia los cuatro planos que teníamos para su estudio. Entre ellos se advierten contradicciones notables acerca del lugar donde murió el Mayor, y de cuál fue la fuerza que hubo de matarlo.
Ramón Roa dice que el Mayor no pensaba entablar acción formal con el enemigo, porque para el 24 de ese mes de mayo había convocada una junta de jefes militares en las Tunas, en que se iba a proponer su nombramiento para el cargo de General en Jefe del Ejército Libertador, que había tiempo se encontraba vacante; este criterio de Ramón Roa lo comparte el nieto del Mayor: pero las disposiciones que adoptó para el combate, el orden de colocación de los distintos elementos que el mando tenía y su actitud posterior, revelan lo contrario.
Corrobora esta tesis nuestra Enrique Loynaz del Castillo, quien dice que Serafín Sánchez le manifestó en la guerra que el Mayor, desde el principio del combate, decidió sostenerlo hasta la destrucción del enemigo, lo que le parecía posible, por la poderosa infantería y la situación en que la colocó. El enemigo, fusilado de frente y de flanco, recibiría al retroceder la carga de aquella caballería incontrastable.
No hay duda que mientras Agramonte recorría su extensa línea de infantería ya la izquierda cubana sostenía fuego con el enemigo y se había dado principio al combate. Parece lo más probable que el general, después de hablar con Sánchez, recorrió todo el centro de la infantería y el flanco izquierdo, hasta la altura que ocupaba el centro de las Villas, según lo que corroboran los planos de Ubieta publicados en el "Boletín" y del "Diario de la Marina".
Unánimes son los informes cubanos, que su muerte ocurrió yendo en compañía de cuatro hombres: dos asistentes, el teniente Díaz de Villegas y el sargento Lorenzo Varona. Muerte gloriosa, pero sombría, que llega en el momento en que el general abandona su puesto para ocupar el de soldado; en el momento en que sale de la línea cubana unos centenares de metros dirigiéndose, imprudentemente, hacia su caballería, situada en el lado opuesto del potrero.
Y en su recorrido; a doscientos metros de sus líneas, a cien del arroyo, y ya a la misma altura, donde 800 metros más al este se hallaba la caballería, recibe el disparo que le priva de la vida, procedente del flanco derecho, lanzado por la columna española. Flanco situado a 100 metros de distancia del Mayor.
"Después de un prolijo y profundo estudio alrededor de la acción de Jimaguayú, afirmamos que Agramonte no llegó al cuerpo a cuerpo con la infantería enemiga, porque no hay un testigo presencial de nuestra parte que lo asevere".
La versión de que mató a un soldado con la espada que el capitán Chucho Correa arrancó de las manos crispadas por la muerte del coronel Abril, como dijera Ramón Roa en un arranque de romántico entusiasmo, procede del campo contrario y porque lo niega un testigo mudo al que nadie puede desmentir; me refiero al campo de Jimaguayú.
Habiendo muerto Agramonte a cien metros al suroeste de una de las márgenes del arroyo, y a 200 metros de las líneas de infantería cubana, era necesario que el flanco español, que lo mató, hubiese cruzado el arroyo de orilla escarpada y crecido por la época del año en que ocurrió el combate, tropa que necesitaba para ello introducirse prácticamente dentro de la línea cubana.
Agramonte cayó a 100 metros de la margen suroeste del brazo derecho del arroyo, en un lugar elevado, de su vertiente derecha, por lo que se comprende que la infantería enemiga, en la margen opuesta, cubierta por la alta yerba, pudo verle fácilmente, al destacarse sobre su caballo, ya que se hallaba en plano superior al ocupado por ella; pero el fuego se le hizo, y este documento irrefutable lo acredita, a distancia aproximada de 100 metros.
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| Copia del plano aparecido en el Boletín del Ejército |
En cuanto a su ayudante, (teniente de su escolta Jacobo Villegas) si bien es verdad que cayó cerca de 200 metros del lugar donde pereciera el Mayor, también es cierto que sus heridas le permitieron correr hasta allí. Las otras dos heridas, "al parecer de instrumento cortante", situadas en cuello y cabeza, de que nos habla el dictamen pericial, pudo haberlas recibido el cadáver posteriormente.
