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MUERTE DE AGRAMONTE: QUE DIJO LA PRENSA Y DEMÁS DOCUMENTOS. CONCLUSIÓN


La prensa cubana del siglo XIX —tanto la colonial publicada en La Habana como la independentista y la prensa extranjera que circulaba en Cuba— reaccionó con enorme impacto ante la muerte de Ignacio Agramonte el 11 de mayo de 1873, caído en Jimaguayú durante la Guerra de los Diez Años. 

Lo que publicaron puede agruparse en tres líneas principales. Periódicos como la Gaceta de La Habana publicaron los partes militares enviados por el entonces coronel Valeriano Weyler, presentando la muerte de Agramonte como un gran triunfo del ejército español y como un golpe decisivo contra la insurrección.

Muy pronto comenzó a aparecer el apelativo de “El Bayardo", que significa Caballero sin miedo y sin tacha, devenido de Bayard, en el francés medieval, mientras que "El Mayor" hace alusión al símbolo de virtud cívica y militar que significó este hombre amante de la democracia, al que ni siquiera Gómez o Maceo podían comparar. Revistas como Patria ayudaron a consolidar esa imagen.

La "Gaceta de la Habana"
15 de mayo de 1873:

"El día doce la columna de León encontró al enemigo en Jimaguayú, ocho leguas al suroeste de Puerto Príncipe, al que consiguió batir y derrotar después de un reñido combate. Las fuerzas enemigas se calculan en 800 hombres de infantería y caballería.

Los nuestros 400 hombres de León, 250 de la columna volante, una pieza y 60 guerrilleros. Las bajas del enemigo han consistido en 80 muertos vistos y muchos heridos que retiraron, entre los cuales se cree iba el cabecilla Sanguily, a quien se vió caer de su caballo. 

En esta acción ha muerto el titulado general insurrecto Ignacio Agramonte, cuyo cadáver fué recogido y conducido a Puerto Príncipe y expuesto en público fué reconocido levantándose acta, después de que se comprobó su identidad por toda la población en masa.

La muerte del cabecilla ha sido de gran, importancia, no sólo por su valor y conocimiento sino por la influencia que ejercía sobre sus secuaces. Se cogieron armas al enemigo y caballos, entre los que estaba el de Agramonte. Nuestras bajas han consistido en 6 muertos, 15 heridos y 14 contusos."

EL FANAL
Por su parte el periódico "El Fanal" de ese día decía:

"Alcance al Fanal. Puerto Príncipe, 12 de mayo de 1873. Viva España! El titulado Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz ha muerto en el rudo combate que contra numerosas fuerzas enemigas sostuvo en el potrero de Jimaguayú el teniente coronel Primer Jefe del Batallón de León D. José Rodríguez de León, al frente de su batallón, columna volante, artillería y guerrilla. Las bajas causadas a los insurrectos son considerables y la pérdida de su primer cabecilla los ha puesto en completa dispersión. 

El cadáver de Agramonte ha sido identificado por un acta formal y se halla expuesto a la vista pública en el Hospital de San Juan de Dios. Las tropas victoriosas de Jimaguayú han conseguido un triunfo de notoria trascendencia para la pacificación de este distrito. Loor a los valientes; y por ello felicitamos también al Excmo. Sr. Comandante General don Ramón Fajardo, que con tan gloriosa fortuna, empieza la época segunda de su mando.

La falta de tiempo no nos permite dar más extensión a tan fausto suceso, pero nuestro colega "El Gorrión", que se publicará en esta imprenta, consagrará mañana el primer número a historiar todos los detalles de este acontecimiento."


Acta de inhumación de Agramonte.
12 de mayo de 1873. 

"En la ciudad de Puerto Príncipe a doce de mayo de mil ochocientos setenta y tres, y acto continuo, el inspector instructor para identificar el cadáver a que se refiere la anterior acta, hizo comparecer en este Hospital de San Juan de Dios a los individuos que han asistido al campo insurrecto y que deben conocer al titulado Mayor General D. Ignacio Agramonte Loynaz y lo son don Cornelio Porro y Muñoz, don Manuel Agramonte y Porro, don José Antonio Ronquillo y Agramonte, don José Llauger y Beltrán, don Tomás Barrio y González y don Agustín de Varona y Miranda.

A cuyos individuos, y con el fin que queda indicado, se les puso de manifiesto el cadáver de que antes se ha hecho referencia, y después de haberle examinado detenidamente, expusieron que por su edad, figura, estatura y demás que observan en dicho cadáver, pueden asegurar que pertenece a la persona del indicado Mayor General insurrecto D. Ignacio Agramonte y Loynaz, a quien los exponentes conocían perfectamente, antes de la insurrección y después de ella en el campo insurrecto, y, además, don Manuel Agramonte y don José Llauger. 

