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LOS REYES DE LA MENTIRA


En las ultimas horas se supo la noticia de que el beisbolista cubano Alexei Ramírez, el ex campocorto de los Medias Blancas de Chicago, había dado positivo por esteroides anabólicos, no por uno, si por cuatro a la misma vez, durante el Clásico Mundial de Béisbol el pasado mes de marzo, y donde antes de que se supiera, había establecido un récord como el jugador de mayor edad en participar en el torneo.

En su caso me alegro mucho que haya terminado así, porque lejos del vergonzoso compadrazgo de ignorantes, de amigos y conocidos e incluso de "periodistas deportivos", además de ser un tramposo fue capaz de regresar como cordero a un rebaño dirigido por un régimen que en el fondo le despreció como persona cuando fue hacerse millonario en "casa del enemigo". Bah!

Pero eso nos hizo recordar la era del dopaje en los países comunistas, que por muchos años fueron los reyes de la trampa y la mentira. En la República Democrática Alemana (RDA) las drogas para mejorar rendimiento fue un sistema institucionalizado y estatal que funcionó entre los años 70 y 1989, el siniestro «Plan Estatal 14.25», miles de atletas, incluidos menores, fueron dopados sistemáticamente —a menudo bajo engaño, llamando a las sustancias «vitaminas»— con esteroides anabólicos con el fin de demostrar la superioridad socialista.

Después de derrotar a la Alemania nazi de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, los aliados victoriosos dividieron el país. Alemania Oriental (o República Democrática Alemana, RDA) pasó a formar parte del Bloque del Este, dominado por la comunista República Socialista Soviética Unida (URSS). 

Alemania Occidental tenía una economía capitalista y se convirtió en un aliado de Estados Unidos y las naciones de Europa occidental. Por muchas razones, la economía de la RDA pasó apuros. Tantos de sus ciudadanos intentaron desertar a Alemania Occidental que la RDA tuvo que construir el Muro de Berlín para encarcelar a su gente en la ciudad de Berlín, que estaba ubicada dentro de la RDA.

En los años 60, el gobierno de la RDA había decidido que la pequeña nación dejaría su huella en el atletismo. Lograr el éxito en este ámbito sería una señal para el mundo entero de la superioridad de su sistema comunista. Se promulgó una ley gubernamental secreta que especificaba que las sustancias dopantes debían ser una parte clave del entrenamiento de los atletas.

Los entrenadores y médicos pasaron a formar parte de un sistema institucionalizado de dopaje diseñado para dar a los atletas de la RDA una ventaja competitiva. El gobierno reclutó deportistas a una edad temprana.
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La sospecha ponía y sigue poniendo en entredicho a ídolos de la RDA como Marita Koch, cuyo récord mundial de los 400 metros -47.60 segundos corridos en 1985- sigue vigente, y también a otros atletas que, tras empezar su carrera en el este, celebraron también éxitos en la Alemania unida como Heike Drechsler. 
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 Los médicos y entrenadores dijeron a los atletas que las pastillas eran “vitaminas”. Es probable que algunos de los deportistas, especialmente los más jóvenes, creyeran que esto era cierto… al menos por un tiempo.

Pero la gran mayoría llegó a saber, como ya sabían los entrenadores y médicos, que se trataba de drogas para mejorar el rendimiento y que tenían un gran impacto en el cuerpo de los atletas. Desde 1968 hasta finales de los años 1980, la RDA dopó a unos 9.000 atletas y obtuvo numerosos éxitos en competiciones deportivas internacionales, especialmente en los Juegos Olímpicos.

El equipo de natación femenino de la RDA en los Juegos Olímpicos de 1968 disfrutó del éxito más sorprendente (y sospechoso). Como es habitual, Estados Unidos tenía un equipo muy fuerte, pero las musculosas mujeres de la RDA ganaron once de las trece medallas de oro en la competición.

Heidi convertida en Andreas por el abusos de las sustancias dopantes.

Como consecuencia de esta práctica, atletas de ambos sexos sufrieron terribles acné, daños hepáticos, enfermedades cardíacas y varios tipos de cáncer. Muchas mujeres sufrieron infertilidad y muchas de las que pudieron tener hijos dieron a luz a bebés con importantes defectos de nacimiento. Estos efectos adversos eran conocidos por los médicos y entrenadores.

EL ESCANDALAZO

En la RDA, los auténticos cerebros del programa de administración de hormona masculina estaban en los laboratorios de Kreischa, localidad cercana a Dresden. 

Allí, un total de 1.800 científicos (en especial farmacólogos, fisiólogos y especialistas en Medicina Deportiva) trabajaron durante una década hasta conseguir el diseño de un esteroide propio, una molécula destinada exclusivamente al consumo de los deportistas de la RDA. Al final lo consiguieron y fue bautizada con el nombre de Oral Turinabol. Se convertiría en el secreto mejor guardado detrás del telón de acero. 
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Según el informe publicado este mes por Giselher Spitzer, un investigador que logró acceder a una amplia lista de deportistas, atletas y médicos implicados, el total de deportistas a los que se le administró Oral Turinabol de forma asidua (y obligatoria) superaría la cifra de los 10.000.
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La historia personal de Andreas Krieger resume todo este periodo oscuro del comunismo en Alemania como peón del sistema de dopaje estatal de la RDA en la batalla de los sistemas y la importancia de la reevaluación histórica. Pero a ella le tocó la peor de las batallas.

En su primer año de tratamiento, la entonces Heidi Krieger recibió una dosis de 17 miligramos a la semana para totalizar una cantidad de 885 miligramos anuales. Al tercer año, la cantidad semanal de hormona masculina que se le suministraba era ya de 50 miligramos, sumando una cifra de 2.590 miligramos anuales, cantidades muy elevadas, que conllevan un alto riesgo de aparición de efectos secundarios masculinizantes.

Como en efecto. Entonces cae el Muro, la Guerra Fría llega a su fin y Heidi sigue siendo deportista de élite. Sin embargo, apenas dos años después, a la edad de 26, Heidi se despide de su carrera deportiva debido a los efectos que el dopaje ha tenido sobre su cuerpo.

Al final fue tal el daño, que Heidi Krieger decidió cambiar de sexo debido a la transformación experimentada en su cuerpo tras varios años de drogas, hoy la ex deportista alemana, que se proclamó en 1986 campeona europea de lanzamiento de peso defendiendo los colores de la extinta RDA, se llama Andreas Krieger.