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NI PONZI NI MADOFF, UNA ESPAÑOLA Y SIN ESTUDIOS.


Los dos famosos estafadores, Carlos Ponzi, 1919 y Bernard Madoff, 2009, quien se cree que estafó 65 mil millones de dólares. Sin embargo ambos fueron los herederos de la española Baldomera Larra. // 

Piense por un momento en la bolita o charada Cubana, un sistema de apuestas subterráneo y considerado ilícito por el régimen, pero que probablemente no haya un solo cubano que no la haya jugado alguna vez en su vida. 

Imagine entonces que el banquero haya recaudado ese día X cantidad de pesos, y que uno de esos jugadores haya apostado por "un parlé" (combinación de dos números) que resultan ganadores - una cantidad por demás que paga entre ochocientos y mil pesos por cada uno apostado - y que haga saltar por los aires lo recaudado por los listeros. 

Y sí, en este caso se supone que un "banquero" tenga saldo suficiente como "para aguantar el palo", pero en caso contrario ¿cómo se la arreglaría para afrontar ese pago, más el de los otros supuestos ganadores en ese caso?. 

La bolita es algo muy parecido a una estafa piramidal y esa, precisamente, es la historia de hoy. La de D. Baldomera Larra, considerada como la verdadera creadora de este faraónico e invisible esquema que en cambio le ha sido acreditado a otros.

LA HISTORIA  

El 13 de febrero de 1837, el periodista y escritor español Mariano José de Larra se suicidó. Tenía tan solo 27 años. Fue su hija Adela, de apenas cinco, quien descubrió el cadáver de su padre en tanto que Baldomera, la pequeña de los tres hermanos, tenía un año menos.

Eran fruto de la relación entre el escritor romántico y Josefa Wetoret, un matrimonio que no duró mucho tiempo y que serviría al icono del liberalismo de inspiración para alguno de sus artículos (El casarse pronto y mal es uno de los que escribió en aquella etapa).

De esta unión nacieron Luis Mariano de Larra (conocido por escribir zarzuelas como El barberillo de Lavapiés), Adela y Baldomera. Precisamente esta hija pequeña del periodista es la protagonista de esta increíble historia.

Baldomera contrajo matrimonio con Carlos de Montemayor, médico de la Casa Real; mientras que su hermana Adela, apodada la Dama de las Patillas, fue amante del rey Amadeo de Saboya, quien le llegó a poner una casa en pleno Paseo de la Castellana, donde se reunía el general mambí Calixto García con el capitan general de Cuba.

Una vez iniciada la crisis por el conflicto independentista de Cuba en 1868 , a Amadeo le estalló en pleno mandato una nueva guerra carlista. Dos años después de llegar al poder abdicó y regresó a su país, lo que llevó a España a declarar la Primera República por lo que al marido de Baldomera, muy marcado políticamente, decidió coger sus cosas y marcharse a "hacer las Américas", dejando a su mujer y a sus hijos en una situación precaria en Madrid.

Y claro, a la doña no le quedó mas remedio que acudir a prestamistas, que le cobraban un elevado interés por sus servicios. En esas transacciones logró entender cómo funcionaba el mercado y se lanzó a montar su propio negocio.
Este sistema sería desarrollado posteriormente por Carlo Ponzi y Bernad Madoff, este ultimo condenado en el 2009 a 150 años de cárcel.
En la primavera de 1876, con todo el conocimiento acumulado en los años anteriores y ante la necesidad de brindar un buen futuro a sus hijos, Baldomera Larra fundó la Caja de Imposiciones, una especie de banco fantasma que, tras pasar por varias localizaciones, se instaló en la actual plaza de la Paja, donde antes se ubicaba el ya extinto Teatro España.

Según iban pasando los días, las colas a las puertas del negocio de Baldomera iban siendo más y más largas. Su modus operandi era muy innovador: las personas acudían a este lugar e ingresaban una determinada cifra de dinero y rellenaban un formulario con el nombre del inversor y la cantidad depositada.

La prestamista ofrecía un rendimiento de hasta el 30% mensual. Es más, llegó a prometer a aquellos que le dejaban una onza de oro que en menos de un mes le devolvería dos. Con el dinero que recaudaba de los nuevos impositores iba pagando a los primeros inversores y así sucesivamente.

La mayoría de sus clientes eran pequeños ahorradores que acudían a su sede con la ilusión de conseguir pingües beneficios por cada real depositado. Hay crónicas que hablan de incluso niños, que iban con sus huchas, (alcancías) con la ilusión de duplicar sus ganancias.

Los tambores de la quiebra empezaron a sonar en otoño de 1876, pero fue en diciembre cuando finalmente la Caja de Imposiciones acabó saltando por los aires. La estafadora se dio cuenta de que no había forma de hacer frente a los pagos, aunque luego en el juicio echaría la culpa a la prensa del momento.

Los rumores sobre su falta de solvencia y las lagunas de su negocio empezaron a correr por las calles de Madrid, de la misma forma que lo había hecho su negocio meses antes. En plena crisis de pánico, Baldomera se dejó ver por el teatro de La Zarzuela, como si nada pasase. Sin embargo, lo tenía todo planeado. Poco antes de que acabase el espectáculo se dio a la fuga a Suiza, llevándose consigo ocho millones de reales, según relatan algunas crónicas. 

Después se supo que estaba viviendo en Francia bajo una identidad falsa. Cuando las autoridades españolas se enteraron ordenaron su detención y extradición. Se le sometió a un juicio por el que acabó condenada a seis años de cárcel y recibió la repudia de toda su familia.
"Llegué a EEUU. con dos dólares y cincuenta céntimos en efectivo y un millón de esperanzas, y esas esperanzas nunca me abandonaron", le dijo Carlo Ponzi a finales de julio de 1920 al diario The New York Times.
No se saben las cifras exactas de cuánto pudo recaudar, pero se cree que rondan los 22 millones de reales (lo que podría equivaler a unos 14 millones de euros). Hubo más de 5.000 afectados por esta estafa, de la que se hablaba incluso fuera de nuestras fronteras, en países como Francia o Bélgica.

Sin embargo 

"Baldomera está arruinada; tiene numerosos hijos en la miseria; su marido está lejos… el hambre la amenaza… Poco después de sentarse frente al juez, Baldomera logró ser absuelta gracias a una campaña de recogida de firmas, en la que participaron algunos aristócratas que habían sido estafados.

La legislación de aquellos tiempos la acabó favoreciendo de cierto modo. Según un recurso de casación presentado por su abogado, el Supremo entendió que al ser mujer no tenía capacidad para contratar sin el consentimiento de su marido, por lo que sus clientes no podían ser considerados acreedores.

Uma vez recuperó su libertad, unos dicen que se fue a Cuba. El tiempo ha registrado su nombre como una de las estafadoras más importantes de la historia. Ya lo dijo su padre: "El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer". Baldomera creyó la suya y la defendió hasta el último día de su vida.