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LA SOGA DE NUREMBERG PUDO TERMINAR EN LA HABANA.

Una imagen de los nazis acusados. // 

El 20 de noviembre de 1945 comenzaron los juicios de Núremberg, Alemania, donde diez de los jerarcas nazis prisioneros fueron condenados a muerte.

Las ejecuciones pusieron fin a un proceso internacional con el que los Aliados, EEUU, Inglaterra, Canadá, Francia, Australia y demás aliados quisieron dar ejemplo al mundo y demostrar que aquellos bávaros, responsables de la muerte de 6 millones de personas, merecían morir ahorcados. Para ejecutarlas fue designado el soldado John Clarence Woods, de Kansas, que fue ascendido a sargento tras ofrecerse como verdugo.

Los condenados fueron Joachim von Ribbentrop, el ministro de exteriores, Wilhelm Keitel, mariscal de campo, Ernst Kaltenbrummer, líder de las SS en Austria y un vil asesino, Julius Streicher, propagandista nazi y furibundo antisemita, Hans Frank, gobernador de la Polonia, Fritz Sauckel, que estuvo al frente de la mano de obra esclava en los campos de trabajo forzado, el consejero de Adolf Hitler, Alfred Jodl y Wilhelm Frick, ministro del interior.

También Arthur Seyss-Inquart, el nazi designado al frente de los países bajos y un sanguinario asesino de miles de presos en campos de exterminio. El único que escapó del patíbulo fue el comandante en jefe de la Luftwaffe, Herman Goering, que se suicidó en su celda con una ampolleta de cianuro "que alguien" le facilitó. Las ejecuciones se llevaron a cabo en un patíbulo instalado en el gimnasio del Palacio de Justicia de Nüremberg.

En la revista LIFE se publicó un reportaje de su periodista enviado, John Stanton, donde aseguró que ninguno de los condenados mostró cobardía y tampoco haciendo el saludo nazi, ya que tenían las manos atadas. Destacar también que se ahorcaron varios soldados estadounidenses y británicos como parte de las doscientas una ejecuciones.

Ciento cuarenta y nueve de ellos eran hombres y mujeres que habían cometido crímenes de guerra, cuarenta civiles, y dos soldados británicos condenados por asesinato. Como resultado de estas atrocidades, miles de estas mujeres alemanas que resultaron violadas dieron a luz posteriormente. 

En un reportaje "The Star" se aseguró que este sargento verdugo había manipulado las cuerdas con el fin de que los nazis sufrieran más de lo debido. Se llegó a decir que algunos tardaron hasta veinte minutos en morir, como el editor Streicher por ejemplo. En vez de rotura de cuello morían de asfixia. Incluso la trampilla por donde debían deslizarse en la caída era tan estrecha, que muchos de los cadáveres reflejaban golpes en los rostros. 
 
El sargento Woods y una referencia a su muerte. 

No se sabe si fue el karma o que, pero con el tiempo el sargento verdugo Woods murió electrocutado en 1950, tras manipular erróneamente unos cables.

Dicho esto. 

Lo que muchos quizás no sepan es que la soga con la que el sargento Woods ejecutó a todos aquellos criminales pudo terminar en la Habana, ya que un supuesto coleccionista le había ofrecido la nada despreciable cantidad de 2,500 dólares por ella. (Más de 40 mil en la actualidad). Lo que no hemos podido saber quien fue el que los ofreció, o si se llegó a realizar la venta al final porque en varias publicaciones se aseguró que Woods la vendió por trozos.

Esta historia pudo ser posible, ya que por esos años en la Habana residían grandes y famosos coleccionistas como Oscar B. Cintas, José Gómez Mena, la Marquesa de Pinar del Río, María Ruiz Olivares o el Dr. Joaquín Gumá Herrera, Conde de Lagunillas. De hecho el empresario azucarero Julio Lobo fue uno de los más grandes coleccionistas de artículos de Napoleón Bonaparte. Se decía que su colección era la segunda más nutrida y valiosa después de la Francia. 

Ojo, que el rey del azúcar tenía otras colecciones y no solo del Corso, poseía en propiedad también más de siete mil objetos, cerámicos y pinturas que databan del siglo XVI y XVII, como el cuadro de San Antonio de Padua, de Francisco de Zurbarán, Cristo en la Cruz, del Divino Morales o San Pablo, de José de Ribera, por poner solo unos ejemplos.

Y como un detalle tragicómico quizás, les diremos que para la familia Lobo el apellido Castro fue una maldición, no solo por todo lo que le quitó el "Napoléon Caribeño", medio millón de hectáreas y catorce centrales azucareros, si no que su padre Heriberto había sido víctima también en Venezuela de otro dictador de apellido Castro, en este caso Cipriano. Fue por eso que toda la familia, su esposa Virginia y sus hijos Leonor y Julio, se marcharon del país en 1902.

Las sentencias de Nuremberg fueron las siguientes:

-Hermann Göring, pena de muerte.
-Karl Dönitz, diez años de prisión.
-Rudolf Hess, cadena perpetua.
-Joachim von Ribbentrop, pena de muerte.
-Wilhelm Keitel, pena de muerte.
-Alfred Rosenberg, pena de muerte.
-Hans Frank, pena de muerte.
-Wilhelm Frick, pena de muerte.
-Ernst Kaltenbrunner, pena de muerte.
-Walther Funk, cadena perpetua.
-Hjalmar Schacht, absuelto.
-Hans Fritzsche, absuelto.
-Constantin von Neurath, 15 años de prisión.
-Albert Speer, 20 años de prisión.
-Arthur Seyss-Inquart, pena de muerte.
-Franz von Papen, absuelto.
-Alfred Jodl, pena de muerte.
-Fritz Sauckel, pena de muerte.
-Baldur von Schirach, 20 años de prisión.
-Erich Raeder, cadena perpetua.
-Julius Streicher, pena de muerte.
-Martin Bormann, pena de muerte.


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