Durante el largo trayecto que, a través de monte y manigua, recorriera en la marcha hacia esta ciudad, pues que nos guardamos mucho de hacer la más ligera imputación al adversario, sin la prueba evidente de la profanación. (El padre Martínez, que lavó el cadáver de Agramonte, afirmó: "que no presentaba más que una herida, de arma de fuego, en la cabeza".)
La "Gaceta de la Habana"
15 de mayo de 1873:
"El día doce la columna de León encontró al enemigo en Jimaguayú, ocho leguas al suroeste de Puerto Príncipe, al que consiguió batir y derrotar después de un reñido combate. Las fuerzas enemigas se calculan en 800 hombres de infantería y caballería.
Los nuestros 400 hombres de León, 250 de la columna volante, una pieza y 60 guerrilleros. Las bajas del enemigo han consistido en 80 muertos vistos y muchos heridos que retiraron, entre los cuales se cree iba el cabecilla Sanguily, a quien se vió caer de su caballo.
En esta acción ha muerto el titulado general insurrecto Ignacio Agramonte, cuyo cadáver fué recogido y conducido a Puerto Príncipe y expuesto en público fué reconocido levantándose acta, después de que se comprobó su identidad por toda la población en masa.
La muerte del cabecilla ha sido de gran, importancia, no sólo por su valor y conocimiento sino por la influencia que ejercía sobre sus secuaces. Se cogieron armas al enemigo y caballos, entre los que estaba el de Agramonte. Nuestras bajas han consistido en 6 muertos, 15 heridos y 14 contusos."
Por su parte el periódico "El Fanal" de ese día decía:"Alcance al Fanal. Puerto Príncipe, 12 de mayo de 1873. Viva España! El titulado Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz ha muerto en el rudo combate que contra numerosas fuerzas enemigas sostuvo en el potrero de Jimaguayú el teniente coronel Primer Jefe del Batallón de León D. José Rodríguez de León, al frente de su batallón, columna volante, artillería y guerrilla. Las bajas causadas a los insurrectos son considerables y la pérdida de su primer cabecilla los ha puesto en completa dispersión.
El cadáver de Agramonte ha sido identificado por un acta formal y se halla expuesto a la vista pública en el Hospital de San Juan de Dios. Las tropas victoriosas de Jimaguayú han conseguido un triunfo de notoria trascendencia para la pacificación de este distrito. Loor a los valientes; y por ello felicitamos también al Excmo. Sr. Comandante General don Ramón Fajardo, que con tan gloriosa fortuna, empieza la época segunda de su mando.
La falta de tiempo no nos permite dar más extensión a tan fausto suceso, pero nuestro colega "El Gorrión", que se publicará en esta imprenta, consagrará mañana el primer número a historiar todos los detalles de este acontecimiento."
El acta de identificación, a que se refiere el alcance que transcrito dejamos, dice así:
Acta de inhumación de Agramonte.12 de mayo de 1873.
"En la ciudad de Puerto Príncipe a doce de mayo de mil ochocientos setenta y tres, y acto continuo, el inspector instructor para identificar el cadáver a que se refiere la anterior acta, hizo comparecer en este Hospital de San Juan de Dios a los individuos que han asistido al campo insurrecto y que deben conocer al titulado Mayor General D. Ignacio Agramonte Loynaz y lo son don Cornelio Porro y Muñoz, don Manuel Agramonte y Porro, don José Antonio Ronquillo y Agramonte, don José Llauger y Beltrán, don Tomás Barrio y González y don Agustín de Varona y Miranda.
A cuyos individuos, y con el fin que queda indicado, se les puso de manifiesto el cadáver de que antes se ha hecho referencia, y después de haberle examinado detenidamente, expusieron que por su edad, figura, estatura y demás que observan en dicho cadáver, pueden asegurar que pertenece a la persona del indicado Mayor General insurrecto D. Ignacio Agramonte y Loynaz, a quien los exponentes conocían perfectamente, antes de la insurrección y después de ella en el campo insurrecto, y, además, don Manuel Agramonte y don José Llauger.
En este estado el Inspector hizo además comparecer a don José García Acebal, Celador de Policía, don Pedro Recio Betancourt, don José Tomás de Socarrás y don Diego de Varona y Zaldívar, personas que conocían en esta ciudad a don Ignacio Agramonte y Loynaz, para que asimismo reconozcan el cadáver, que se encuentra en este Hospital.