En este estado el Inspector hizo además comparecer a don José García Acebal, Celador de Policía, don Pedro Recio Betancourt, don José Tomás de Socarrás y don Diego de Varona y Zaldívar, personas que conocían en esta ciudad a don Ignacio Agramonte y Loynaz, para que asimismo reconozcan el cadáver, que se encuentra en este Hospital.

Para que manifiesten si es efectivamente el de la persona de don Ignacio Agramonte y Loynaz y después de examinarlo, expusieron que por su fisonomía, figura y demás que observan en el cadáver, están en completa inteligencia que pertenece a Agramonte y Loynaz, a quien efectivamente conocían de vista, trato y comunicación en esta ciudad, como persona visible antes de la insurrección. 

Con lo que el Inspector dió por terminada esta acta, que leída a todos los exponentes la hallaron conforme, en descargo del juramento que previamente prestaron, y firmaron todos después del mismo inspector, por ante mí, de que doy fé. Antonio Olarte, Manuel Agramonte, José Llauger, Agustín Varona, Tomás Ramos y G., José Antonio Ronquillo, Cornelio Porro, José García Acebal, Diego de Varona y Zaldívar, José Tomás de Socarrás, Pedro Recio Betancourt y Francisco de Arredondo."

El acta de reconocimiento médico, dictamen pericial, que tanta importancia tiene en el estudio de la muerte de Agramonte, es del siguiente tenor:

"En la ciudad de Puerto Príncipe, a doce de mayo de mil ochocientos setenta y tres, el inspector don Antonio Olarte, por ante mí el escribano público de Gobierno y Guerra, dijo: 

Que habiendo conducido a esta ciudad, la "columna" en operaciones del Batallón de León, el cadáver de un individuo que se asegura ser el del titulado Mayor General insurrecto don Ignacio Agramonte Loynaz, a quien se dió muerte por dicha columna, en un encuentro tenido el día de ayer con los insurrectos, y recibido órdenes del señor jefe principal de policía, a quien se las ha trasmitido el Excmo. Sr. Comandante General Gobernador Civil de este Departamento, para que se identifique convenientemente la persona del repetido Mayor General insurrecto Agramonte Loynaz.

Con ese objeto se trasladó el mencionado inspector Olarte, con mi asistencia, al Hospital de San Juan de Dios, de esta propia ciudad, donde se halla depositado el cadáver a la expectación pública, encontrándole colocado en unas andas de madera, teñida de negro, boca arriba, con las piernas y los brazos extendidos y apoyada la cabeza en una almohada.

Vestido con camisa blanca, ensangrentada y sucia, recogida su delantera hacia el pecho, teniendo el vientre al descubierto, pantalón de dril crudo, también sucio, zapatones de vaqueta de medio uso y botas negras de búfalo; de estatura alta, delgado, al parecer de treinta años de edad, cabello castaño y con patillas, sin poderse precisar sus demás facciones por abotagamiento que ya ha ocurrido en la cara. 

En este estado y habiendo comparecido los facultativos médicos Lcdos. don Pedro Nolasco Marín y don José Salvador Areu, a quienes se hicieron llamar para el reconocimiento del cadáver, en forma legal, después de manifestar que son naturales y vecinos de esta ciudad, mayores de edad, casados y ejercitados en su profesión, y de prestar juramento con arreglo a derecho, procedieron al indicado reconocimiento, con la detención conveniente, y verificado expusieron: 

Que el cadáver que tienen de manifiesto se halla en estado de putrefacción bastante adelantada, encontrándole una herida de forma circular en la parte lateral derecha, causada al parecer por una de las cápsulas remington, cuya herida se halla situada en el frontal del lado que antes han manifestado, teniendo salida por la parte superior del parietal izquierdo, que ésta debió haberla recibido de costado y caso de hallarse al frente el que disparó el arma, fué herido en el punto que dejan dicho al volver la cabeza. 

Seguidamente reconocieron una herida de tres pulgadas de longitud y profundidad de la de los tegumentos comunes y vasos gruesos en la parte anterior y media del cuello, hacia el lado derecho. También se le notó otra herida de pulgada y media de longitud y profundidad de los tegumentos comunes, situada en la parte superior del hueso coronal, ambas causadas al parecer con instrumento cortante; que la herida de la cabeza es mortal por necesidad, por haber atravesado toda la substancia cerebral, y que debió haber fallecido instantáneamente. 

