Ahora que Chile está en el "inside" de la noticia política tras las elecciones presidenciales, le haremos una pregunta: ¿sabía usted que de los emigrantes Cubanos radicados en las ciudades de Tampa y New York, en Estados Unidos, fueron los Chilenos, precisamente, los que más colaboraron con la causa independentista Cubana del siglo XIX?.
Y no solo eso, en la tercera guerra iniciada en 1895, se movilizó hacia la isla un importante contingente de voluntarios de ese país, dispuestos a combatir junto a los separatistas Cubanos. A partir de fuentes documentales, hoy se conocen sus mandos, grados militares, como y donde murieron y la manera en que llegaron a legitimarse dentro de una guerra que asumieron como suya propia.
Mientras que un blanco cubano podía profesar su amor por España sin peligro para su vida, en un negro era todo lo contrario.
Aquella historia recoge como nada que entre los voluntarios Cubanos a favor de España había una importante representación de hombres «de color» es decir, negros, mulatos, pardos y morenos, según el lenguaje clasificatorio de aquella época.
Pero como la historia es como es, apenas cuarenta años después, entre 1936 y 1939, varios voluntarios negros cubanos marcharon a España a combatir en las calles de Madrid, Aragón y Barcelona como brigadistas en defensa de la república, en su mayoría integrantes de "la Joven Cuba" y "El Partido Comunista".
Es verdad que fueron pocos comparados con los más de mil que dieron el paso al frente. El total 20 voluntarios y 4 voluntarias cubanas eran de raza negra, datos muy difíciles de cotejar, ya que resulta bastante indecoroso censar a los combatientes por el color de su piel, de manera que es posible que hayan sido más.
Agregar que entre los Chilenos que estuvieron en la manigua Cubana hay que citar además al general Pedro Vargas Sotomayor, a quien el generalísimo Máximo Gómez convirtió en el chileno que más alta graduación alcanzó dentro del ejercito libertador cubano.
Solo apuntar que la bandera que enarboló Carlos Manuel de Céspedes durante el alzamiento de 1868 y la posterior toma de Bayamo, se la sugirió un agente chileno de nombre Benjamín Vicuña Mackenna, al cual el llamado "padre de la patria" conoció estando en los Estados Unidos.
Si bien subyace en sus conductas una cultura americanista, (La américa de Bolívar) así como el renovado nacionalismo surgido a raíz de la compleja situación chilena que precede al conflicto Cubano, fueron reconocidos como legítimos combatientes. Entre los más conocidos estuvo el general de brigada Pedro Vargas Sotomayor, el teniente coronel Arturo Lara y el capitán Carlos Dublé.
Y sobre este ultimo, les dejamos una anécdota que puede que no le guste mucho, dependiendo siempre del grado de nacionalismo que profese el lector. Solo le vamos a dejar aquí una pregunta como "pie forzado": ¿Qué diferencia podría haber entre un blanco o un negro, en el caso de que ambos profesaran lealtad a España?. La respuesta podría ser igual de sencilla y lógica, como de injusta, inaceptable, irracional y racista.
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| Esclava africana en Cuba, siglo XIX |
Mientras que en ocasiones un soldado español podría ser incluso hasta devuelto, el negro liberto o esclavo que cayera en manos de los mambises era ejecutado de inmediato.
Muestra de este triste y desgarrador pasaje de nuestra historia lo narra, desde su vivencia personal, este capitán chileno Carlos Dublé, lo cual fue presenciado en la Habana cuando se encontraba a las órdenes del coronel Néstor Aranguren Martínez, muerto en combate en enero del 1898 en la Finca "La Pita", en la zona de "Campo Florido" en la Habana.
Narraba así Dublé:
"Casi por la fuerza, pues, teníamos que ser testigos de la terrible escena. Relampagueos de tigre llameaban en los ojos de ese puñado de negros próximos a morir. Se acercó a ellos un oficial, seguido por un grupo de jinetes montados, sacó su machete y les dijo en alta voz:
Ustedes van a ser fusilados por traidores a Cuba Libre”. Los negros se arremolinaron furiosos, como queriendo embestir, y prorrumpieron en gritos casi ininteligibles. “Vean, así mueren los cubanos fieles a España”, gritaba uno levantando los brazos en actitud desafiante.
Nada más terrible que esas postreras exaltaciones de la pasión y de la ira en esos hombres que ya iban a enmudecer para siempre.” ¡Viva España, viva Cuba española!” -gritaban fuera de sí, metidos unos en el hoyo negro y fangoso en que ya iban a derrumbarse; hincados otros, suplicando que los mataran luego.
-Griten ¡Viva Cuba Libre! -les intimó el oficial.
-Viva España! -contestaron.
-Griten ¡Viva Cuba Libre! -les intimó el oficial.
-Viva España! -contestaron.
Y ese grito, el último de fidelidad al Rey y a la patria común, que se lanzara también en el último pedazo de un derruido imperio colonial, se extinguió, enmudeció para siempre, entre el trágico ruido de estertores; entre sangre, entre hermanos ejecutando a hermanos, entre hombres que caían de bruces, entre los leves y flotantes copitos de humo que se elevaban al cielo azul, llevando a la pobre España el último latido de fidelidad que recibiera en la tierra de Colón".
Según lo apunta Fernando J. Padilla en su tesis «Volunteers of the Spanish Empire (1855-1898)" y citando cifras recogidas por John Lawrence Tone en "War and Genocide in Cuba 1895-1898", entre sesenta y ochenta mil cubanos, cifra que era el doble de los mambises, se alistaron en aquella guerra al lado de España.