Para que manifiesten si es efectivamente el de la persona de don Ignacio Agramonte y Loynaz y después de examinarlo, expusieron que por su fisonomía, figura y demás que observan en el cadáver, están en completa inteligencia que pertenece a Agramonte y Loynaz, a quien efectivamente conocían de vista, trato y comunicación en esta ciudad, como persona visible antes de la insurrección.
Con lo que el Inspector dió por terminada esta acta, que leída a todos los exponentes la hallaron conforme, en descargo del juramento que previamente prestaron, y firmaron todos después del mismo inspector, por ante mí, de que doy fé. Antonio Olarte, Manuel Agramonte, José Llauger, Agustín Varona, Tomás Ramos y G., José Antonio Ronquillo, Cornelio Porro, José García Acebal, Diego de Varona y Zaldívar, José Tomás de Socarrás, Pedro Recio Betancourt y Francisco de Arredondo."
El acta de reconocimiento médico, dictamen pericial, que tanta importancia tiene en el estudio de la muerte de Agramonte, es del siguiente tenor:
"En la ciudad de Puerto Príncipe, a doce de mayo de mil ochocientos setenta y tres, el inspector don Antonio Olarte, por ante mí el escribano público de Gobierno y Guerra, dijo:
Que habiendo conducido a esta ciudad, la "columna" en operaciones del Batallón de León, el cadáver de un individuo que se asegura ser el del titulado Mayor General insurrecto don Ignacio Agramonte Loynaz, a quien se dió muerte por dicha columna, en un encuentro tenido el día de ayer con los insurrectos, y recibido órdenes del señor jefe principal de policía, a quien se las ha trasmitido el Excmo. Sr. Comandante General Gobernador Civil de este Departamento, para que se identifique convenientemente la persona del repetido Mayor General insurrecto Agramonte Loynaz.
Con ese objeto se trasladó el mencionado inspector Olarte, con mi asistencia, al Hospital de San Juan de Dios, de esta propia ciudad, donde se halla depositado el cadáver a la expectación pública, encontrándole colocado en unas andas de madera, teñida de negro, boca arriba, con las piernas y los brazos extendidos y apoyada la cabeza en una almohada.
Vestido con camisa blanca, ensangrentada y sucia, recogida su delantera hacia el pecho, teniendo el vientre al descubierto, pantalón de dril crudo, también sucio, zapatones de vaqueta de medio uso y botas negras de búfalo; de estatura alta, delgado, al parecer de treinta años de edad, cabello castaño y con patillas, sin poderse precisar sus demás facciones por abotagamiento que ya ha ocurrido en la cara.
En este estado y habiendo comparecido los facultativos médicos Lcdos. don Pedro Nolasco Marín y don José Salvador Areu, a quienes se hicieron llamar para el reconocimiento del cadáver, en forma legal, después de manifestar que son naturales y vecinos de esta ciudad, mayores de edad, casados y ejercitados en su profesión, y de prestar juramento con arreglo a derecho, procedieron al indicado reconocimiento, con la detención conveniente, y verificado expusieron:
Que el cadáver que tienen de manifiesto se halla en estado de putrefacción bastante adelantada, encontrándole una herida de forma circular en la parte lateral derecha, causada al parecer por una de las cápsulas remington, cuya herida se halla situada en el frontal del lado que antes han manifestado, teniendo salida por la parte superior del parietal izquierdo, que ésta debió haberla recibido de costado y caso de hallarse al frente el que disparó el arma, fué herido en el punto que dejan dicho al volver la cabeza.
Seguidamente reconocieron una herida de tres pulgadas de longitud y profundidad de la de los tegumentos comunes y vasos gruesos en la parte anterior y media del cuello, hacia el lado derecho. También se le notó otra herida de pulgada y media de longitud y profundidad de los tegumentos comunes, situada en la parte superior del hueso coronal, ambas causadas al parecer con instrumento cortante; que la herida de la cabeza es mortal por necesidad, por haber atravesado toda la substancia cerebral, y que debió haber fallecido instantáneamente.