Con lo que dió el Inspector de policía del primer distrito de esta dicha ciudad que instruye esta diligencia, por terminados los actos del reconocimiento judicial y pericial que comprende esta acta; leída que les fué a los facultativos lo que les concierne, la hallaron conforme y firmaron después del referido inspector por ante mí de que doy fé. Antonio Olarte. José Salvador Areu. Pedro N. Marín. Francisco de Arredondo."

A las cuatro de la tarde de ese día sacaban su cadáver unos negros para el Cementerio donde no se le inhumó, sino incineró, argumentando los españoles que con el propósito de impedir que los voluntarios y guerrilleros, en cuyas filas tanta brecha sangrienta había abierto la espada noble y valerosa del Mayor, lo arrastraran por las calles de la ciudad, para lo que se dice habían solicitado permiso del Coronel Rodríguez de León y del General Fajardo, Jefe de la Plaza. 

¿SOBRE LA SUPUESTA TRAICION CUBANA?

La tésis de que le mataron los citados cubanos, con la cooperación de Lázaro Vega, quienes se pasaron al enemigo después de Jimaguayú, es infantil, aunque también y tiene la explicación. 

Se ha querido también atribuir la muerte a los propios cubanos; unos dicen que fué la caballería nuestra que le hizo fuego confundiéndole con los contrarios, mientras otros aseguran que lo asesinaron aquellos patriotas de dos días: Rafael Zaldívar y Rafael Betancourt, que hemos visto incorporados a nuestras fuerzas el día 7 de mayo.

Rechazo la primera tesis, porque Agramonte cayó a gran distancia de su caballería, cerca de ochocientos metros, y no puede dejarse de tomar en cuenta que la crecida yerba en aquel campo, impedía ver a doscientos metros. Pero estudiemos esa hipótesis, imposible, y ya destruida con los elementos nuevos que hemos traído al debate.

Se ve que la dirección que el Mayor llevaba era opuesta a la que debía llevar la caballería enemiga, en su ataque a la cubana, y no es presumible que sus hombres, los que durante años anduvieron con él, por la manigua, no le distinguieran aún estando a la distancia de cuatro o seiscientos metros, que era la máxima en que en aquella época se podía hacer fuego directo con eficiencia.

Por otra parte, ninguno de sus acompañantes ha afirmado ni admitido ese hecho; pero el testimonio del comandante, que invoca Lagomasino, nos obliga a destruir el error sobre su propio plano. Obsérvese el croquis citado. Se verá que la distancia del flanco de la caballería española al lugar donde cayera Agramonte es casi la mitad de la distancia que hay del flanco cubano al propio punto de la caída. 

CARTA RESPUESTA DE LOS VETERANOS DEL CAMAGUEY

Veamos la siguiente carta que varios veteranos de Camagüey remitieron en tres de junio de 1910 a Francisco de Arredondo y Miranda:

 "Mi querido amigo: Con sorpresa inaudita me he enterado del contenido de tu carta e indignación me ha producido lo que ha publicado en el periódico "La Prensa" el señor Luis Lagomasino, referente a la desgraciada muerte en el combate de Jimaguayú de nuestro inolvidable Mayor General Ignacio Agramonte. 

Suponer que de s fuerzas de caballería del Camagüey, arma favorita de Ignacio, partiera la bala que debía acabar su preciosa existencia, es un crimen horrendo, pues con sólo fijarse en el croquis que el mismo presenta, que con pequeñas modificaciones lo creo bastante exacto y ver la posición que tenía la caballería y en la que por última vez se vió en donde Ignacio estaba.

Al iniciarse la carga que dimos a la caballería española, que venía a la vanguardia, se comprende que antes que Ignacio pudiera incorporársenos, como era su propósito, tenía irremisiblemente que chocar con la infantería española, que en sus descargas le ocasionó a muerte indudablemente. 

Viene bien explicar ahora el por qué n ninguno de los ayudantes de nuestro querido e inolvidable Ignacio estuvimos con él en el momento de su muerte. Poco antes de empezar la acción nos dió orden a todo su Estado Mayor que nos incorporáramos a las fuerzas de caballería, cuyo jefe era el bravo Brigadier Enrique Reeve.

Que Ignacio, después de dar órdenes al Brigadier José González, jefe de las fuerzas de las Villas y al coronel Manuel Suárez, jefe de las fuerzas de Caunao, ambas de infantería, se reuniría a nosotros; lo que trató de hacer él solo impremeditadamente, sin duda, en un arranque de entusiasmo despreciando el peligro, iniciado ya el combate.