Aunque agrega que una quinta parte de ellos se pasó al ejército libertador, justo ante del inminente desplome español tras la invasión de los Estados Unidos. Por supuesto aquellos "presentados a la inversa" no fueron ajusticiados, hacían falta convoyeros y artilleros, los peores trabajos dentro de la mambisada, para apoyar la entrada de las tropas yankees en Santiago de Cuba.
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| Voluntario Cubano Agustín Centelles. Barcelona 1937 |
No obstante la prensa cubana de la época, señalaba la salida de veinticuatro “mulatos” reclutados por “centros comunistas secretos”. Y si tenemos en cuenta que según Dennise Urcelay en "La Leyenda Roja" fueron más de mil los que salieron hacia España desde Cuba y New York. Sinceramente no creemos que al decir "mulatos" lo hicieran cariñosamente.
María Luisa Lafita, Josefina Díaz Puerto, Francisca Pérez González o una brigadista de apellido Conde estuvieron entre ellos, así como el pintor Wilfredo Lam. Entonces los del "Batallón Lincolm 58", "La centuria Guiteras", "La Columna Durrutí" o el 5to regimiento de Comunistas", ya no eran traidores. Aquellos negros fueron, y siguen siendo, considerados como valientes internacionalistas.
Nota al margen:
Un total de ciento diez de aquellos Cubanos no pudieron hacer el cuento, y no se sabe muy bien ni donde están enterrados. Solo cuarenta y tres cuerpos han podido ser repatriados hacia la isla. Recientemente se estuvieron haciendo gestiones con los del comunista Pablo de la Torriente Brau, muerto en Pozuelo de Alarcón. Esos restos fueron localizados en un campo santo de Montjuic, en Barcelona, a donde habían sido trasladados.
O el de Florencio Villarolla Suarez, que fue sepultado en Gurs, Francia. Y aunque en este caso era de raza blanca, sepa que el temido Rolando Masferrer, "El Tigre", el terror de Fidel Castro, le volaron el calcañal en la batalla del Ebro con apenas 20 años. Fue allí donde murieron la mayoría de los Cubanos, más otro grupo considerable en la de Gandesa, durante la ofensiva de Aragón.
En fin...
La forma exacta en que este chileno llegó a Santiago de Cuba, probablemente en septiembre de 1895, sigue siendo un enigma. Sin embargo, según afirma René González Barrios en su libro: "Almas sin fronteras", existe constancia de que sí fue por esa zona. Así lo narra:
"Después de fijar su residencia en una pequeña fonda de la calle Enramada, esquina a Hospital, en Santiago de Cuba, comienza a sondear la situación de la ciudad en busca de
personas que pudiesen ponerlo en contacto con el ejercito libertador. Su incorporación a las fuerzas insurrectas se produce bajo el mando del general santiaguero Juan Pablo Cebreco, en las inmediaciones de un campamento llamado "El Ermitaño”.
personas que pudiesen ponerlo en contacto con el ejercito libertador. Su incorporación a las fuerzas insurrectas se produce bajo el mando del general santiaguero Juan Pablo Cebreco, en las inmediaciones de un campamento llamado "El Ermitaño”.
Por otro lado el historiador cubano José Luciano Franco, en su obra "Presencia solidaria de Chile en la Revolución Cubana”, apunta que antes de dar inicio a la frustrada invasión desde el Oriente a Occidente durante la primera Guerra del 95, el general Antonio Maceo le pidió a este militar chileno un informe que le fue muy útil después para proyectar la artillería de su ejército.
Así lo apunta Franco:
“(…) con vistas al anunciado arribo de expediciones con moderno material de guerra Maceo consultó con el coronel Vargas Sotomayor, y con el informe de éste redactó las bases para la organización de la artillería. De estos documentos elevó copias al Secretario de Guerra interino Mario G. Menocal, y al nuevo jefe del departamento oriental José Maceo”.
El general Vargas Sotomayor murió enfermo en 1896 en Bahía Honda, provincia de Pinar del Río. Un lector nos dice que una estatua suya se encuentra en esa localidad Pinareña. Por su parte el teniente coronel Arturo Lara sí murió en combate, mientras que el ayudante del general matancero Pedro Betancourt, el capitán Carlos Dublé, se regresó a Chile en 1900.
Según cita Barrios otros chilenos que participaron junto con las fuerzas cubanas fueron el teniente Federico Gabler, que fallece con el grado de capitán, Ricardo Elizary, abogado, que alcanza el grado de comandante y que se desempeñó como auditor de guerra. El teniente coronel Temístocles Molina, quien termina la guerra como coronel, el capitán Héctor Marcoleta, que muere siendo comandante del regimiento «Mecánico» o el teniente Juan A. Brunet.
Otros son recogidos por la prensa Chilena, como Constantino Varas, el capitán Rubén Machuca, en la zona de Guantánamo, un mayor muerto en combate en la zona de Taguasco, provincia de las Villas, de apellido Martínez, y los "soldados de campo" Francisco Paneque y José Betancourt.
Se cree que este Benjamín Vicuña Mackenna, que murió el veinticinco de enero de 1886, era un espía al servicio de los Estados Unidos con la misión de contactar con los simpatizantes de la causa independentista Cubana, y tantear así sus planes. A diferencia de la Chilena, aquella bandera se le invirtieron los colores.
Fue la que enarbolaron los rebelde hasta que en 1869, pero que al celebrarse la asamblea de Guáimaro fue sustituida por la empuñada por el venezolano Narciso López el diecinueve de mayo de 1850, dejando la anterior para presidir las reuniones de la Cámara de Representantes.
Maldita Hemeroteca
Fuentes citadas en el texto

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