Como en todas las épocas, entre aquellos cubanos hubo gente muy buena, muy valiente y muy patriótica, pero a la vez muy mal intencionada que generaba chismes y rumores. También hubo otros que no se cortaron un pelo en sacar a flote sus sentimientos y entre estos hubo algunos que cuestionaron duramente al caudillo Maceo, y lo más triste es que casi siempre desde una óptica racista.
Era lo "normal" en aquellos años, se pudiera hasta decir, y queremos pensar que lo hacían en un intento por justificar sus propias posiciones políticas en un momento de guerra, eso en el mejor de los casos, porque en otro lo que fueron celos, envidias y rencores, los hubo también como en todos lados.
El patriota matancero José Francisco Lamadrid, presidente del comité revolucionario en New York, estaba convencido de que Maceo había sido el culpable del fracaso de los años 80, e incluso criticó a Martí por su posición anti Máximo Gómez, al ignorar lo que había significado un hombre como aquel para la causa Cubana, siendo incluso un extranjero.
Por otro lado tenemos el hacendado y coronel camagüeyano Ignacio
Mora Pera, esposo de la patriota Ana Betancourt y uno de los setenta y seis que se alzaron en las Clavelinas, inició la campaña negativa hacia el general al que tildaba de “un
hombre ambicioso”.
El coronel Mora, aquejados de ulceras en las piernas, fue apresado el cinco de octubre de 1875 y muerto a tiros y después macheteado. Lo asesinaron nueve días después en el Chorrillo de Najasa. Y eso que le propusieron un perdón si renunciaba a sus ideales, lo que se negó de plano. O sea, que no estamos hablando de ningún "pendejo", dicho en un cubano bien castizo.
Otro de los que no podía ver a Maceo ni en pintura fue el tambien coronel Palmero (Islas Canarias) Matías Vega Alemán, quien manifestó en carta al doctor
Miguel Bravo Santíe “que Maceo había
hecho creer a los hombres a su mando
que el problema de Lagunas de Varona
era una cuestión de raza”.
Y fíjese que Alemán fue de los que estuvo en la Loma del Gato donde cayó el general José Maceo cayó muerto de un balazo en la cabeza. Fue José, precisamente, quien le puso en sus hombros las insignias de general y le dio el mando de la Brigada Sagua–Mayarí, el 22 de mayo de 1895. O sea, que en su caso no era un problema de racismo propiamente dicho. El Palmero terminó la guerra con los grados de general, y murió en Santiago de Cuba en 1909.
Otro ejemplo, el del brigadier José de Jesús Pérez de la Guardia, natural de Jiguaní, y uno de los que se alzó con Carlos Manuel de Céspedes en la de Majagua: “El referido Maceo es hombre peligroso en la posición que ocupa; no soy más claro por no fiar en la pluma ideas diabólicas por él emitidas”. De la Guardia murió en el combate de Palenque de Río Bayazo, el 8 de febrero de 1878.
HAY MAS...
El brigadier Tunero Juan Fernández Ruz, otro de los hombres del 68. Le escribe una misiva al general
Vicente Aguilera donde le dice lo siguiente:
“¿Dígame, general, este señor acabaremos de confesar quien es
o no? Permítame calificarlo a mi entender: llamémosle Hicotea..”; el diputado
Marcos García de Sancti Spíritus: que
las intenciones o tendencias de Maceo
han sido siempre “ser el hombre fuerte
de la revolución y el racismo negro”.
Ruz fue hecho prisionero y deportado a Cádiz, y una vez libre marchó a Cayo Hueso donde se convirtió en uno de los mas efectivos hombres de José Martí dentro de la colonia tabaquera de esa ciudad. Ya bastante viejo, no se lo pensó y regresó a Cuba en 1895 en el vapor "Hawkins" al mando del general Calixto García. El veinticinco de julio de 1896 fue ascendido a general de división. Murió tuberculoso en Jagüey Grande, Matanzas.
Por otro lado el teniente coronel Ángel Pérez. En su
destino como agente revolucionario en
Colombia, escribe esto a su antiguo jefe el general Polaco Carlos Roloff, “Con alusiones relativas
a que aceptar al Héroe de Baraguá sería
aceptar el dominio de la ‘gente de color’,
y esto equivaldría a tener una Cuba africana”;
El brigadier Flor Crombet, por
cierto jefe mulato y muy amigo de José Martí, le dice en misiva al mayor general Calixto
García cosas como estas:
“Nuestro hombre [Maceo] apoyó
a Gómez, añadiendo que nunca creía
que los blancos tenían ni más derecho,
ni más deberes que los de su raza; pero
que, de momento, veía difícil tan gigantesca empresa, por la razón de no contar
con dinero y elementos indispensables”. (Conocida eran las diferencias entre ambos caudillos, de hecho tenían pactado un duelo a muerte finalizada la guerra)
El abogado Ignacio Belén Pérez, desde
Panamá, escribe a Máximo Gómez otra misiva donde le expresa lo siguiente: "Maceo cree
“que va a ser rey, como si Cuba fuera
África”.