Con lo que dió el Inspector de policía del primer distrito de esta dicha ciudad que instruye esta diligencia, por terminados los actos del reconocimiento judicial y pericial que comprende esta acta; leída que les fué a los facultativos lo que les concierne, la hallaron conforme y firmaron después del referido inspector por ante mí de que doy fé. Antonio Olarte. José Salvador Areu. Pedro N. Marín. Francisco de Arredondo."
A las cuatro de la tarde de ese día sacaban su cadáver unos negros para el Cementerio donde no se le inhumó, sino incineró, argumentando los españoles que con el propósito de impedir que los voluntarios y guerrilleros, en cuyas filas tanta brecha sangrienta había abierto la espada noble y valerosa del Mayor, lo arrastraran por las calles de la ciudad, para lo que se dice habían solicitado permiso del Coronel Rodríguez de León y del General Fajardo, Jefe de la Plaza.
¿SOBRE LA SUPUESTA TRAICION CUBANA?
Se ha querido también atribuir la muerte del Mayor a los propios cubanos; unos dicen que fué la caballería nuestra que le hizo fuego confundiéndole con los contrarios, mientras otros aseguran que lo asesinaron aquellos patriotas de dos días: Rafael Zaldívar y Rafael Betancourt, que hemos visto incorporados a nuestras fuerzas el día 7 de mayo.
Rechazo la primera tesis, porque Agramonte cayó a gran distancia de su caballería, cerca de ochocientos metros, y no puede dejarse de tomar en cuenta que la crecida yerba en aquel campo, impedía ver a doscientos metros. Pero estudiemos esa hipótesis, imposible, y ya destruida con los elementos nuevos que hemos traído al debate.-------------------------------------------------------------------------------------
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Se ve que la dirección que el Mayor llevaba era opuesta a la que debía llevar la caballería enemiga, en su ataque a la cubana, y no es presumible que sus hombres, los que durante años anduvieron con él, por la manigua, no le distinguieran aún estando a la distancia de cuatro o seiscientos metros, que era la máxima en que en aquella época se podía hacer fuego directo con eficiencia.
Por otra parte, ninguno de sus acompañantes ha afirmado ni admitido ese hecho; pero el testimonio del comandante, que invoca Lagomasino, nos obliga a destruir el error sobre su propio plano. Obsérvese el croquis citado. Se verá que la distancia del flanco de la caballería española al lugar donde cayera Agramonte es casi la mitad de la distancia que hay del flanco cubano al propio punto de la caída.
CARTA RESPUESTA DE LOS VETERANOS DEL CAMAGUEY
Veamos la siguiente carta que varios veteranos de Camagüey remitieron en tres de junio de 1910 a Francisco de Arredondo y Miranda:
"Mi querido amigo: Con sorpresa inaudita me he enterado del contenido de tu carta e indignación me ha producido lo que ha publicado en el periódico "La Prensa" el señor Luis Lagomasino, referente a la desgraciada muerte en el combate de Jimaguayú de nuestro inolvidable Mayor General Ignacio Agramonte.
Suponer que de las fuerzas de caballería del Camagüey, arma favorita de Ignacio, partiera la bala que debía acabar su preciosa existencia, es un crimen horrendo, pues con sólo fijarse en el croquis que el mismo presenta, que con pequeñas modificaciones lo creo bastante exacto y ver la posición que tenía la caballería y en la que por última vez se vió en donde Ignacio estaba.
Al iniciarse la carga que dimos a la caballería española, que venía a la vanguardia, se comprende que antes que Ignacio pudiera incorporársenos, como era su propósito, tenía irremisiblemente que chocar con la infantería española, que en sus descargas le ocasionó a muerte indudablemente.
Viene bien explicar ahora el por qué n ninguno de los ayudantes de nuestro querido e inolvidable Ignacio estuvimos con él en el momento de su muerte. Poco antes de empezar la acción nos dió orden a todo su Estado Mayor que nos incorporáramos a las fuerzas de caballería, cuyo jefe era el bravo Brigadier Enrique Reeve.
Que Ignacio, después de dar órdenes al Brigadier José González, jefe de las fuerzas de las Villas y al coronel Manuel Suárez, jefe de las fuerzas de Caunao, ambas de infantería, se reuniría a nosotros; lo que trató de hacer él solo impremeditadamente, sin duda, en un arranque de entusiasmo despreciando el peligro, iniciado ya el combate.