Se dice en el citado artículo que Villegas fuera Ayudante del General Agramonte y que andaba con él. Ni Villegas era Ayudante de Agramonte, ni estaba con él. El capitán Villegas, como el Estado Mayor de Agramonte, estaba incorporado al cuerpo de caballería, como el mismo General nos había ordenado antes de empezar la acción y fué uno de los que murió valientemente en la carga que le dimos a la caballería española. 

También dice el articulista que tuvo en la Administración de Hacienda de esta ciudad, una conversación con el Doctor Emilio Luaces, sobre este particular, y que éste convino en la misma idea. A la verdad ni comprender podemos que Luaces pudiera estar de acuerdo con la creencia del señor Lagomasíno, y .creo que si él viviera habría de pedir al articulista una rectificación de lo que ha dicho. 

Es falso suponer que el señor Rafael Zaldívar pudiera cometer ese crimen, pues este señor estaba en las fuerzas de caballería. En fin, amigo Pancho, creo que con esta carta quedará desvirtuado lo que dice en su artículo el señor Lagomasino y si así no fuese, ten tú la plena seguridad de lo que te dejo dicho, que es la verdad de todo lo que pasó y que varios compañeros que se encontraban en esa acción lo justificamos con nuestras firmas. 

Estos amigos han querido hacerse solidarios de esta carta al enterarse de ella. Soy enemigo de las exhibiciones personales, vivo retraído y desde mi retiro te envía un abrazo tu consecuente y decepcionado amigo y compañero, Enrique. Loret de Mola, Coronel Ayudante. General Maximiliano Ramos. Mayor General Javier de la Vega. Elpidio Loret de Mola, Comandante. Capitán Antonio Arango. Mayor General Manuel Suárez y Manuel Barreto.

Por ultimo dejamos la explicación firmada por varios miembros de su tropa más cercana, y que de alguna manera explica porque no estuvieron junto a su jefe en el trágico momento.

"Poco antes de empezar la acción nos dió orden a todo su Estado Mayor que nos incorporáramos a las fuerzas de caballería, cuyo jefe era el bravo Brigadier Enrique Reeve, que él, Ignacio, después de dar órdenes al Brigadier José González, jefe de las fuerzas de las Villas y al coronel Manuel Suárez, jefe de las fuerzas de Caunao, ambas de infantería, se reuniría a nosotros; lo que trató de hacer él solo impremeditadamente, sin duda, en un arranque de entusiasmo despreciando el peligro, iniciado ya el combate.

Se dice en el citado artículo que Villegas fuera Ayudante del General Agramonte y que andaba con él. Ni Villegas era Ayudante de Agramonte, ni estaba con él. El capitán Villegas, como el Estado Mayor de Agramonte, estaba incorporado al cuerpo de caballería, como el mismo General nos había ordenado antes de empezar la acción y fué uno de los que murió valientemente en la carga que le dimos a la caballería española.

También dice el articulista que tuvo en la Administración de Hacienda de esta ciudad, una conversación con el Doctor Emilio Luaces, sobre este particular, y que éste convino en la misma idea. A la verdad ni comprender podemos que Luaces pudiera estar de acuerdo con la creencia del señor Lagomasíno, y .creo que si él viviera habría de pedir al articulista una rectificación de lo que ha dicho. Es falso suponer que el señor Rafael Zaldívar pudiera cometer ese crimen, pues este señor estaba en las fuerzas de caballería.

En fin, amigo Pancho, creo que con esta carta quedará desvirtuado lo que dice en su artículo el señor Lagomasino y si así no fuese, ten tú la plena seguridad de lo que te dejo dicho, que es la verdad de todo lo que pasó y que varios compañeros que se encontraban en esa acción lo justificamos con nuestras firmas. Estos amigos han querido hacerse solidarios de esta carta al enterarse de ella.

Soy enemigo de las exhibiciones personales, vivo retraído y desde mi retiro te envía un abrazo tu consecuente y decepcionado amigo y compañero, Enrique. Loret de Mola, Coronel Ayudante. General Maximiliano Ramos. Mayor General Javier de la Vega. Elpidio Loret de Mola, Comandante. Capitán Antonio Arango. Mayor General Manuel Suárez y Manuel Barreto.


Maldita Hemeroteca
Fuente: Condensado del Libro V de la vida de Ignacio Agramonte
Juan J.E.Cassasús.
Camagüey, Febrero 18 de 1937.