Estuvo el caso del brigadier Serafín Sánchez, cuando intentó inculcar a José Martí lo que entendía era el sentimiento del Titán de bronce: “Que ningún sentimiento de patriótica bondad
cambiaría en Maceo su ciego empeño
de favorecer el predominio de la raza
negra, pues no se conformaba
con la igualdad republicana y democrática, sino que quería la venganza del negro contra el blanco por medio de la
represalia bárbara, a fin de lograr el predominio absoluto”. ¿Tremendo eh?
Por su parte el doctor Fermín
Valdés Domínguez, que además de un racista fue un xenófobo y homófobo burlón, anota en su Diario
de soldado, a raíz de la negación de los Maceo a que ocupara el cargo de jefe de sanidad del ejército con el grado de coronel: “Maceo quedó con su miseria y su
alma más negra que la piel” (Mourlot,
2005: 53-118).
Durante el año 1876, hubo un
momento que, por todos estos ataques personales, Antonio Maceo llegó
a presentar su renuncia al Presidente
de la República, Tomás Estrada Palma
(Maceo, 1998: I, 68). Y ya con el tiempo,
algunos de los hombres que hablaron
mal de él se retractaron, por medio de
sus acciones, del daño moral causado al
Héroe de Baraguá.
El historiador Sarmientos asegura que salvo excepciones, los ideólogos de la clase dominante de la sociedad cubana anteriores a 1868, inicio de la Guerra de los Diez Años, fueron racistas; lo mismo que todos los movimientos políticos que estas clases inspiraron.
Y efectivamente, al señor general Carlos Roloff Mialofsky "se le olvidó" colocar en su ilustre archivo de mambises - el cual tenemos en nuestro poder - el nombre de todos esos soldados negros que pelearon, sin fusiles la gran mayoría, en la guerra de Cuba. Solo los jefes, mira tu que cosas.
Y eso que mientras los blancos tomaban café, y no se bajaban de su cabalgadura a menos para mear, los negros eran los que rastrojeaban viandas, abrían trincheras, cocinaban y cargaban como si fueran mulos, vamos el trabajo que hacían las acémilas españolas.
Quizás se entienda mejor el porque el historiador militar y biógrafo del capitán general Weyler, Gabriel Cardona, aseguró que en el ejercito español en Cuba hubo más de ochenta mil cubanos entre voluntarios y soldados de reemplazo. Tnemos entendido que la mayor cifra que alcanzó el ejercito insurgente Cubano en toda su historia fueron cuarenta y siete mil hombres, cifra que se duplicó a raíz de la invasión a Santiago de Cuba por las fuerzas norteamericanas.
Pero volviendo a Sarmientos, este asegura que por cada oficial, había de uno a seis negros en el servicio auxiliar, como asistentes. No he encontrado casos de mulatos y blancos como asistentes o convoyeros. El apelativo negro precede o sigue al nombre o al denominativo asistente, convoyero, jolonguero, etc.; por ejemplo:
“Juan el negro asistente” y “el negro Simón convoyero”. Con lo que podemos afirmar, sin intención de hiperbolizar, que fue una tarea desarrollada sólo por negros, al parecer por los más humildes e iletrados".
En fin, que treinta sangrientos y durísimos años estuvieron los cubanos encima de las armas, y en todo ese tiempo jamás se pudo liberar tan siquiera un batey de manera permanente. Solo con la intervención del ejercito de EEUU, en el peor momento en que Valeriano Weyler tenía al ejercito cubano seriamente diezmado, se pudo obtener la libertad de España.
Se calcula que en aquella maldita guerra murieron en total 44.389 militares españoles: 2.032 en batalla, 1.069 por heridas, 16.329 por vómito negro, (mosquito) y 24.959 por otras enfermedades. Si lo vemos desglosado, serían aproximadamente ochenta mil en la guerra de los diez años, 420 en la guerra Chiquita y cuarenta y cuatro mil en la de 1895, y cuarenta y un mil de ellas por enfermedades.
En el caso de las filas cubanas aún se desconoce, aunque sabe que fueron igual de costosas lamentablemente. Lo que si está claro es que este, y otros muchísimos motivos más tras finalizada la guerra, fueron la dinamita que estalló en 1912 con el levantamiento de veteranos de color y grupos que se oponían al trato preferencial de la clase blanca dominante.
Maldita Hemeroteca
Fuentes:
"Los negros en la Cuba colonial:
un grupo forzado a la marginalidad
social que sufren desprecio,
prejuicio y discriminación": Dr Abel Sarmiento Ramírez. 2009
Enrique de Miguel Azcárraga, "Weyler y la conducción de la Guerra en Cuba, 2011
Manuel Moreno Fraginals, "El ingenio": complejo económico social cubano del azúcar", Barcelona, 2001. (Un clásico con prólogo de Oscar Zanetti)