Se dice en el citado artículo que Villegas fuera Ayudante del General Agramonte y que andaba con él. Ni Villegas era Ayudante de Agramonte, ni estaba con él. El capitán Villegas, como el Estado Mayor de Agramonte, estaba incorporado al cuerpo de caballería, como el mismo General nos había ordenado antes de empezar la acción y fué uno de los que murió valientemente en la carga que le dimos a la caballería española.
También dice el articulista que tuvo en la Administración de Hacienda de esta ciudad, una conversación con el Doctor Emilio Luaces, sobre este particular, y que éste convino en la misma idea. A la verdad ni comprender podemos que Luaces pudiera estar de acuerdo con la creencia del señor Lagomasíno, y .creo que si él viviera habría de pedir al articulista una rectificación de lo que ha dicho.
Es falso suponer que el señor Rafael Zaldívar pudiera cometer ese crimen, pues este señor estaba en las fuerzas de caballería. En fin, amigo Pancho, creo que con esta carta quedará desvirtuado lo que dice en su artículo el señor Lagomasino y si así no fuese, ten tú la plena seguridad de lo que te dejo dicho, que es la verdad de todo lo que pasó y que varios compañeros que se encontraban en esa acción lo justificamos con nuestras firmas.
Estos amigos han querido hacerse solidarios de esta carta al enterarse de ella. Soy enemigo de las exhibiciones personales, vivo retraído y desde mi retiro te envía un abrazo tu consecuente y decepcionado amigo y compañero, Enrique. Loret de Mola, Coronel Ayudante. General Maximiliano Ramos. Mayor General Javier de la Vega. Elpidio Loret de Mola, Comandante. Capitán Antonio Arango. Mayor General Manuel Suárez y Manuel Barreto.
Por ultimo dejamos la explicación firmada por varios miembros de su tropa más cercana, y que de alguna manera explica porque no estuvieron junto a su jefe en el trágico momento.
"Poco antes de empezar la acción nos dió orden a todo su Estado Mayor que nos incorporáramos a las fuerzas de caballería, cuyo jefe era el bravo Brigadier Enrique Reeve, que él, Ignacio, después de dar órdenes al Brigadier José González, jefe de las fuerzas de las Villas y al coronel Manuel Suárez, jefe de las fuerzas de Caunao, ambas de infantería, se reuniría a nosotros; lo que trató de hacer él solo impremeditadamente, sin duda, en un arranque de entusiasmo despreciando el peligro, iniciado ya el combate.Se dice en el citado artículo que Villegas fuera Ayudante del General Agramonte y que andaba con él. Ni Villegas era Ayudante de Agramonte, ni estaba con él. El capitán Villegas, como el Estado Mayor de Agramonte, estaba incorporado al cuerpo de caballería, como el mismo General nos había ordenado antes de empezar la acción y fué uno de los que murió valientemente en la carga que le dimos a la caballería española.
También dice el articulista que tuvo en la Administración de Hacienda de esta ciudad, una conversación con el Doctor Emilio Luaces, sobre este particular, y que éste convino en la misma idea. A la verdad ni comprender podemos que Luaces pudiera estar de acuerdo con la creencia del señor Lagomasíno, y .creo que si él viviera habría de pedir al articulista una rectificación de lo que ha dicho. Es falso suponer que el señor Rafael Zaldívar pudiera cometer ese crimen, pues este señor estaba en las fuerzas de caballería.
En fin, amigo Pancho, creo que con esta carta quedará desvirtuado lo que dice en su artículo el señor Lagomasino y si así no fuese, ten tú la plena seguridad de lo que te dejo dicho, que es la verdad de todo lo que pasó y que varios compañeros que se encontraban en esa acción lo justificamos con nuestras firmas. Estos amigos han querido hacerse solidarios de esta carta al enterarse de ella.
Soy enemigo de las exhibiciones personales, vivo retraído y desde mi retiro te envía un abrazo tu consecuente y decepcionado amigo y compañero, Enrique. Loret de Mola, Coronel Ayudante. General Maximiliano Ramos. Mayor General Javier de la Vega. Elpidio Loret de Mola, Comandante. Capitán Antonio Arango. Mayor General Manuel Suárez y Manuel Barreto.Maldita Hemeroteca
Fuente: Condensado del Libro V de la vida de Ignacio Agramonte
Juan J.E.Cassasús.



